De la vida auténtica entre conexiones sin cables.

Una aproximación al “pensamiento inalámbrico” de Jorge Luna Ortuño



De una manera tan entretenida como estructurada, y sirviéndose de distintos elementos de la cultura popular como el cine, el fútbol, las artes marciales y la música, el filósofo paceño Jorge Luna Ortuño logra establecer a través de su libro “Pensamiento inalámbrico” una efectiva conexión creativa con el lector, al invitarlo a entrar en el ámbito de sus reflexiones que, en todos los casos, encuentran fundamento y consistencia en la filosofía.

Son varios asuntos de común interés los que Luna aborda en su propuesta. Nos invita, por ejemplo, a tomar conciencia sobre ciertas estructuras mentales, algunas de ellas en desgaste, como es el caso de valores que se recitan casi de memoria pero que pocas veces son puestos en práctica, lo que genera una sobrecarga de discurso hipócrita en distintos ámbitos de la sociedad. Empero, una cuestión central que preocupa al autor es la forma de alcanzar una vida auténtica, entendida como una forma de vivir concientemente, repasando de nuevo los principios de las creencias y valores a los que por prejuicios o por convencionalismos nos sujetamos, pero que no necesariamente dicen de nosotros lo que en realidad somos como personas. El reto consiste en pensar en la coherencia de nuestras subjetividades en relación con la manera en que las manifestamos en la cotidianidad.

Utilizando la imagen mental de lo que son hoy en día las tecnologías de comunicación, Luna observa una semejanza entre el proceso de evolución de las mismas y la evolución subjetiva por la que las personas son capaces de atravesar para convertirse en sujetos inalámbricos. Pero, ¿qué quiere decir con ello? El autor insiste en que es erróneo encasillar a los inalámbricos en una definición cerrada. Todas las personas son sujetos inalámbricos en potencia, en la medida que son capaces, primero, de tomar conciencia de los pensamientos, prejuicios y creencias (cables) que los sujetan al universo de significaciones simbólicas de la sociedad y, segundo, de replantearse los contenidos conceptuales de estas significaciones, para asumir con cierta autenticidad una especie de subjetividad propia. Pasando por este proceso es como se forman individuos libres que saben construir conectividades creativas y que saben amar de manera distinta.

Se puede entender este proceso como un acto rebelde, efectivamente, pero Luna observa que, más bien, al tener como propósito alcanzar una vida auténtica, el proceso de cuestionamiento a las estructuras mentales debe ser considerado como una rebeldía inalámbrica o madura, que no se asemeja a aquellos tipos de rebeldía infantil que quieren romper los moldes simplemente por romperlos. El propósito de la rebeldía madura es otro: trascender los moldes de manera creativa y subversiva, para reafirmar los valores y creencias, nutriéndolos de fundamento y argumentación coherentes. Convertir los pre-conceptos en conceptos, por así decirlo. Y los conceptos que el sujeto cosecha de este proceso serán portátiles, lo acompañarán a lo largo de su camino por la vida, los llevará bajo el brazo y en el bolsillo, así como podemos llevar el teléfono celular o la computadora portátil a donde queramos llevarlos, para utilizarlos sin los cables de los esquemas convencionales.

Por otro lado, es evidente que todas las personas tienen algo de inalámbricas por naturaleza, y Luna pone de manifiesto aquello a través de nobles ejemplos: ¿cómo explicar la conexión que existe entre dos amantes o entre una madre y su hijo? No hace falta describir la conexión que uno siente cuando se topa con un objeto o un fenómeno que provoca reacciones y emociones profundas en la subjetividad, como sucede, por ejemplo, cuando escuchamos una melodía inspiradora, cuando contemplamos una obra de arte o cuando nos estremece el asombro ante la incomprensibilidad del universo, la inmensidad del cielo estrellado o el encanto de un horizonte sumergido en el mar. ¿Con quién o con qué nos conectamos en esos precisos instantes, en los que la vida se manifiesta con tanto brío dentro de cada persona? Con el ser amado, con el mundo, con una deidad, con el Otro o quizás con el propio Yo. En todo caso, estas conexiones son, para Luna, cuestiones vitales.

Siguiendo con esta línea, el asumir una postura conciente con respecto a la capacidad innata que tenemos de conectarnos, podría desembocar en el descubrimiento de talentos ocultos y en un incremento de las expresiones creativas de cada persona. El autor cuestiona, entre otras cosas, el modelo convencional de educación que, por lo general, se ocupa más de crear cables mentales que de fomentar el pensamiento inalámbrico. En palabras del autor: ¿por qué no nos educan a todos para que tengamos una obligación creativa de dejar un legado? Quizás resulte casi vital prestar atención a esta cuestión en nuestro contexto, donde la actividad creativa, por ejemplo en el ámbito de la producción intelectual o artística, se tropieza con más dificultades que motivaciones.

En todo caso, el ensayo de Jorge Luna es muy creativo y nos recuerda un poco al estilo de Cortázar, al prescindir de un orden lineal e invitar al lector a recorrer el libro sin un orden determinado. Entre citas e influencias de personajes tan diversos como Slavoj Zizek, Gilles Deleuze, Félix Guattari, William Blake, Joaquín Sabina, Jesús Urzagasti, Cristopher Nolan (director de cine), Bono (de la banda de rock U2) y muchos otros, nos encontramos ante una narrativa de gran intertextualidad, donde las reflexiones conceptuales van de la mano con asuntos del diario vivir, con memorias y percepciones personales del autor, con datos históricos y análisis futbolístico. Sumamente recomendable.

El libro “Pensamiento inalámbrico” ha sido publicado por Plural Editores y será presentado por su autor en nuestra ciudad. La invitación abierta convoca al público a asistir a la presentación que tendrá lugar el día miércoles 21 de mayo a horas 19:00 en los ambientes del Centro Pedagógico y Cultural Simón I. Patiño

* Es licenciada en Filosofía y Letras.