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  • Diario Digital | lunes, 04 de julio de 2022
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Del Intempestivo ascenso del Postpunk a la estrepitosa caída del Punk (o al revés)

Una mirada al surgimiento y evolución de este género musical que surgió a mediados de la década de los 70’s

Del Intempestivo ascenso del Postpunk a la estrepitosa caída del Punk (o al revés)

Los géneros musicales populares en el Siglo XX se originaron -casi siempre- en el seno de un movimiento cultural, anclado a una generación, atravesada por eventos sociales, culturales y económicos que la moldearon y la definieron. Esto hace que un género musical tenga gestos comunes pero comparta distintas expresiones musicales. Uno de los casos más interesantes es el del Postpunk, un género que surge de la re-lectura que una generación hace del rock de los años 70’s y 60’s, es decir, no es parte de otro movimiento ni de otra generación ajena a la del punk, es la misma generación que reinterpreta su lectura y como consecuencia crea el postpunk.

Las dos bandas arquetipos de este género: Public Image Limited (PiL) y Joy Division son testigos en carne propia de esta odisea, atravesaron océanos de estilos y críticas para inscribir sus nombres en la historia del rock, peregrinos estetas prisioneros de su anhelo y de la industria -contra la cual luchaban y querían destruir- sentaron los cimientos de una estética visual oscura y un género que se alejaba del caos sonoro del punk, que vio a nacer a Talking Heads, Depeche Mode y Souxie and the Banshes. Dio paso a géneros como el dark wave o el gótico con la aparición de Bauhaus y The Cure -que allanarían el camino de bandas como Sisters of Mercy, Dead Can Dance o Nick Cave-, pero también a grupos como Red Hot Chili Peppers o Beastie Boys, debido a la reconexión que el postpunk hizo con el funk y los ritmos negros. Otros géneros como el Brit pop o el Grunge -más de 20 años después- seguirían bebiendo de la inagotable fuente de experimentación que fue el postpunk a finales de los 70’s. En Oxford, por ejemplo, en los años 90’s, Thom Yorke encontraría la palabra “radio head” en una canción de los Talking heads, a su vez, otro inadaptado cruzando el océano llamado Trent Reznor escucharía con atención a Throbbing Gristle, y usaría esas ideas para la creación de su Frankestein; Nine Inch Nails. Desde Blur hasta Interpol el rock le debe mucho al postpunk.

Pero el primero en patear la mesa del stablishment rockero fue el Punk, que reposaba sus argumentos sobre las teorías anarquistas del siglo XIX y los conceptos del absurdo del dadaísmo. Entre el 75 y el 77 escandalizaron a la burguesía con su aspecto descuidado y el ruido de su música, embestían con furia el concepto de “arte establecido” y predicaban que el rock había llegado a su fin, intentaban cerrar el círculo volviendo a los sonidos básicos de los años 50’s, volviendo a la pureza del registro inmediato, a la emoción más que a la técnica. En su trayecto cortaron relación con los ritmos de la música negra, hicieron público su desprecio por la música disco -por considerarla superficial y una simple moda- y principalmente atacaron al rock progresivo, a quienes acusaban de pretenciosos y presos de la producción en serie. Para el punk el rock debía mantenerse accesible a las clases populares, sin ínfulas de alta cultura y arte refinado, debía ser un emisario, un portavoz de la gente.

En cambio el postpunk no comulgaba la sentencia de que el rock estaba muerto, su experiencia estaba orientada a mirar hacia el futuro y no hacia el pasado, para ellos la exploración musical y la erudición literaria era casi un modo de vida, no despreciaban sus influencias ni el legado que el rock había dejado. Conscientes de que a los grandes sellos sólo les importa la música del momento conformaron una red de distribución alternativa a la oficial y elevaron puentes hacia Jamaica y África para incorporar nuevos ritmos a su estilo. Había una urgencia de futuro en cómo se autopromocionaban y mezclaban su música, la meta eran los 80’s. La orden de salida fue el lanzamiento de A Factory Sample el primer sencillo de Joy Division en 1978, a menos de seis meses de la disolución de Los Sex Pistols.

