Acerca del álbum para piano ‘De desamor’
El sello Virtuoso Records lanzó el nuevo disco del pianista y compositor Daniel Álvarez Veizaga, con 14 cuecas para piano propias y otras de Ramiro Soriano y de Jaime Mendoza-Nava
No es la primera vez que me toca referirme a Daniel Álvarez Veizaga y a su música, sin embargo, el texto, lejos de repetirse, se renueva, porque el compositor se renueva y nos permite descubrir nuevos resquicios de su amplia producción musical. Tampoco es nuevo destacar que a Daniel le interesan sobremanera los ritmos populares y la música boliviana, una parte sustancial de las obras que le conocemos están referidas al folklore boliviano y a las tradiciones de este país.
Quizás el referente más cercano, para analizar el ciclo “De Desamor” (2023), constituido por siete cuecas, sea la colección de “Fugas Bolivianas”, a la que yo halagué con verdadero entusiasmo, al punto de decir que se trataba de la colección de música boliviana para piano, más importante de los últimos 50 o 100 años.
En este ciclo de cuecas, encontramos un alto grado de subjetividad. Subjetividad en el sentido que, la ausencia de literalidad, el nivel de referencialidad, cuando no la cita textual y la abstracción propia de cierta música contemporánea, le permiten a la obra, desenvolverse en una poética actual sin dejar de percibirse como el ritmo folklórico al que pretende aludir.
Como virtuoso intérprete del instrumento, el pianismo de este ciclo está fuera de toda discusión. Creo sin dudar, que una obra como ésta, difícilmente hubiera podido ser escrita por un no pianista. Desde la construcción de acordes, perfectamente acomodados a la fisonomía de las manos, hasta el desarrollo del contrapunto o el uso de algunas técnicas extendidas, como los amplios “clusters” de la primera cueca, dan muestras claras del dominio del instrumento por parte del compositor. Y ese pianismo no solo le pertenece a Daniel Álvarez, sino a Simeón Roncal, Miguel Ángel Valda y otros, es decir forma parte de una tradición ya establecida dentro de la música boliviana.
Las cuecas tienen su personalidad propia, aunque todas ellas pertenecen a una misma idea que toma su fuente de inspiración en el texto de Rafael García Rosquellas titulado “Sed de Amor”, texto inmortalizado por la cueca homónima de Miguel Ángel Valda. La primera de las cuecas del ciclo, es caprichosa, tanto en la forma como en el uso del ritmo y los diseños melódicos, con una construcción armónica modernista y acordes cargadas de tensiones y disonancias, sin llegar decididamente atonalidad. Su título “Sin Sol”.
La segunda cueca “En el Mal” es al mismo tiempo poética como virtuosa. En medio de un bravo discurso pianístico con irrupciones sorprendentes, emerge el pianismo de la gran cueca de salón, ciertos destellos “roncalescos”, poderosos y evocativos son capaces de conmovernos.
La tercera, titulada “Aquesta”, es graciosa y simpática, apela ciertos motivos asociados con la música infantil, hábilmente combinados con los suyos propios. Daniel se las ingenia para combinar todos ellos y darle una identidad particular. A más del uso de este material la pieza tiene un lirismo propio, situándola en un punto de quiebre dentro del ciclo.
La cuarta cueca de la colección titula “Hasta” y, resulta ser una de las más abstractas de la colección donde apenas es perceptible el aroma de cueca. Por otro lado, es una de las que más se aleja de la escritura tradicional. Tal grado de abstracción y búsquedas tímbricas, vuelcan el interés hacia la poesía y el simbolismo. Es que, quizás, quiera ésta representar que así es el boliviano, insólito, insospechado, errante y por qué no poético.
La quinta titulada “Quedamente 1” emplea el perfume de “Sed de Amor” ya que no una cita textual. Y ese perfume lo presenta tan raleado que nos lleva a una constante duda. Es una cueca que avanza “sin querer queriendo”, pero conserva el espíritu del ciclo.
“Quedamente 2” es el título de la sexta de las cuecas. En esta pieza Álvarez Veizaga insiste en hacernos percibir partículas de “Sed de Amor”, y digo partículas, porque el olor de la cueca de Valda, es aún menos perceptible, pero lo suficiente como para que la sintamos, está en el “umbral” de nuestra percepción. Como todas las anteriores, las dificultades pianísticas, nunca gratuitas, resultan un desafío para cualquier intérprete. El oficio de Daniel queda en total evidencia.
Finalmente, el ciclo se cierra con “Esperar”, a mi parecer la más exuberante de las cuecas de este ciclo. Luego de un inicio cristalino en los registros agudos del piano, Daniel presenta un primer tema lírico, rico, potente y absolutamente “cuequístico” (con perdón del neologismo). ¿Qué pretende el compositor? Yo pienso que lo que pretende es abrir las compuertas de la imaginación y no restringir ninguna de sus ideas, fuesen las que fuesen, siendo el resultado una pieza que, más que cueca, es una auténtica fantasía. Otra vez: ¿Qué pretende el compositor? En última circunstancia lo que pretende es emocionarnos o quizás enloquecernos. Otro aspecto imposible de no percibir, es el despliegue técnico del piano y el asentado oficio que demuestra el autor. Si bien a lo largo de todo el ciclo, Daniel apela a la polirritmia, en esta última cueca es donde más fuertemente se la siente, como en aquella seguidilla de cuatrillos de figuraciones diferentes, que van del compás 78 al 85. La sensación es interesante, una embriaguez polirritmica sobre las figuraciones agrupadas de a cuatro.
