Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 05 de diciembre de 2021
  • Actualizado 22:34

Alfonso Crespo y la desmemoria histórica

Primera parte de este texto en el que el autor realiza una lectura crítica a propósito de la biografía del exdictador Hugo Banzer Suárez.
El biógrafo Alfonso Crespo y la portada de la biografía ‘Banzer, el destino de un soldado’. CORTESÍA AUTOR
El biógrafo Alfonso Crespo y la portada de la biografía ‘Banzer, el destino de un soldado’. CORTESÍA AUTOR
Alfonso Crespo y la desmemoria histórica

En el Sesquicentenario de la República de Bolivia, el gobierno saliente presentó el Libro Blanco de Realizaciones del Gobierno de las Fuerzas Armadas - Bolivia 1971-1978 (s.f.), que es un informe de gestión del gobierno de facto del Gral. Hugo Banzer Suárez –del 21 de agosto de 1971 al 21 de julio de 1978–, en donde resalta logros institucionales, económicos, sociales, políticos y jurídicos. En términos generales, es un libro propagandístico que contiene bastante información técnica que detalla “el desarrollo económico-social acelerado” en manos de las Fuerzas Armadas. Los autores del informe indican que “en 1971 se retomaron las banderas de la Revolución Nacional, sobre bases humanísticas y cristianas”, todo esto con el fin de alcanzar “un cambio en la conciencia de los bolivianos. La frustración y el derrotismo han quedado atrás. Ahora enfrentamos el porvenir, con seguridad, optimismo y confianza”. Además, el Libro Blanco contiene decenas de fotografías del ámbito político, social y económico que tuvieron la intención de “cementar” en la memoria colectiva el eslogan: “orden, paz y trabajo”.

Décadas después, aparecieron algunos libros que siguieron metódicamente las líneas trazadas en el Libro Blanco, con el aditamento de transfigurar al dictador como el gran “reconductor” de la democracia boliviana. Se tiene por ejemplo, el texto Banzer: democracia y nacionalismo (1990) del profesor de Estado, Floren Sanabria; la investigación De cara a la revolución del 21 de agosto de 1971 (1999) del militante de Acción Democrática Nacionalista (ADN), Fernando Kieffer Guzmán; y la obra Banzer, el destino de un soldado (1999), de Alfonso Crespo. De los autores indicados –por razones de espacio–, nos referiremos a la última. 

La tortuosa genealogía de la familia Banzer

El “señor de las biografías”, como se solía llamar a Alfonso Crespo Rodas (1916-2011) inicia la biografía de Hugo Banzer Suárez a partir de la historia de sus ancestros. Sin un rumbo claro y hasta confuso menciona que “en 1548, el capitán español Domingo Martínez de Irala salió de Asunción, cruzó el Chaco y llegó hasta el río Parapetí. Su objetivo era descubrir la sierra de la plata”. Crespo nos recuerda con mucho detalle y énfasis que “Bolivia es un país dividido en dos regiones. En primer lugar, la occidental o andina (…). Pero Bolivia no es sólo la región occidental, o sea el altiplano y los Andes. La mayor parte del territorio se extiende sobre la región oriental, es decir, Santa Cruz, Beni y Pando, que por ley geográfica, gravitan hacia los ríos Amazonas y de la Plata, o sea hacia el Océano Atlántico”. Toda esta dilucidación telúrica, sirve a Alfonso Crespo para afirmar que primero fueron los conquistadores españoles; luego los jesuitas; después los bolivianos. Posteriormente dice: “A estos denotados esfuerzos desplegados en el tiempo y en el espacio para dar una identidad propia a los Mojos y Chiquitos, se sumó el aporte de gente de otra raza: los germanos”. 

