Opinión Bolivia Ramona

  • Diario Digital | jueves, 04 de junio de 2026
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Bitácora de un lector en la Feria del Libro de La Paz (II)

Segunda parte de una crónica en primera persona del evento editorial y literario más grande de Bolivia, que este 2025 se sumó a los festejos del Bicentenario
Bitácora de un lector en la Feria del Libro de La Paz (II)

Día siete: las mentiras del otro tío Sam

Las hagiografías se escribían antiguamente para relatar la vida y milagros de los santos, rumbo a su canonización. Eran biografías donde se exaltaban las virtudes del candidato y se tapaban sus barrabasadas. En Bolivia el género biográfico es una “rara avis”. En el “stand” de la Fundación Pazos Kanki hay una a 30 pesitos. Hasta aquí las buenas noticias. La mala: es una “biografía” de Samuel Doria Medina Auza, escrita por Fernando Molina Monasterios. 

Fue publicada en 2017 por la editorial 3600 bajo el título “Biografía de un industrial”. Cuando se presentó en el hotel-boutique Stannun de la avenida Arce, con bombos y platillos, asistió la “crema y la nata” de la derecha: Iván Arias, Carlos Mesa, embajadores “amigos” y cía. 

Por cierto recuerdo que costaba más del doble que ahora. Se puede decir entonces que lo único que ha bajado de precio en Bolivia es la hagiografía de “Sam”, como le dicen sus cuates.

No tengo ninguna duda sobre la “santidad” del susodicho: sus “milagros” están a la vista de todos: se adueñó de Fancesa y la hizo gas; vendió Soboce en la bolsa de Lima y se hizo pepa; y privatizó al grito de nada por aquí, nada por allá. Más que santo, Doria Medina es un mago trucho.

Su puestito de Pazos Kanki parece el de Stalin: culto a la personalidad del líder supremo. Incluso hay una “biografia” del papá de la criatura: “El fundador: vida y obra de Samuel Doria Medina Arana”, dizque “Sam Primero”. ¡También a 30 pesitos! Las biografías deberían ser escritas por enemigos inteligentes. Molina no lo es: enemigo del tío Sam, digo. 

“Cuando leas una biografía, ten presente que la verdad nunca es publicable”, dijo una vez el dramaturgo irlandés George Bernard Shaw. La de Doria Medina no es la excepción.

Hace unos años un biógrafo contratado rechazó avanzar con una de las hagiografías publicadas por la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia porque “descubrió” asuntos turbios personales del biografiado que nadie (la familia) quería ventilar y/o recordar. La publicación se frustró y el retratado (ya fallecido) se quedó sin libro. ¿Ahora entienden porque se publican tan pocas biografías en nuestro país?

Día ocho: Bolivia es una mujer

Cada Seis de Agosto la Feria se vuelve muchedumbre, masa, pueblo. Los pasillos se aprietan. Hay cola para todo, incluso para usar la pasarela sobre la Costanera. Cola para los helados (hace mucho calor dentro del Campo Ferial); cola para las jawitas de queso; cola incluso para comprar libros. El resto del año las librerías lucen desiertas, sedientas. 

Me tropiezo con Elías Blanco Mamani y su familia; con el “Moro” Gumucio y su sombra; con Mario Espinoza y señora. El Seis de Agosto es así: la bolivianidad al palo. 

Incluso las salas están repletas escuchando a escritoras y escritores. Muchas veces hablando de sus cosas, al margen del título de la conferencia. En la sala tres la charla sobre la Guerra del Acre ha sido suspendida. Es nuestra guerra olvidada. 

Asomo la cabeza por la sala uno y veo a Juan Pablo Piñeiro. “¿Y si Bolivia fuese una mujer?”, pregunta el “Piñas”. Si fuera una mujer (tiene nombre de ella y por eso lo es), habría/habrá que escucharla y leerla; cantarla y tocarla; tejerla y pintarla. Y después, guardar el silencio.

Día nueve: las mujeres y las lecturas precarias

Sostiene la crítica literaria feminista que las mujeres leen para entenderse y los hombres leemos para escapar de nosotros mismos. Asegura Virginia Ayllón Soria que la lectura es una actividad de distinción. Las mujeres confiesan que leen pero muchas de sus lecturas son precarias, no declarables. Dicen que leen libros de historia, género, romance, literatura de otros países. Pero no cuentan que leen la Biblia o libros de cocina. 

Alrededor de las mujeres y la lectura hay dos mitos -Vicky dixit. El mito de las lecturas maternas/paternas durante la infancia y el mito de que en Bolivia no se lee. “Vas a Lima y dicen que en Lima no se lee, vas a México y lo mismo. No se lee en ningún lado, pero la industria editorial no para de crecer en todo lado”. 

La charla tiene a seis críticas literarias en la mesa. Es la presentación de “Perfil de la lectora boliviana: resultados de una investigación”, comandada por la citada Ayllón. Ellas son: Camila Perales Blanco, Mary Carmen Molina Ergueta, Fernanda Verdesoto Ardaya, Daniela Escóbar Lupo, Montserrat Fernández Murillo y Joan Villanueva. 

Cada una ha entrevistado a lectoras y grupos focales diferentes, a lo largo de casi todo el país. Hay pocos estudios sobre lectura y menos sobre lectoras. ¿Cómo leen las bolivianas? ¿Qué leen? ¿Qué tiempo usan? 

Probablemente las mujeres leen diferente; lo cierto es que leen más que nosotros (también son mayoría en la platea de los teatros). Y leen de todo, lecturas precarias y no precarias, declarables y no declarables, secretas y clandestinas; con estrategias de sobrevivencia, siempre, como dice Vicky Ayllón.

