Opinión Bolivia Ramona

  • Diario Digital | miércoles, 03 de junio de 2026
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El corazón del jaguar

A propósito del libro de poesía ‘Entra el jaguar’, de Gabriel Entwistle, publicado por Editorial 3600
El corazón del jaguar

Nos han tendido un puente hacia un territorio de palabras que se conectan con el corazón de presencias naturales e imprescindibles, a una selva en niebla donde está un padre que tiene la consistencia del astro Sol, a los hijos, a estaciones vacías que fungen como la imprecisa fábula del amor, a autopistas donde el ulular de una ambulancia nos recuerda nuestra fragilidad, a mercados de sandías, un inesperado bosque de secoyas y a Matt con su oscura infancia. Y así, esperando sin esperar, habitamos al calor de un libro que ha sabido dejar su resplandor para encontrar la imagen, una imagen que se suma a las otras y todas ellas fungen como piedra lumbre en Entra el jaguar, libro de poemas del escritor Gabriel Entwistle, primer lugar en el Concurso Nacional de Cuento Franz Tamayo, con “Forasteros en Flores y otros cuentos”.

En este poemario, se despliega una visión especular, una en la que por todas las razones también nos refleja. Las palabras puente no tienen artificios y nos llevan a la esencialidad del camino tras el puente. En Entra el Jaguar, germina una forma de estar en la vida tomando conciencia de aquello que la habita y une al cuerpo a un lenguaje que permite atravesar umbrales e inevitables encrucijadas. 

En el poema “El otro hermano”, un fragmento reza así: “las personas son como los juguetes extraviados en la arena/o bajo un banco en el parque/se pertenecen a sí mismas y se entregan a quien sea”, y es así, cuando la palabra encuentra verdad, somos la memoria y el territorio por conquistar, porque lo sabemos, esta mirada autoral es un viaje al centro de lo que arde, lo que bulle, lo que estalla. 

Las imágenes de este libro son ojos de jaguares que miran como humanos, porque nos recuerdan que nos urge ser diseccionados, el viaje a este puente-libro sin duda alguna se hace imprescindible porque el autor sabe bien que a nuestros corazones nos pasan siempre nubes frías, como dice un verso suyo.

Entwistle no solo es un escritor necesario, sino que me recuerda a esa sustancia que Rainer María Rilke describe en Cartas a un joven poeta: “Su fuerza poética es grande y vigorosa como un instinto primario; posee ritmos propios y vehementes, y cae como un alud que se precipitará desde lo alto de un monte”.