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  • Diario Digital | lunes, 15 de abril de 2024
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Libros de fotografías

Aproximaciones a los volúmenes ‘Arriba Abajo’ (1958), de Hans Ertl, y ‘Luigi Domenico Gismondi. Un fotógrafo italiano en La Paz’ (2009), de Pedro Querejazu
Aproximaciones a los volúmenes ‘Arriba Abajo’ (1958), de Hans Ertl, y ‘Luigi Domenico Gismondi. Un fotógrafo italiano en La Paz’ (2009), de Pedro Querejazu.
Aproximaciones a los volúmenes ‘Arriba Abajo’ (1958), de Hans Ertl, y ‘Luigi Domenico Gismondi. Un fotógrafo italiano en La Paz’ (2009), de Pedro Querejazu.
Libros de fotografías

El texto que sigue reúne una serie de aproximaciones en torno a dos libros de fotografías bolivianos. Considero aproximaciones porque no tienen un carácter concluyente, sino se presentan como exploraciones visuales del material de imágenes registrado en ellos. Parto de los ejemplares Arriba Abajo (1958), de Hans Ertl (1908-2000) y Luigi Domenico Gismondi. Un fotógrafo italiano en La Paz (2009), de Pedro Querejazu L. (1949). En esa línea, considero que las dos compilaciones tienen la tendencia del documental. Además, deseo reflexionar, sobre ellos, desde el espacio de la imagen como acumuladora de relato silencioso. Relato silencioso porque cada estampa propicia un in(d)icio de sentido. 

Inicio esta exposición comentando que las inquietudes que me han dejado estos dos libros son una gran fuente de aprendizaje narrativo, por su carácter informativo. Pues, al verlos, de forma integral, aprecio que los artistas retratan con ¿cierto? sentido etnográfico. Así, en el libro Arriba Abajo, el fotógrafo Erlt plasma imágenes de su realidad fuera de la urbe. Un ambiente que se balancea entre occidente y oriente. En esa línea busca la temática del contraste (altiplano-trópico). De igual forma, distingo un relato de recorrido, pues el conjunto de fotos graba momentos al modo de un diario de viaje, primando los autorretratos, retratos y panoramas. Estas postales son captadas a plena luz del día. A su vez, son fotos limpias, en blanco y negro, con un matiz de primitivo, salvo dos fotos, a todo color (pregnancia), que acentúan la dicotomía geográfica del país. Los datos fotográficos permiten apreciar el empleo de cámaras Rolleiflex 6 X 6, S. Baldinette 35 mm, Lexette 4 X 4 y Pentacon 35 mm.  

A propósito de Luigi Domenico Gismondi, el compilador Querejazu diagramó un libro a la manera de un álbum de fotos familiares. Este detalle resalta porque, en su mayoría, son piezas seleccionadas del fotógrafo Gismondi (1872-1946). A la sazón, la lectura del libro se vuelve (bio)gráfico. La esencia de las tomas tiene el foco en la ciudad y en la pose (gesto). Son capturas que tienen tonalidades que van del blanco y negro, pasan por el plomo y alcanzan al sepia. Esa intencionalidad crea un ambiente histórico (pasado). Cuando las ojeo, yo me sitúo como un espectador de una película clásica muda. El artista Gismondi busca el retrato, el autorretrato, el paisaje citadino y el montaje, con luces de días claros y nubosos. En sí, el conjunto de fotos encuentra la cotidianidad de la ciudad en primer plano, con fondos oscuros y “la mayor parte de su producción fue realizada con cámaras fotográficas de formato grande, con negativos de placa de vidrio de 10 X 12,5 cm (4” X 5”) y 13 X 18 cm (5” X 7”) o semejantes” (Querejazu). 

Siguiendo mi intencionalidad, parto de dos fotos con tópico del desnudo para hacer dos relatos del mirar, tomando la descripción novelesca como iniciadora de narración. Tengo en la mira dos postales del paraíso perdido o son dos fotos del abrasador trópico boliviano. La primera, es del artista Erlt que me devela un cuadro de un campamento sirionó. Es una composición donde aparecen un grupo de mujeres, niños y perros que están sentados y desarropados. El único abrigo es la sombra de dos palmeras gigantes. Es una escena robada de su cotidianidad mañanera. O dicho de otro modo, es un conjunto de gente en estado de sosiego. Nadie tiene vergüenza de mostrar la epidermis al sol. Los hombres fuera del retrato, cazando en lo profundo de la selva. En este mundo paradisiaco no hacen falta los bienes materiales y tal vez ese sea uno de los grandes secretos de la felicidad...” (Ertl).

La segunda tarjeta es de Gismondi y muestra un instante de un grupo de indios desnudos de Bella Vista y lo que te atrapa de esa imagen de naturaleza tórrida es su bella vista. Es 1920 y en el edén, la luz del astro ilumina a sus hijos. Están reunidos hombres, mujeres y niños posando emocionados para el fotógrafo. No se asustan del foráneo, menos de su equipo. Están acomodados espontáneamente delante del frondoso verde que se presta a ser el fondo de la toma. Son los seres de piel tostada. En su hábitat no hay vientos negros. Son 14 personas sonrientes que desean ser pintados por el talentoso ojo del artista. Ellos quieren ser visualizados como son y no les importa exponer su panza inflada. Son cuerpos de hombre no Vitruvio. Y esta expresión corporal desproporcionada es lo que me pincha (Barthes). 

Ya para terminar, los dos libros de fotografías son un amplio documento gráfico que muestran reproducciones de ambientes polarizados. Tanto Ertl y Querejazu acopian imágenes con un alto contenido de relato silencioso. Son dos muestrarios que pueden servir de materia prima para elaborar ficciones escritas o visuales. En definitiva, en esta serie de estampas hay una carga de información profusa que provoca fraguar fabulaciones del pasado.