Opinión Bolivia Ramona

  • Diario Digital | miércoles, 03 de junio de 2026
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Sobre Diarios de la luz, de Vadik Barrón

Una lectura del más reciente poemario del escritor y cantautor boliviano, editado por 3600 y presentado ayer en la Feria del Libro de Cochabamba
Sobre Diarios de la luz, de Vadik Barrón

Metaforizar la luz y la contemplación de los diferentes aspectos de la vida son dos características transversales en la propuesta poética de Vadik Barrón. Sus poemas, usualmente, danzan con las distintas posibilidades retóricas para captar un instante de la voz, entre la luz -la iluminación, la claridad, el cinismo o la paz-. Este recurso es, además, ensamblado a una estructura rítmica en lo nuclear de los versos,  que genera una cadencia que acompaña toda la lectura, y claro, el humor en el juego de palabras.

Diarios de la luz (Editorial 3600), el último libro de Vadik, se inscribe en esta tradición estilística del autor, en el que una voz poética se entrega a la contemplación y metaforización de su cotidianidad. Y esta marca de estilo, es de alguna manera el eje articulador del libro, que además está compuesto por tres partes.

La primera de estas, con la que el libro inicia, se llama Geografía mínima. Nos encontramos ante una suerte de recorridos que realiza la voz poética a través de espacios, ya sean tangibles y físicos o completamente subjetivos. En ambos casos, los espacios se transmutan con la esencia de la observación de la voz poética, proponiendo nuevos sentidos.

De esta manera, esta geografía se explora y habita -en sus posibilidades metafóricas- con el cuerpo, pero también con los sentidos y con las emociones: 

Nos atraviesa el silencio 

el hablamento la parladura: 

juegos de piedra volante. 

Pensemos en la luna como una isla a la deriva 

y en el cosmos profano como un canchón de jugueteos. 

Pintemos de agua nueva esta estrella moribunda. 

Te invito a mi cariñoso apocalipsis.

Esta geografía está, casi siempre, manifiesta en textos cortos, que paradójicamente contienen la extensión de los países, ya sea como una metáfora del deseo o como un ejercicio de poesía concreta.

Recorro tu piel 

como un oscuro 

animal diminuto, 

como un tren humeante 

que surca

la inacabable Rusia.

O

XXII (Chile)

este poema 

es necesaria-

mente

angosto

como el país orilla

como su costa

que da la espalda

a un mundo 

extraño. 

este poema

recorre 

regiones 

numeradas 

apresadas 

entre 

Los Andes 

impasibles, 

el mar sordo 

y la memoria

dolida 

silente. 

un poema va a morir 

al sur 

infértil 

acaso 

loco 

como 

tú 

yo.

La segunda parte de este libro lleva el nombre de Fotograma, que en textos, de extensión también más o menos breves la voz nos permite una contemplación reflexiva de los instantes que le transcurren. Esto, también, en función a las búsquedas particulares de esta voz.

Música [6] 

Un arpa enc

abritada 

sobre montañas sónicas 

presiente la columna vertebral del viento. 

Se eleva entre la arbostura blanca 

de las nubes.

Desaparece. 

Calla. 

Mejor así. 

Su mantra reverbera infinito 

y nos recuerda 

que ambulamos, ciegos, 

por un vibrante mundo sonoro.

La última parte de este libro es intitulado Kinetoscopio. En este segmento nos encontraremos con las mismas inquietudes de la voz poética, esta vez llevadas a un ritmo mucho más vertiginoso.

Para lograr este efecto, nos encontramos ante un mecanismo formal: se anulan los versos y la prosa, por sus propias características, se encarga de manera casi natural de cambiar el ritmo de los poemas. No solo en lo visual y en la cadencia de lectura, pero también en los sentidos que el texto llega a generar.

Este ejercicio permite que imaginemos las imágenes y sentidos que emanan los poemas como si asistiéramos a la proyección de un Kinetoscopio.

Todos nacemos de un abismo. / La socorrida vida / adviene como un alud viscoso. // Diablos danzantes, / medusas translúcidas, / manos que se expanden como árboles / para tomarnos, / para herirnos la piel y el corazón sangriento, / para llevarnos a la hondonada de la mente / de donde no se regresa entero. // Nos acecha la guerra, / nos cobija la música, / nos instruye y esperanza / el vuelo circunstancial de la mariposa. // La muerte nos hermana en su misterio común. // Todos nacemos a un abismo

Los noventa 

Teenage angst has paid off well Kurt Cobain Los noventa / son un estereoscopio / de traqueteo colosal, / el nacimiento del poliglotismo musical, / de la levedad canchera. // Se suceden palabras e imágenes, internet, subaru / y taparrabos esquimales, / el misterio de las cintas magnéticas / la bruma romboide y angélica / de la pantalla de un televisor / blanco y negro / muriendo en la noche. // No sé en qué momento exacto / me hice viejo / pero hoy encontré dos viejas pilas doble A / en el lugar en el que solía albergar un corazón.