La resistencia del aire o el último baile de Jordan

‘El último baile’ (The Last Dance) es la miniserie documental, dirigida por Jason Hehir, que rememora la última temporada de Michael Jordan como estrella de la formación más legendaria de los Chicago Bulls, esa que ganó la NBA en seis oportunidades. La producción, disponible en Netflix, tiene por protagonistas a Jordan, Scottie Pippen, Dennis Rodman y Phil Jackson, entre otras figuras de ese equipo y era del baloncesto estadounidense.

En su novela “Respiración artificial” Ricardo Piglia cita una frase particularmente hermosa de Kant: “La paloma que siente la resistencia del aire -había dicho el filósofo alemán- piensa que podría volar mejor en el vacío”. En el relato, esta metáfora es empleada para describir el papel fundamental que los contratiempos y las asperezas de la vida cumplen en la arquitectura de nuestra experiencia. Cada una de nuestras vivencias serían posibles gracias a que lo real no se amolda plácidamente a nuestras intenciones.

Este 19 de abril Netflix estrenó “The Last Dance”, un documental que reconstruye los diferentes momentos de los icónicos “Bulls” de Chicago, el equipo de baloncesto que, entre 1991 y 1998, conquistó seis de los siete campeonatos de la NBA. Comentar los muchos aspectos apreciables de esta producción resultaría excesivo para una reseña breve. En ese sentido, me centraré únicamente en un fragmento de la misma que me permitirá referirme además a una de las polémicas inauguradas por el documental: la referente a la supuesta “tiranía” de Jordan sobre sus compañeros de equipo.

En los minutos finales de la séptima entrega de la miniserie, M.J. relata sus experiencias como líder e “impulsor” (muchas veces abusivo) de sus compañeros. Sus palabras e ideas al respecto resultan bastante convencionales hasta el momento en que, de improvisto, irrumpe una frase cuyo sentido me resulta complejo: “Yo quería ganar -dice Jordan- pero a la vez quería que ellos ganaran y ser una parte de eso también”. Esta breve idea permite, creo, explorar una de las dimensiones fundamentales del deporte en particular y de “lo lúdico” en general: el agonismo.

El afán por la disputa performativa es una de las experiencias humanas más relegadas al olvido desde el auge del cristianismo. Siglos antes de ese momento, en la Ilíada homérica, la “fama inmortal” convocaba a los hombres tanto a la batalla como a la asamblea. Ambos de estos espacios se asemejaban por el hecho de que su “luminosidad” se hacía más brillante al constituirse en escenario de una disputa entre fuerzas parejas, como sucede, por ejemplo, con el combate entre Héctor y Ajax. La idea actual de una “tiranía” (como la que se le imputa a Jordan) es profundamente incompatible con la experiencia agonista. Desde Platón es sabido que la soledad es la característica sobresaliente del tirano. En esa “cima” extrema del mando no hay asamblea o combate posible, por lo que el espacio de reconocimiento de los iguales se diluye para el que “se sienta” en el “trono”.

Lo agonal es el único ámbito en que se hace posible la experiencia del aristeuein (verbo griego que podría traducirse como “ser-el-mejor” o “sobresalir”), es decir, la “sensación” que se funda en la admiración de aquellos que están “a tu nivel” y que son libres de reconocerte o, por el contrario, llevarse tu reconocimiento. Me parece percibir una leve resonancia de esta antigua pero siempre viable experiencia humana en las palabras de Jordan. Todo el documental muestra que el vector que marca su carrera es el que va desde su liderazgo (más bien solitario) en un equipo totalmente dócil a su protagonismo hasta su liderazgo en un complejo teatro de jugadores ebrios (Rodman), huelguistas (Pippen) y contestones (Kerr) que lo impulsan necesariamente a la “sincronía” (hay que recordar que es a Steve Kerr, con el que había intercambiado “combos”, al que Jordan dejará servido el tiro ganador del quinto campeonato).

M.J. pasa su vida deportiva en ese lento proceso de entender que no se vuela mejor en el vacío sino con la resistencia del aire. Todas sus ficticias y autogestionadas disputas con los rivales son parte de un mismo aprendizaje en el aprovechamiento de las resistencias, de un entrenamiento en la experiencia del agonismo. “…quería que ellos ganaran y ser una parte de eso también” es, en definitiva, la frase del que ha intuido que la “victoria” es una performación y no un resultado.