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  • Diario Digital | sábado, 04 de diciembre de 2021
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‘Je répondrai’

“La frase “Yo responderé” tiene un poder inusual por una razón profunda que tiene connotaciones filosóficas, hermenéuticas y existenciales en el sentido más válido”.
La escritora danesa Karen Christenze Dinesen, mejor conocida por su pseudónimo literario Isak Dinesen.     CORTESÍA DEL AUTOR
La escritora danesa Karen Christenze Dinesen, mejor conocida por su pseudónimo literario Isak Dinesen. CORTESÍA DEL AUTOR
‘Je répondrai’

La editorial Anagrama realizó hace bastante tiempo ya una edición en idioma castellano de los “Retratos” de Truman Capote, un libro en el que se recopilan una serie de textos de tono periodístico-literario que el autor norteamericano desarrolló a lo largo de su vida, representando a personajes del mundo artístico del siglo XX. Por supuesto, un lector recurrente de la obra de Truman podrá reconocer, ya en las primeras páginas de esta colección, la presencia de “El duque en sus dominios”, la notable y polémica semblanza que el autor de Desayuno en Tiffany’s hiciera de un todavía joven Marlon Brando en 1956. Además, otras de las tantas “perspectivas” desarrolladas por Capote para retratar su tiempo están también referidas a personajes tan entrañables como Elizabeth Taylor, Charlie Chaplin o Louis Armstrong. Todo ello tiene un valor en sí mismo, pero, en todo caso, me gustaría centrar en este artículo mi atención en el último texto del compendio mencionado, un vívido y entusiasta relato de la figura de Isak Dinesen. Y, a decir verdad, me gustaría concentrarme sencillamente en las últimas líneas de este pequeño prisma biográfico. 

En la parte final de este “retrato”, Capote pondrá una atención decisiva –y el modo de estar “atento” de Capote es ya la mitad de su literatura– sobre el “lema” que la autora danesa había adoptado como una suerte de médula ética de su vida y que constituía una parte recurrente de su “firma” en las dedicatorias manuscritas de sus obsequios literarios. Dicho lema indicaba, en el francés, “Je répondrai”, o, en el castellano: “Yo responderé”. La enorme validez que esta sencilla idea tiene para Dinesen –y que en absoluto pasará desapercibida para Capote– difícilmente puede ser exagerada. Citando la reflexión de la autora sobre este tema, Truman referirá lo siguiente en su texto:

“–Je répondrai –explica, de pie en la puerta, mientras, como despedida, ofrece la mejilla para que se la besen–, yo responderé, un hermoso lema (…) Me gusta porque creo que todos tenemos una respuesta en nosotros” 

En otro texto de su autoría, la autora de Anecdotes of Destiny ofrecerá un pensamiento más extenso sobre el lema en cuestión e indicará dos razones por las que sus palabras le eran tan queridas. La primera, dirá, es su “alta valoración de la idea de la respuesta en sí misma, pues una respuesta es una cosa más rara de lo que normalmente se imagina. Hay muchas personas muy inteligentes que no tienen en sí ninguna respuesta en absoluto. Una conversación con esa gente no es nada más que un doble monólogo…”. La segunda razón, por otro lado, sería el “contenido ético” del lema: “Yo responderé por lo que diga o haga; yo responderé por la impresión que motive. Yo seré responsable”

Concuerdo con la atención delicada que pone Dinesen en la idea de “respuesta” como núcleo existencial de los seres que somos en cada caso y concuerdo también con la forma y el tono en que el querido Truman Capote nos ha transmitido esta lectura de la literata danesa. Es cierto que es muy inusual encontrar, debajo de la hojarasca de los lugares comunes, debajo del facilismo clausular que hace del lenguaje cotidiano un medio de protección contra la realidad, una respuesta fiel. Y claro que es sumamente extraordinario el sentido de responsabilidad que para cada ser puede surgir al declarar esa insustituible palabra suya. 

Al respecto solo quisiera agregar una nota al pie. La frase “Yo responderé” tiene un poder inusual por una razón profunda que tiene connotaciones filosóficas, hermenéuticas y existenciales en el sentido más válido. En dicho lema el verbo pone “en jaque” al sujeto, lo relativiza, lo saca de sí, lo hace dependiente. Porque la firmeza con la que podemos “responder” desde nuestra legítima palabra y, por ello, la responsabilidad que nazca para nosotros de tal hecho, dependen, en su esencia, del modo en que nos dispongamos a “escuchar” la pregunta que cada vivencia –y “la” vivencia– y cada ser nos plantea en distintos momentos de nuestra vida –y, por supuesto, en “el” momento–. 

Aceptarnos como la búsqueda permanente de la respuesta que nos constituye es aceptar que somos, también, la otra cara, siempre en desarrollo, de ese mundo y de esos otros que, por alguna razón, no dejan de convocarnos. 

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