Luego de rastrear someramente la llegada de los alemanes a suelo boliviano nos recuerda que Hugo Banzer es nieto de alemanes. Crespo asevera que la estirpe de la familia de Banzer se remonta al siglo XVIII: “Un antecesor, Georg Banzer (primero) nació en Schaffhausen, Suiza, en 1788 y murió en Osnabrück, Alemania, en 1853. De él se sabe que, gracias a su dominio del idioma francés, fue contratado durante un tiempo por Napoleón I, como interprete, cuando los ejércitos imperiales operaban en Alemania. Casado con Anna Margaret Haffner, vivió muchos años en Osnabrück. El matrimonio tuvo tres hijos: César, David y Heinrich. David nació en 1810 y [se] casó con Carola Schwittering. Este matrimonio tuvo cinco hijos: Louise, Emma, Georg (segundo) nacido en 1850, Carl y César”.    

Tras reconstruir el linaje de los Banzer, Crespo se enfoca en el personaje Georg Banzer Schwittering, que “combatió en la guerra francoprusiana de 1870 y emigró a Bolivia poco después. Ingeniero mecánico, se radicó en Santa Cruz donde levantó el primer taller de forja de metales, verjas, cruces de iglesias, adornos (…)”. Como era previsible, Crespo dice de Georg Banzer era un hombre laborioso y de gallarda postura, que esto le valió para que fuese acogido por la sociedad cruceña y lo llevará a contraer nupcias con una dama de estirpe chiquitana de nombre Josefina Aliaga: “La pareja tuvo vasta progenie: Carmen, Luisa, Carolina, Emma, Josefina, Georg, David, Cesar (futuro padre de Hugo), Carlos y Enrique”. Décadas después, Cesar Banzer Aliaga y Luisa Suárez contrajeron matrimonio en 1925 y tuvieron  tres hijos: Hugo, David y Julio Cesar.

Biografía de Hugo Banzer  

Según registra Alfonso Crespo, Hugo Banzer Suárez nació el 10 de mayo de 1926, en la hacienda “El Junquillar”, perteneciente a la antigua misión jesuítica de Concepción del Departamento de Santa Cruz de la Sierra. De indicar la fecha y lugar de nacimiento de Banzer, pasa a repasar la historia de la localidad de Concepción desde la Colonia. Otros datos anecdóticos de gran importancia para Crespo, es que la partida de bautizo de Hugo Banzer desapareció y fue remplazado por una supletoria. También menciona que la “mansión de la familia Banzer-Suárez era espaciosa y bien situada, tenía una confortable terraza donde por lo habitual se servían las comidas o se descansaba en hamacas. No poseía cañerías de agua potable, la que era provista mediante tinajas portadas por empleadas (…). La escuela disponía de una sola habitación y los niños debían traer sus propias sillas (…). A los seis años, Hugo era un chicuelo vivaz, inquisitivo y gregario. Los ojos eran el rasgo predominante de su fisionomía: grandes, con pestañas que resaltaban bajo una frente amplia y unos cabellos ensortijados que tendían a rubios”.

Por el año 1933, la madre de Hugo decidió trasladar a sus hijos a la ciudad de Santa Cruz de la Sierra para que iniciaran sus estudios primarios. El padre se quedó en la hacienda “El Junquillar”. Concluido el ciclo primario, ingresó al Colegio Nacional Florida: “Hugo estudió dos años en la Florida, sin obtener diploma de bachiller. Lo que anhelaba era ser militar como su tío Carlos o como Germán Busch, hijo de un amigo de su padre, el doctor Busch, cuyas hazañas había oído relatar”. Más tarde, Hugo se postuló al Colegio Militar de La Paz, “en aquella época, la selección era rigurosa, pues aparte de exigir requisitos previos, tales como el grado de instrucción, se aquilataba el nivel económico y social de la familia del candidato, así como rasgos de su mentalidad”. Crespo afirma que Hugo Banzer reunía cualidades suficientes –y sin haber terminado sus estudios secundarios– fue admitido en el Colegio Militar. Con el afán de resaltar las destrezas del cadete Banzer, el escritor recurre a testimonios de instructores que no salen del libreto trazado. Posterior a ello, hay varias referencias cronológicas que mencionan por ejemplo, el viaje a la República de Argentina como becario; su designación como oficial instructor del regimiento Ingavi 4 de caballería, de guarnición de Challapata; su pasó por el regimiento Abaroa de guarnición en Guaqui, entre otros.