Opinión Bolivia Ramona

  • Diario Digital | miércoles, 03 de junio de 2026
  • Actualizado 17:26

El reziri en la literatura oral boliviana

Un comentario sobre el protagonismo artístico del recitador de creaciones poéticas fúnebres y su relación con el simbolismo profano/sagrado de los textos hablados
El reziri en la literatura oral boliviana.
El reziri en la literatura oral boliviana.
El reziri en la literatura oral boliviana

Durante la celebración de Todos Santos en Bolivia, el 1 de noviembre de cada año se reciben a las almas en cada hogar y al día siguiente se las despide en el Cementerio General. Despedida, que, dentro de esta tradición mortuoria, es ponderada con las oraciones y los cantos del reziri. El interés crítico de este comentario ora en destacar el protagonismo artístico de este recitador de creaciones poéticas fúnebres (lugar común) que conserva un rito funerario y asociarlo al simbolismo profano/sagrado de estos textos hablados (literatura oral), dentro de cierta comunidad nacional. Al amparo de estas apreciaciones, entrelazaré una lectura con las categorías del “hacer rezar”, de Antonio Paredes Candia (1924-2004) y de la “iniciación” de Mircea Eliade (1907-1986). 

Comenzaré explicando que el término reziri es una combinación del sufijo aymara iri y de la expresión verbal castellana rezar. Es interesante ver que la palabra aludida, dentro del léxico aymara-castellano, surge como verbo, pero se transforma en una actividad gracias a la adición del morfema iri. La originalidad de este personaje con respecto a su imagen esta precisamente en su vestimenta y su lenguaje oral. Por un lado, los reziris son niños o ancianos de origen aymara que llegan del área rural a la ciudad y que recorren el camposanto con un atuendo envejecido y cargando una sacaña o saco de yute con t’anta wawas, dulces y panes al hombro. Este retrato se asemeja al del Aparapita de La Paz, de Jaime Saenz (1921-1986), aquel espíritu de la ciudad que es “el que carga”. En nuestro asunto, el reziri carga en su saco las salvaciones de las almas. 

Este recitador ocasional es itinerante y ruega desde el habla y donde lo admitan, los p’uluñuriris. Canticos antiguos destinados a las almas de los muertos. Son composiciones que se transmiten oralmente por sus antepasados y que conllevan un lenguaje sacro-poético (rima) mezclado entre el aymara, el castellano y en algunos casos el latín. Así el Gloria angila, dice “Gloria anjila / Cieluy anjila / Angilay wawa / Sarakirisma / Cieluy anjila / Kimsa calvario / Pastaniwaita / Ristañataki / Quchuñataki / Cieluy anjila / Gloriay anjila / Kitis tayqama / Kitis awkima / San José tata Satawa / Mariya mama Satawa / Kunarus juta / Sarakirisma / Uywiri juta / Qarpiri juta / Cieluy anjila / Gloriay anjila”.

Por otro lado, este personaje va ofreciendo sus servicios oratorios a públicos desconocidos, con rápidos rezos breves. Pero, cuando los dolientes le piden hacer rezar para uno de sus difuntos, él instala una escenografía imaginaria (sensación óptica) donde procede a dar una performance fijada en oraciones largas predominando la entonación de la voz y la modulación, en aymara (sensaciones auditivas), pues busca crear una atmosfera sagrada con su contexto accidental. A cambio de este “hacer rezar” recibe como retribución panes, frutas, platos de comida y dinero. Con estas descripciones, esta presteza se la puede entender como una estrategia declamadora de preservación cultural mortuoria con sus semejantes.  

Para Paredes Candia, en Tukusiwa o la muerte (1995), afirma que el “hacer rezar” es rogar por “el alma de un familiar o amigo fallecido, para ayudarle a salvarse de la pena que está sufriendo en el purgatorio o el infierno”. En esa medida, el texto fúnebre que ejecuta el reziri surca lo profano/sagrado, porque si los dolientes no hacen rezar (cristianamente) por el alma del familiar difunto, llega el “Khencherio” (costumbrista). Por eso, esta recitación tiene un doble sentido espiritual para los oyentes-dolientes, en cuanto cada rezo libera del castigo al alma del muerto aquí y allá.  

Por su parte, el ritual funerario del reziri puede ser leído como una técnica de iniciación. “Por iniciación se entiende generalmente un conjunto de ritos y enseñanzas orales que tienen por finalidad la modificación radical de la condición religiosa y social del sujeto iniciado” (Eliade). Desde otra óptica el genio del reziri se halla en su actuación religiosa. En este contexto, su iniciación preexiste cuando al momento de rezar se convierte en otro. Un otro que posee altos valores espirituales dentro de una colectividad doliente. 

Esto explicaría mejor, la jerarquía que tienen los reziris con su ritualidad fúnebre dentro la festividad de Todos Santos y el fenómeno poético de sus cantos (solemnidad a-religiosa). Rezos con versos que se dicen de memoria y que no entienden lo dicho o que tienen tantas versiones del Gloria Angila: “Gloria angila, cielo angila / Khitis awkima sarajkiristam, / Khitis taykama sarajkiristam / San jusi tata sasinaw sata / Wirjin maría sasinaw sata, angilituy. / Kawkits jalanta sarakiristam / Lluju muntuta / Taypi muntuta / Sasinaw sata angilituy / Kimsa kalwaryu q’iwt’ aniwaytha (mayampi) / Sasinaw sata, angilituy”, que es asunto para otro comentario.