Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 05 de diciembre de 2021
  • Actualizado 15:19

‘Gaspar’, un silencio a voces

El filme boliviano del director Diego Pino, que se encuentra disponible en la cartelera nacional, amenaza a ratos con quedarse en una buena idea para corto/mediometraje, pero levanta vuelo, trabaja lento, pero seguro la empatía de la platea  
Un fotograma de la película boliviana ‘Gaspar’.          SERGIO BASTANI
Un fotograma de la película boliviana ‘Gaspar’. SERGIO BASTANI
‘Gaspar’, un silencio a voces

Gaspar es una película íntima/tierna, sin pretensiones, con minúsculas en un país donde todos gritamos en altas. No hace alardes, no tiene un mensaje que comunicar de manera inexorable, no ha hecho ruido antes de su estreno, no se ha quejado. Gaspar es una película cuidada, dulce/bonita, bien hecha y habla supuestamente de las pequeñas cosas. Esas pequeñas cosas se llaman amor, comprensión, traición, resiliencia. 

Es un filme sobre las relaciones complicadas de pareja, valga la redundancia, sobre los escombros, sobre las reconstrucciones. Uno acude como espectador sin grandes esperanzas y sale con una sonrisa dibujada de satisfacción, de reencuentro con nuestro cine. 

Gaspar nos pone delante de una pareja joven con un hijo que no habla (abrumado, opta por el silencio ante las peleas de sus padres, ante un mundo que no entiende). Es una pareja donde la chica se pone todo al hombro: la casa, la educación del hijo, los lazos emocionales… Y el chico, egoísta/inmaduro, se dedica a sus cosas fuera del hogar: a su banda de rock en Tarija, supuestamente condenada al éxito mundial. Cuando la chica se harta y se va para encontrarse con ella misma, el mundo del chico/niño se derrumba. Entonces se da cuenta de todo, de todo lo que con su soberbia patriarcal no ha sabido/querido acompañar/amar. 

Gaspar amenaza a ratos con quedarse en una buena idea para corto/mediometraje pero levanta vuelo, trabaja lento pero seguro la empatía de la platea. Y no se sabotea con la subtrama alrededor de los ensayos y las tocadas presentes y pasadas de la banda (unos “flash back” cuentan el principio de la historia de amor).

La “opera prima” de Diego “Gatto” Pino Zamora –director y guionista- se ve fortalecida por un equipo sorprendente: Vitorio Lema Arana -en el rol del chico Martín- actúa como un veterano con mil películas/batallas detrás; Rodolfo Bluske Buffoli –fallecido a inicios de 2021- compone un perfecto actor secundario en la figura del timador/chanta/productor argentino de la banda; Eugenia Añazgo traza un personaje contenido con un mundo interior por estallar; y Dragos Popescu Avilés (apellido paterno de crack del fútbol rumano), el niño cuyo personaje da título a la película, es simplemente maravilloso. 

Gaspar o Jerónimo, como lo bautiza su única amiga, es como Léolo, aquella hermosa película de culto de los años noventa dirigida por el realizador quebequense Jean-Claude Lauzon. Si Léolo se refugiaba en la lectura ante el horror de una familia disfuncional, Gaspar se pone los audífonos de salvavidas y se entrega a la música para ignorar el infierno y su hermana gemela en la tierra, la locura. Ambas películas atesoran un mundo poético a sus espaldas, sus personajes sueñan porque sueñan. Gaspar son los silencios/pensamientos de ese niño que hemos sido todos, es una película de evasión, es un garabato de caballo para la fuga.

La fotografía de Sergio Bastani es un seguro de vida, el montaje de Juan Pablo Richter (también productor asociado) aporta un “tempo” particular; y la dirección de arte de un habitué del cine de Rodrigo Bellott como Alfredo Román completa el círculo virtuoso. Y luego, “last but not least”, escuchamos esa armónica, el pequeño “Rosebud” de la película, que suena alrededor de un gran diseño sonoro a cargo de Nicolás Bluske y una potente/blusera banda sonora interpretada por Camarú y Suke.

A ratos me parece que Pino es el nuevo “Martín Boulocq” de nuestra cinematografía. A ratos, creo que es mucho más que eso, es aire fresco/nuevo. Gaspar es una película de las (mal)llamadas “menores”, pero poseída de verdades como puños, de sentimientos grandes como una catedral, de esperanza, sólo eso. Y sólo eso ya es mucho. Gaspar es una película invisible, es un silencio/secreto a voces. Ten cuidado con el “Gatto”.