De hecho los Sex Pistols, el buque insignia del punk, ya naufragaba poco antes de hacerse a la mar, Jhonny Rotten, el líder de la banda más peligrosa del mundo, ya estaba cansado de la farsa que Malcom McLaren (el manager de los Pistols) montaba cada día para escandalizar al Reino Unido. Los momentos cenitales de la propuesta de McLaren probablemente hayan sido el lanzamiento de God Save The Queen que rompió records de venta en plena celebración de los 25 años de Elizabeth II, y cuando improvisaron un concierto en un barco frente al parlamento británico, más allá del arresto y los trabajos forzados, recibieron una golpiza de parte de patrióticos radicales de derecha, que jamás olvidarían. Su único álbum Nevermind the bollocks, sería también la tumba del movimiento punk, su discurso antisistema no podía sostenerse si venía empaquetado para venta y con logo de una transnacional. Rotten acusó a Mclaren de traicionar el objetivo de hacer “anti-música” con Los Pistols, si él lo hubiera hecho el resultado sería inaudible.

Rotten venía de una familia obrera de los barrios bajos del norte de Londres, había hecho suya la propuesta de McLaren cuando éste lo encontró corriendo por King`s Road con una polera que decía “Odio a Pink Floyd”. Pero en el fondo Jhonny no era el terrorista cultural que McLaren había ideado, Rotten era un fanático de Oscar Wilde, la Velvet Underground y el reggae, había demostrado tener gustos más sofisticados y eclécticos que complacía a escondidas para no manchar lo que su imagen pública en Los Sex Pistols sugería. Cuando McLaren se dio cuenta, tuvo que volcar sus expectativas sobre el verdadero “punk” del grupo; Sid Vicius. Con Los Pistols ya disueltos Jhonny también dejaría el “Rotten” que le gustaba porque sonaba a “roto”, volvería a su antiguo apellido Lydon y formaría Public Image Limited, PIL.

Joy Division venía de Manchester, otra de las urbes traumatizadas por la violenta transición a la era industrial, una selva de cemento sin fin, lúgubre y desolada, con inmensas ciudades desiertas debido a la devastación de las guerras. “Creo que no vi un árbol hasta que cumplí 11 años” decía Bernie Sumners (guitarrista). Antes de ser Joy Division eran Warsaw (Varsovia), una banda de punk, los Warsaw se formaron en 1976 durante un concierto de Los Sex Pistols que no tenía más de diez personas, con (el nombre) Warsaw -que lo habían sacado de un disco de Bowie (Low)- también hacían referencia directa a los vínculos entre la II Guerra Mundial y la capital polaca (el levantamiento del guetto judío). Ya tenían temas como “No love lost” donde la música es una extensión del punk de los Pistols. Pero (el nombre) Joy Division tenía connotaciones más oscuras aún que Warsaw, Sumners lo sacó de una novela titulada House of Dolls que narra en primera persona la historia de una niña que es llevada al “Joy Division” (la división del placer) de Auschwitch, mujeres esclavas para satisfacer a las tropas.

Martin Hannett fue a Joy Division lo que George Martin fue a Los Beatles, el novel productor de la Factory Records impulsaba a los Joy a profundizar más su sonido bajando la velocidad de los ritmos y creando un paisaje sonoro invernal que sería el sello de su futuro estilo. Hannett, imbuido en el espíritu explorador de los postpunks, experimentaba con cajas, latas y palos para crear texturas extrañas, así como la atmósfera que rodea a Insight. Curtis, por su lado, introspectivo y solitario, enfrentando sus demonios con música y exteriorizando su confusión como nunca antes nadie lo había hecho, se sumergía cada vez más en un dolor privado, reflejo de la angustia que su generación abrigaba. Ian sentía una extraña fascinación por la miseria humana, asunto que exploraba en sus lecturas de Sartre, Conrad, Kafka y por supuesto Dostoievsky. En algún punto su bipolaridad hacía alquimia con el claustrofóbico y casi tenebroso sonido que Hannett y el resto de los Joys habían concebido, el resultado era perturbador: Un retrato sonoro del ófrico ambiente del Manchester de los 70’s, inhóspito y alienado, paisajes emocionales sin vida y sonidos que anunciaban el futuro.

1979 marca el resurgir de la extrema derecha con Tatcher en Inglaterra y Reagan dos años después en los Estados Unidos, populistas que impulsaron censuras y economías que derivaron en desempleos masivos y profundizaron estructuras sociales. Gran parte de las primeras generaciones de postpunks eran de clases medias bajas y se habían formado en escuelas de arte que el estado subvencionaba hasta ese entonces, los jóvenes postpunks eran adolescenetes rebeldes que criticaban la industria del consumo y el creciente capitalismo, pero estaban al tanto de la cultura, el arte y las innovaciones tecnológicas, sin mencionar su refinada visión de la moda (hoy se les dice “hípsters”). Ahí radicaba la gran diferencia que los separaba de los auténticos punks, adolescentes de barrios marginales, jóvenes sin oficio, vagos sin sentido de la moda ni aspiraciones artísticas, criados en lugares donde no tenían futuro y los adultos no tenían presente, la furia era su impulso, su vida era su arte. La propuesta de ir en contra de los había unido, pero el objetivo los separaba.

