Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 12 de abril de 2024
  • Actualizado 16:25

HISTORIA Y PATRIMONIO

El Palacio Suena: Una casa un corazón

Una crónica de la visita inmersiva organizada por la Fundación Patiño, que hoy cierra una serie y vuelve a mediados de marzo con un nuevo programa en el Palacio Portales de Cochabamba.
Pobladores recorren el histórico sitio patrimonial cochabambino durante una visita inmersiva del 'Palacio Suena'. FUNDACIÓN PATIÑO
Pobladores recorren el histórico sitio patrimonial cochabambino durante una visita inmersiva del 'Palacio Suena'. FUNDACIÓN PATIÑO
El Palacio Suena: Una casa un corazón

“Parece que en esas imágenes las estrellas vienen del cielo a habitar la tierra.

Las casas de los hombres forman constelaciones sobre la tierra”

(Christiane Barucoa)

Los últimos días de febrero, entre las lluvias torrenciales, “El Palacio Suena: Una casa un corazón” volvía a transportarnos por audio explicaciones, mapping y experiencias audiovisuales personalizadas en el paseo sonoro organizado por Fundación Patiño y OMNI estudio, en colaboración con Dr.Viruz y con el apoyo de QUIET Eventos Silenciosos Bolivia y Festival Sur Aural., cumplió las expectativas de la población que días y semanas antes realizó largas filas para ser parte de esta experiencia inmersiva, innovadora, entrañable y de alta calidad.

Una ama de llaves sale a atender a los visitantes al Palacio Portales, tiene un mandil blanco inmaculado con varias llaves alrededor de su cintura que nos conducen a las habitaciones, el Salón Principal y los pasillos de esta casa que se convierte en un escenario enigmático, habitado por recuerdos, voces e historias. Una vez organizados y calibrando el sonido, acomodamos los audífonos especiales para el inicio del viaje. La primera parada fue en el escritorio de Simón I. Patiño, entre el aliento espectral que guiaba la explicación de los sueños y peripecias que nos transportaban de los valles hasta la mina La Salvadora, también pudimos observar la tinta que él usaba para las cartas y la nostalgia que nos invadía al sentirlo cerca, así tan cerca, esa misma sensación perdura  cuando ingresamos a las habitaciones de Luzmila Patiño “la hija más inquieta”, y entre algunas prendas personales sobre la cama, también fuimos conducidos a la segunda planta donde abrieron las puertas y pudimos deleitarnos con las luces que formaban mándalas en el piso por el reflejo de las gotas de lluvia, entonces se escuchaba decir que el espíritu moderno estaba en la arquitectura del palacio al igual que la naturaleza, en ese momento tuvimos el grato placer de escuchar a Amado Espinoza que salió de la bruma tocando un instrumento nutrido con su aliento, fuimos testigos de como las estrellas llegaban a habitar la casa, por medio de los efectos audiovisuales, el viento se convirtió en sonidos de los andes de la montaña, mientras que los edificios y condominios que se erigen cercando al Palacio Portales, parecían gigantes lejanos. Lo que importaba era el “aquí y ahora”.

La narradora que guiaba nuestro paseo que resonaba en la cueva de nuestros oídos, repetía “esta casa no sólo es arquitectura, sino también naturaleza”, entonces los visitantes en pleno goce inmersivo aseveramos que los sentidos eran las puertas de esta visita sonora y nos empezarnos a convertir en rehenes de la nostalgia porque esa casa cobraba VIDA. Sonoridad y oralidad se fusionaban para reanimar al Palacio que suena y sueña, no son ecos del pasado, sino también vibraciones del presente que nos magnetizaban. Después de seguir por los pasillos, en la penumbra fuimos testigos del mapping del Dr. Virus, quien de manera impecable logró un efecto orgánico: el transportarnos al corazón mismo de la casa, con imágenes vitales de colores rojizos, entramos al salón principal que como un vientre destellante no paraba de encandilar, sorprender y ser una experiencia inmersiva ilimitada; en la cual algunas visitantes sentían un nudo en la garganta, otras tristeza y  la narradora hablaba y relataba historias que se difuminaban en el insondable vibrar del salón. No había vuelta atrás la luz nos atravesaba y vivíamos en una casa tomada, éramos espectros dentro de la boca de una casa que suena, abduce y luego te devuelve al jardín de la morada procesando lo vivido, y con la promesa de querer retornar.

Varios amigos crecimos visitando y habitando la Biblioteca de la Fundación Patiño, muchos de nosotros succionamos historias, enseñanzas y vivencias de principios del siglo XXI, aun existe una especie de cordón umbilical que nos une a este espacio, de aquellos días en los cuáles lo cercábamos con palabras, presentaciones, copas de vino y amistades entrañables. Ahora vemos nuevas maneras de reanimar este espacio público rescatando el encuentro intergeneracional, nuevas miradas de jóvenes, niños adultos y personas de la tercera edad ahora son parte de experiencias inmersivas que dan un nuevo aire al espacio de la Fundación Patiño, gracias a la recepción masiva de los visitantes, esta experiencia se replicará cada mes, esperemos que de está manera los caminos sonoros, las vivencias de la oralidad vuelvan a soplarnos historias a nuestros oídos, al cerrar los ojos y dejarse llevar por los caminos de palabras que vistamos al atravesar la puerta de ingreso del Palacio Portales.