Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 19 de enero de 2022
  • Actualizado 01:30

‘Cherry’: delirios de grandeza

Los directores de ‘Avengers: Endgame’ se aventuran en una película “seria”, con temática adulta y pretensiones sociales y psicológicas. Y patinan feo. El filme está disponible en Apple TV+.
El prólogo encuentra a Cherry (Tom Holland) robando sin ayuda un banco.   APPLE TV+
El prólogo encuentra a Cherry (Tom Holland) robando sin ayuda un banco. APPLE TV+
‘Cherry’: delirios de grandeza

La palabra pastiche podría haberse acuñado específicamente para describir Cherry. Sus responsables, los hermanos Joe y Anthony Russo, llegan a este ambicioso relato sobre la tragedia de un hombre y aquellos que lo rodean luego de un inicio en las filas de la comedia popular, con títulos como Bienvenidos a Collinwood y Tres son multitud (no confundir con el film homónimo de Wes Anderson), y el ingreso a las grandes ligas de las calzas ajustadas con un cuarteto de películas superheroicas coronado por la saga de tres horas Avengers: Endgame. En ese sentido, su más reciente largometraje parece ser el paso lógico que muchos cineastas de la gran industria deciden dar en cierto momento de su carrera: encarar una película “seria”, con temática adulta y pretensiones sociales y psicológicas. Cherry, basada en el bestseller semi autobiográfico de Nico Walker, lo es, aunque la ecuación costo-beneficio no parece de las más afortunadas. Más allá de la eficaz interpretación central de Tom Holland (la última encarnación de Spider-Man), todo aquí ha sido visto y oído con anterioridad en películas mucho menos olvidables.

El prólogo encuentra a Cherry (Holland) en plena faena criminal, robando él solito y sin ayuda un banco, y el modelo de montaje vertiginoso recuerda de inmediato y sin escalas a Martin Scorsese. Primer casillero de una larga lista de ítems a tildar. A partir de ese momento, el guion regresa a una adolescencia tímida y sensible, cuando un desaire amoroso de su novia Emily (Ciara Bravo) desemboca en la decisión de alistarse en el ejército, en pleno conflicto con Irak post 11 de septiembre. Allí se activa el formato Nacido para matar y los Russo describen los duros entrenamientos en territorio estadounidense (el joven decide rápidamente cambiar el fusil por las armas simbólicas del paramédico) y el desembarco en la guerra real, con sus cadáveres apilados, intestinos al aire y la sensación de que la muerte espera a la vuelta de la esquina. Corte al regreso a casa, con sus múltiples mutilaciones psicológicas y el reinicio de aquella relación sentimental del pasado, que deviene en casamiento y comienzo de una nueva vida. Una vida nada sencilla: los traumas de Cherry disparan las adicciones y la necesidad de suplirlas con cada vez más dinero.

El quinto capítulo (cada uno es anunciado en pantalla con un subtítulo) deviene en drama de pareja heroinómana, además de incitar el comienzo de la carrera como ladrón de bancos del protagonista. Ya pasada la marca de las dos horas, la tragedia parece inevitable, y a esa altura es evidente que el esfuerzo de los Russo por afirmarse en un cine alejado de los efectos especiales y las luchas superheroicas es pura cáscara y poca tripa. Un remedo de otros tantos films que marcaron a fuego la pantalla durante las últimas cuatro décadas. El epílogo, luego de una elipsis de varios años, es directamente vergonzoso, un moño de puntas sentimentaloides para una película que es puro oropel audiovisual. Eso sí: inspirado en hechos reales.