La música de PiL es difícil de escuchar y no por estridente sino por incómoda y desconcertante. La idea de crear anti-música también derivaría en anti-melodía, explorando indulgencias artísticas y el rock como mantra, dominado por un reggae despojado de identidad, un bajo dub funk hipnótico y una guitarra experimental, Lydon extendería los horizontes del postpunks hacía terrenos insospechados durante toda su carrera, ocho discos hasta 1992 y dos reuniones en el nuevo milenio. Pero si hubo alguien que encaminó a la generación postpunk a un imperativo de cambio constante y a una evolución permanente en busca de nuevos horizontes, ese alguien fue completamente ajeno al postpunk y ajeno a cualquier otro movimiento, alguien que seguía su propia huella a base de instinto, talento e inteligencia; David Bowie (y su famosa trilogía de Berlín).

La trilogía de Berlin (Low, Heroes y Lodger) son discos que Bowie produjo en Alemania junto a Iggy Pop y Brian Eno entre el 76 y el 79. Para gran parte de la crítica el concepto de “la trilogía de Berlín” incluye también los discos editados por Pop y Eno en esos años, ya que los tres se encontraban en una cruzada musical en la Europa profunda. Para la segunda mitad de los 70’s Bowie ya era un artista consagrado en todo el mundo, su incansable incursión en nuevos estilos, la creación de personajes conceptuales para cada disco, su maquillaje andrógino y su vestuario alienígena, le habían dado un status incomparable para las nuevas generaciones del rock. Los discos de Bowie eran una travesía por todos los géneros de la música pop pero con un alto grado de intelectualidad, los producidos en Alemania elevarían el estándar a una expedición a nivel planetario. Bowie y la trilogía no solo fueron la estrella del norte que guio a las primeras generaciones después del punk. Los discos de Eno, Bowie e Iggy Pop fueron para todo el rock posterior a los 80’s, como la estela que dejan en la arena los lagartos que huyen del calor.

Aparte de Bowie, Joy Division entraba en trance con la poesía de Lou Reed, el minimalismo de Can, la espacialidad de Pink Floyd y el chamanismo del líder de su banda favorita The Doors. Una descentralización del poder de la guitarra en favor del resto de los instrumentos (en especial del bajo), marcarían el aporte principal de los Joy a la evolución del rock. Las guitarras del postpunk son punteagudas en lugar de acordes gordos y gruesos, el bajo de Peter Hook llevaba la melodía casi en todas las canciones, mientras la guitarra de Sumners acompañaba con ritmos y cadencias extrañas, como en el superhit She lost control, su contribución resaltará de manera contundente más adelante (manipulando el sintetizador en New Order), la batería de Stephen Morris se libera hacia percusiones más experimentales como en A means to an end, Heart and soul o The Eternal, que son consideradas obras maestras por la crítica.

El punk fue un viaje intenso, espontáneo y a la deriva, luego de su ruina evolucionaría en los 80’s hacia el hardcore y el movimiento Oi. En contraste el postpunk ha alcanzado nuevas geografías e incluso ha mantenido su estilo y ese sonido oscuro que lo ha identificado, como en el trio bielorruso formado el 2017 Molchat Doma, que ya ha alcanzado fama mundial. Pero también se ha mezclado y evolucionado en bandas como Placebo, The Cure o U2.

Ian Curtis hipnotizaba al público con su forma de bailar, entraba en trance y se sacudía como víctima de espasmos y shocks eléctricos, todo esto antes de sufrir su primer ataque epiléptico. Se suicidaría un 18 de mayo de 1980 a los 23 años de edad, un día antes de comenzar la gira por EEUU, mientras escuchaba The idiot de Iggy Pop uno de los discos de la trilogía de Berlín. Con Ian muere Joy Division y el resto de la banda cambia radicalmente su estilo incursionando en la electrónica y crea a New Order -que junto a Depeche Mode y Pet Shop Boys- madurarían las ideas de Kraftwerk y establecerían lo que en los 80’s se llamaría Synthpop.