Día diez: volverse wawa

En la cola para comprar el libro charlo con el poeta Jorge Campero. A los dos nos ha llamado la atención “Alas a las locas: fabricación social de las enfermedades mentales en Bolivia (1887-1941)” publicado por Plural (80 pesitos). Los dos hemos escuchado a Mercedes Zerda Cáceres, la compañera (viuda) del autor Javier Mendoza Pizarro. 

Campero me cuenta sobre aquella vez que visitó el Instituto Psiquiátrico de Sucre, el “Pacheco” de la capital y quedó intrigado: ¿por qué fuman tanto los “locos”? Creo que ha comprado el libro para dar con la respuesta. No la tendrá. La contestataria obra póstuma de Mendoza (nieto de Jaime Mendoza) no habla de puchos. 

Habla de hechiceras, putas, locas, lesbianas, lisiadas, idiotas, epilépticas, suicidas, hijas del adulterio, indias, mendigas, ladronas, moribundas, alcohólicas, seniles, melancólicas, libertinas, depravadas, gordas, erotomaníacas, malcriadas, bohemias… 

Habla de entender la locura, gozar de ella; contra la ilusión ideológica de la locura, contra el “maquinazo” (los temidos “electro-shocks”), contra la (sobre)medicación psiquiátrica que fomenta el complejo fármaco-químico (más interesado en sus ganancias que en la salud de la gente).

“Wawakirutukti” significa en aymara: ella o él se ha vuelto o se está volviendo bebé. Tenemos un concepto occidental/gerontológico de las enfermedades mentales (Mendoza dixit) e ignoramos (por racismo) las nociones del pueblo aymara, quechua, guaraní. 

En el mundo aymara no conocen al “doctor Alzheimer”. No medicalizan, no lucran, no discriminan, no marginan a los abuelitos y abuelitas. No hay burla, no hay asomo de menosprecio, no hay falta de respeto. Hay cuidado.

En la visión aymara todo nace, crece, se reproduce y muere en armonía, como los fenómenos de la naturaleza y los ciclos agrícolas, como el tiempo y la vida; es el eterno retorno de días y noches. Así los abuelitos y abuelitas no padecen Alzheimer, están en proceso de “wawakirutukti”: están en un viaje de regreso a la niñez donde son cuidados y mimados, una forma más de envejecer.

Atribuir -Mendoza dixit- esos cambios a una entidad maligna con apellido extraño que se instala siniestramente dentro del cerebro de algunos mayores -sin que les duela- se ve sin duda como una de las varias supersticiones que practican los “q’aras”.

Día once: la contra-feria ha vuelto

La contra-feria está de regreso. En el año 2025 se llama Contra-Feria No Internacional de Literatura Mixtura-Preste del Libro. La nostalgia de aquellos eventos alternativos en el “Sabrosito” ha sido enterrada. 

En el Salón Diamante de Villa Copacabana se juntan una docena de escritores independientes (como Parkinson Gallardo y el “Pesca-Versos”) y lectores (los del Club de Lectura Susurros de Tinta y las Voces Poéticas de Ouro con Javier Tarqui y Marco Arancibia); teatreros (los de Alma Nómada y los Yvans); artistas (los de Laboratorio Wayruru, Arte Libre Erubisu, Abel PC, el cantautor Niquich y WaWarita&Alighieri); danza (los de Dulce Bolivia, Ciens, Ballet Folklórico La Merced); y artesanos (de Kromática Arte Manual Exclusivo). Hay cinco secciones: literatura, trueques, arte libre, talleres y escenario.

En el acto estelar se rinde sentido (y necesario) homenaje póstumo al escritor y librero Jaime Nisttahuz Parrilla (a cargo de Rafael Velásquez). “Cuando la palabra no cabe en un recinto; sale a las calles, sale del molde”.

Día doce (y último): larga vida a los libros

La Feria del Libro de La Paz toca a su fin. Ya queda menos para la edición de 2026. Lo mejor de este año ha sido, sin duda, el Espacio Interactivo e Infantil del bloque verde del Campo Ferial. Ellos y ellas, las wawas, son el presente y el futuro lector. No hay nada más efectivo que el ejemplo (la imitación): niña/niño que ve leer a los adultos en la casa (no sirve mandar/obligar) será una futura lectora.

Los escritores “independientes” tuvieron su propio “stand”, como la poderosa Biblioteca Stronguista, atendida de sol a sol por un veterano librero de la avenida Montes, don Henry Quispe Colque. Algunos, los pocos, siguen optando por la mesa y la silla.

En una Bolivia donde todo sube, el precio de la entrada (algún día desaparecerá para poder invertir esa platita en libros) se mantuvo en quince pesitos (a pesar de que subieron los costos de alquiler), lo que también es valorable. Al ocupar los tres bloques, hubo más espacio para los vendedores y para los compradores o lectores (que no es lo mismo). A pesar de la crisis y la galopante inflación, la ciudadanía hizo el esfuerzo de comprar libros, la mejor inversión para un futuro incierto.

En el debe: la quasi-ausencia del gobierno en el año del Bicentenario; lamentable y esperable por el casi nulo apoyo de la gestión de Arce Catacora al mundo editorial/literario, valga anotar únicamente la no convocatoria de los premios nacionales de cultura, siguiendo la estela del gobierno golpista de Áñez Chávez. 

El Ministerio de Culturas simplemente se borró. Y otros ministerios e instituciones públicas cancelaron a última hora su participación. Nota mental: la Feria del Libro de Sucre también fue suspendida este ano (¡el del Bicentenario!). 

En el debe: el festival de poesía (con ausencias lamentables como la de Humberto Quino Márquez y Julio Barriga Cabezas, los mejores del país) se pierde en la frondosa actividad paralela cultural. El próximo año nos vemos por los pasillos de la Feria. Ahora toca leer lo comprado. Larga vida a los libros.