Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 25 de septiembre de 2021
  • Actualizado 12:19

Nadia Prado: Atisbos de lo real

Una reseña sobre el poemario ‘Algún lugar incierto’, de la autora chilena Nadia Prado, disponible a través de la editorial Yerba Mala Cartonera.
Portada del poemario ‘Algún lugar incierto’, de la poeta chilena Nadia Prado (derecha). CORTESÍA YERBA MALA CARTONERA
Portada del poemario ‘Algún lugar incierto’, de la poeta chilena Nadia Prado (derecha). CORTESÍA YERBA MALA CARTONERA
Nadia Prado: Atisbos de lo real

Las palabras, por sí solas, son detonantes de poesía. En la obra de Nadia Prado, se escribe de ellas, se les concede movimiento, textura y emoción. Sus palabras se cuestionan sobre la muerte, la memoria y la escritura; se refieren al poema (“el poema pregunta por el lugar al que te diriges/y en su ausencia me habla”). Abren infinitud de interrogantes.

La experiencia de acercarse a Algún lugar incierto, publicado por la editorial Yerba Mala, genera vértigo, al hacernos bordear ese agujero de lo que no alcanza a ser comprendido ni a tener representación en el lenguaje: algo cercano al registro lacaniano de lo real, como aquello que queda por fuera de lo simbólico y lo imaginario, lo imposible, lo que no cesa de no escribirse.

Tanto en los textos de Jaramagos como en los de Un origen donde podría sostenerse el curso de las aguas, Job y Copyright, incluidos en el libro, se aprecia esa reiteración provocada por lo irrepresentable: destellos de la infancia, el vínculo materno, la escritura, el tiempo y el silencio; presentados en verso, prosa poética, en forma acotada o extendida; como si la poeta procurara, a través de múltiples maneras, traspasar lo inabordable hacia lo simbólico.

“Mis palabras son viejas para decir cosas nuevas, desabastecí mi tan grande pasión, ya no tengo palabras nuevas para decir cosas viejas, palabras viejas e inservibles que oprimen la dignidad de las cosas, el cuerpo inútil puesto en ellas. No recuerdo cuándo recordé, no sé lo que dije cuando dije, no recuerdo qué vieron mis ojos por primera vez y sin embargo sé que he estado los años que llevo encima sobre mí, lo que me ha vencido no puedo sino recordar y recordar que olvido”.

Las imágenes permiten representaciones variadas: un pájaro aleteando, jaramagos en medio de la nada, el viento en dos direcciones, marcas de trabajo en las manos; se configuran como estímulos sensoriales para el cuerpo y la memoria.

Asimismo, la opacidad del contenido, lejos de obstaculizar la lectura, aflora el deseo de proseguir, siendo inevitable abrirse al deleite que provocan los vocablos esmeradamente elegidos, la entretejida construcción de las frases y las ideas que se asoman tímidamente, hasta enfrentarnos, una y otra vez, ante la falta de certeza.

“reservo el silencio en el ruido

en el bullicio dentro de aquí

lugar dado antes de saber quién era

antes de mi cara en el humo y la ceniza

anunciando la muerte de mí en tu mirada”

Por su parte, la emoción juega un rol fundamental en estos poemas, que sacuden y llevan a reflexionar sobre lo inevitable, lo sensible y lo propio, hasta conectarnos con lo desconocido. En concordancia con Alicia Genovese, “es el modo en que la poesía da morada y cauce a la emoción, el modo en que tramita lo indecible, el que abre un espacio a esas conmociones individuales y pone en movimiento cintas de transmisión poco exploradas”.

Algún lugar incierto contiene textos que exceden a las palabras, despiertan sensaciones y exponen a lo novedoso: como si comparáramos el acto de leerlos con el de mirarse al espejo entre una década y otra. Se trata de una generosa selección de cuatro libros de la autora que, en simultáneo, son distintos y semejantes, y tienen su sello por todos lados, especialmente en cuanto a la lucidez, la riqueza del imaginario y la apertura al pensamiento.

Magíster en Edición de la Universidad Diego Portales y autora de Mundo a escala (Vísceras Editorial, 2020). Ha publicado poemas en plataformas digitales como Jámpster (2019) y la Revista Grifo (2019).