Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 01 de marzo de 2024
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La Biblioteca de Julio Méndez (parte II)

Un recorrido por los títulos del coleccionista cochabambino (1833-1904), un intelectual boliviano del siglo que participó activamente en la política de su tiempo
La Biblioteca de Julio Méndez (parte II)

En cierta manera, el fetichismo bibliófilo tiene algo de bueno y algo de malo. Bueno, por conservar alguna edición u obra y malo, por dejarlo en el asiento eterno de un estante sin siquiera ser tocado después de su compra; no generalizo, pero en su mayoría adquiere ese destino. Otra cosa es hablar de las famosas donaciones a bibliotecas públicas, donde más de un robo de algunas joyas literarias sucedió y sucederá. De hecho, para restar este desconocimiento de obras, están las digitalizaciones que ayudan a muchos investigadores para casos especiales concernientes a la historia nacional. En nuestro medio se reinicia el afán de conocer nuestro pasado para poder comprender un hecho de acuerdo a la coyuntura de ese momento. Una materia autodidacta como esa solo unos cuantos se atreven a tomarla. 

En nuestro país uno de los sociólogos más interesados en este análisis y discurso del libro fue Salvador Romero Pittari (1938-2012), quien, en sus obras Las Claudinas: libros y sensibilidades a principios de siglo en Bolivia (1998) y El nacimiento del intelectual en Bolivia (2009), dedica amplios capítulos con relación a la recepción del libro importado dando ejemplos de obras que le llegaron a su biblioteca por los “libreros de la Montes” y “lotes” de intelectuales bolivianos (como el caso de la biblioteca de Bautista Saavedra que un descubrimiento similar al nuestro). En cierta manera, cuando uno conoce ciertos títulos, no deja pasar dos veces la oportunidad para recuperarlos y “nacionalizarlos”.

Volviendo al presente y al lugar del encuentro con las colecciones y tratados, examiné cada libro con detenimiento, ubicando el año, autor y título. Motivado por esta información, en pocos segundos estaba visualizando varias famosas obras del pasado

En su mayoría eran libros escritos en francés y alemán. Autores como Ernst Renan, Auguste Comte, Goethe o Humboldt eran exhibidos con todos sus tomos completos. Además, pude apreciar la colección de anuarios de presidentes del país desde Mariano Melgarejo hasta José Manuel Pando, siendo en total 14 tomos forrados de color rojo y en un estado demasiado cuidado para estos tiempos. No puedo olvidar algunas joyas que identifiqué como la primera edición traducida al español de los cuatro tomos del Ensayo político sobre el reino de la Nueva España (1822) por Alexander von Humbolt, Histoire Du Consulat (1865) de Adolphe Thiers, Littre et le positivisme (1885) de E. Caro o el inigualable Les miserables (1862) de Victor Hugo, el cual solo vi el primer tomo de esa obra. No era parecido a otra colección antes vista. Los empastados estaban sumamente cuidados y el forrado y sello daban el toque fino de esta colección. Algunas pocas obras bolivianas, como las de Félix Reyes Ortiz, Narciso Campero o Nicolás Acosta pude ubicar, más no otras. Era imposible no encontrar obras en español. Preguntando al librero si existían más libros que había adquirido, me comentó que un domingo antes se fueron en “sacos” varios lotes de libros. Ahí estaba la respuesta al asunto de los libros en español. La biblioteca de Julio Méndez ya estaba en otras y varias manos.

Para el momento que fui solo ya existían ejemplares de la casa editorial La España Moderna y de F. Sempere. No fueron muchos, pero mantienen en el lomo las siglas características. 

Al terminar el recorrido y haber leído varios títulos que siguen esperando un nuevo dueño, pude hacerme varias preguntas del porqué varias familias descendientes se deshacían de estas colecciones. Muchos factores encontrados. Algunos justificados, otros no. No era algo fuera de lo común encontrar bibliotecas en las manos de libreros, lo raro fue encontrar una colección completa. Después de todo, lo interesante y positivo es que estas obras iban a ser valoradas por el futuro dueño, continuando con la tradición tan exquisita de encontrar obras raras o curiosas.

La biblioteca de Julio Méndez se adhiere al corpus de libros dispersos y desaparecidos como los de Belisario Díaz Romero, Enrique Finot, Ismael Sotomayor, Enrique Condarco o Gustavo Adolfo Otero.