Opinión Bolivia Ramona

  • Diario Digital | miércoles, 03 de junio de 2026
  • Actualizado 17:26

Nada más, (nada) un poco más

Sobre ‘Titanic o la puntita del iceberg’, una obra interdisciplinar a cargo del Proyecto Border que se estrenará en los próximos meses
CORTESÍA
RICARDO BAJO
Nada más, (nada) un poco más

Titanic o la puntita del iceberg es una obra interdisciplinar que mezcla (y bien) teatro, rock en vivo (a cargo de una “banda de artistas emergentes”), rap, jazz, música electrónica y danza contemporánea. Está a cargo del Proyecto Border (la pareja Juan Carlos Arévalo y Elena Filomeno) reforzados por los siempre solventes Cristian Mercado y Bernardo Rosado Ramos. Se pre-estrenó el pasado miércoles con sala llena y entradas agotadas (52 espectadores en la galería El Salar de Sopocachi). En unos meses –con los ajustes necesarios como todo buen laboratorio- se estrenará oficialmente.

Cuatro músicos tocan por última vez antes de irse a pique. También bailan en una coreografía absurda de supervivencia. Lo hacen alrededor de un viejo árbol, una queñua, el único árbol que vive a más de cinco mil metros de altura. Lo trajo Gastón Ugalde –que ve la obra desde el segundo piso cerveza en mano junto a su hija Canela- hace años desde Achumani hasta El Salar. Es la huella de otro sobreviviente.

Los cuatro músicos insisten: no son los protagonistas de la famosa película. Ellos somos nosotros, nosotros somos ellos, todos nos dirigimos lenta e inexorablemente a ese (último) baile. El presente es espeso como el mar, lo único cierto es ese futuro donde nos sorprenderá otra vez la puntita del iceberg. 

El elenco monta un arte/facto para interactuar con el público, para pedir aplausos (“¿a cuántos aplausos equivale un “like”?), para hacer preguntas molestosas (“¿por qué vienen a vernos?”) y para orquestar todo en una coreografía extraña; ora nadando, ora ahogándose, ora callando en silencios incómodos.

Los cuatro músicos –cuerpos heridos en trance- nos cuestionan, como el buen teatro lo hace siempre, señalando al romanticismo tóxico: “si tu saltas, Rose, yo también”. Desde lo perfomático se apunta a lo romántico. Nos cuentan un secreto a voces: en ese bote había espacio para todos. También se ríen de ellos mismos en un ejercicio de metateatro/arte: el secreto es ser una promesa constante.

Cuando la obra –inundada de sarcasmo y metáfora alrededor del oficio- se funde en blanco (después de aprovechar toda la paleta de colores), el público desciende de la nave, sale a la calle mojada e intenta salir a flote. Las preguntas absurdas/existencialistas rebotan en las mentes: ¿qué sentido tiene escupir al mar? A lo lejos, solo se escuchan los susurros del iceberg. Todos somos criaturas de Prometeo. Nademos un poco más, nada más.