En fin, escuchar y analizar “De Desamor”, debe realizarse con apertura de mente y de corazón, no pensando que se está frente a una colección de cuecas solamente, sino frente a un conjunto de poemas sonoros brillantemente elaborados. La sensación que me dio esta colección es equivalente a ver y escuchar al personaje desprovisto de su piel externa. Vemos su corazón abierto, sus venas, sus tendones, sus huesos. Es el personaje, más real que nunca, pero al no tener completa su piel externa, nos cuesta reconocerlo. No obstante, esto nos permite ver y conocer su interior, tan real como su aspecto externo. Maravillosa colección de cuecas, de pequeñas obras maestras plagadas de sorpresas y colores pocas veces vistos en nuestra música. Es indudable que este ciclo, pasará a formar parte de la gran literatura pianística de la música boliviana del siglo XXI.
Ramiro Soriano Arce ha demostrado, en los últimos años, ser uno de los baluartes de la música boliviana, habiendo evolucionado hacia una técnica compositiva y un estilo propio, individual y, esencialmente, libre. Las referencias a la música boliviana y al ser boliviano, no solo resultan evidentes sino sutiles y principalmente poéticas. La poética de Soriano combina elementos provenientes de muchos contextos distintos relacionados con su vasta experiencia como músico, director de orquesta y compositor. La colección de Cinco Cuecas da muestras de un oficio depurado, de una extrema fineza y de un carácter expresivo propio y potente. Son una perspectiva personal y nueva de esta música tan enraizada en el ser boliviano.
“Obsesión” es liviana, sutil, rítmica y hasta cierto punto graciosa. El uso extensivo de segundas contrasta con el lirismo de su línea melódica y el capricho de sus síncopas. Una verdadera perla cuyo final tiene un potente sorpresivo final. “Añoranzas” tiene un diseño más caprichoso con destellos de soberbia emotividad y elocuencia. Sus diseños irregulares y sus armonías cargadas de tensiones dan a esta pieza un carácter personal y elegante.
“Cueca para Johannes” combina el sentir y la elegancia de la cueca con el motivo del segundo movimiento del Concierto para Piano N° 2 de Johannes Brahms. No se puede negar el agudísimo ingenio del compositor para logras extraer una cueca a partir de este motivo tan caro paro los amantes del compositor alemán y la música del Romanticismo europeo. Pero el resultado es sorprendentemente personal. Es así el mundo sonoro y creativo de Soriano, un portento de cueca.
El caso de la “Cueca para Simeón” es parecido, pero esta vez partiendo de una cueca de Simeón Roncal, el paladín de la cueca boliviana de salón. Mucho más delicada en su inicio para desembocar en una delicada línea melódica que combina al mismo tiempo la expresión de la cueca de Roncal con las propias búsquedas compositivas de Ramiro Soriano. Otra magnífica obra de arte.
“Queja de ausencia” se aleja un poco de las anteriores, su fisonomía es modernista, sin perder el encanto y las sutilezas de las anteriores, casi está planteada como un contraste a la elocuencia de sus predecesoras, aunque no deja de tener momentos de intensidad y amplias sonoridades en un piano resonante y potente.
“Cueca Lenta”, es una cueca independiente que circula a través de un lenguaje en el que la tonalidad vaga con mayor libertad que en las del ciclo anterior y el carácter resultante es desafiante y menos convencional. No deja de ser una muestra de la gran capacidad creativa de Ramiro Soriano Arce y del desarrollo de un oficio cada vez más depurado.
Jaime Mendoza Nava (1925-2005) pertenece a otra generación, parte del grupo de compositores post-nacionalistas, vinculados con un modernismo, que, a pesar de no tener en Bolivia gran cantidad de representantes encarnan un momento vital de la música de este país cercado de montañas y leyendas. La cueca “Trenzas” es una soberbia muestra de las aspiraciones musicales de Mendoza Nava. Si bien no se encuentra entre sus obras más ambiciosas, el grado de sutileza y fantasía la convierten en una joya para la cueca y la música boliviana para piano, de innegable belleza.
Unas palabras acerca de la interpretación pianística del álbum “De Desamor” de Daniel Álvarez Veizaga. Dos elementos quedan a la vista después de escuchar todo el álbum, por un lado, la potente vena creativa del autor y por el otro lado la alta capacidad interpretativa, demostrando, no solamente un dominio del instrumento que interpreta, sino su constante preocupación por no dejar escapar ningún detalle anotado por el compositor en la partitura. A estas cualidades indiscutibles, debemos sumar una última: la absoluta comprensión del espíritu de la cueca boliviana, al tiempo elegante, alegre y apasionado. Daniel nos demuestra la comprensión de la cueca, pero a través de su propio prisma y de su propia visión como creador. Muy probablemente éste álbum sea uno de los más altos logros artísticos de la música para piano hecho en Bolivia, no solo para los bolivianos sino para el mundo.
El autor es compositor, investigador, director de orquesta y escritor