En Matarani lincharon al hijo del Corregidor delante de sus padres
21 de agosto de 2008 (20:06 h.)
Con el rostro lleno de hematomas y el alma lacerada, el corregidor de Matarani, Modesto Flores y su esposa Severina Velarde contaron ayer que fueron obligados a presenciar la tortura y el cruel asesinato de su hijo, Jorge Flores Velarde de 20 años, ejecutado por comunarios de diversas localidades aledañas que lo sindicaron a él y a sus dos amigos, de robar un perol de bronce en Chacuyo.
Después de la barbarie, los esposos tuvieron que huir corriendo hacia la cordillera de Cacoma, caminaron durante toda la noche y ayer en la mañana, fueron rescatados por dos policías que arriesgaron sus vidas para salvarlos, a bordo de un taxi que fue apedreado al pasar por una zona cercana al Cañadón.
En quechua, Modesto Flores de 58 años y Severina Velarde de 60 contaron que el miércoles a la una de la madrugada, su hijo Jorge llegó a su vivienda en compañía de dos amigos, identificados como David Alanes Franciscano de 16 años y Daniel Quispe de 27.
Los tres se echaron a dormir pero media hora más tarde, unos 150 comunarios de diversas localidades tocaron a su puerta, ingresaron por la fuerza, sacaron a los tres jóvenes y a los propietarios de la casa, los llevaron hacia la zona del cementerio, cerca del río.
Allí, los padres fueron obligados a presenciar la golpiza a su hijo y su macabra muerte. “Todo el camino les han pegado, había un pozo, le han botado ahí a mi hijo, de rodillas, y con una picota le han dado en su nuca hasta matarle como a ganado, de los otros dos yo no he visto si les han matado”, relató llorando Severina Velarde.
La pareja también fue flagelada con golpes de puño y de palos, porque muchos comunarios mencionaban que si el hijo había sido visto robando era porque la familia era de ladrones y que si no los mataban, era por la investidura de Corregidor del padre.
La pareja huyó y caminó horas para evitar que la furia alimentada por el alcohol entre los comunarios, se extienda hacia ellos. Los policías Wilson Moya y Alejandro Guzmán, los rescataron en la cordillera y los pusieron a salvo.
Policía aguarda
Un contingente policial intentó ayer nuevamente ingresar a la zona en conflicto, pero fue imposible. Primero se encontraron con un bloqueo de caminos en el kilómetro 25 que fue sorteado, pero al llegar a la zona del Cañadón, donde dos volquetas llenas de comunarios les esperaban para cerrarles el paso y otros campesinos estaban apostados en las alturas, munidos de piedras y palos. Incluso se mencionó que noche antes, algunos comunarios estaban armados con fusiles Máusser. Para evitar enfrentamientos, la Policía se replegó y espera que los ánimos se calmen para cumplir con los procedimientos legales de la verificación y levantamiento de los tres cadáveres.
Después de la barbarie, los esposos tuvieron que huir corriendo hacia la cordillera de Cacoma, caminaron durante toda la noche y ayer en la mañana, fueron rescatados por dos policías que arriesgaron sus vidas para salvarlos, a bordo de un taxi que fue apedreado al pasar por una zona cercana al Cañadón.
En quechua, Modesto Flores de 58 años y Severina Velarde de 60 contaron que el miércoles a la una de la madrugada, su hijo Jorge llegó a su vivienda en compañía de dos amigos, identificados como David Alanes Franciscano de 16 años y Daniel Quispe de 27.
Los tres se echaron a dormir pero media hora más tarde, unos 150 comunarios de diversas localidades tocaron a su puerta, ingresaron por la fuerza, sacaron a los tres jóvenes y a los propietarios de la casa, los llevaron hacia la zona del cementerio, cerca del río.
Allí, los padres fueron obligados a presenciar la golpiza a su hijo y su macabra muerte. “Todo el camino les han pegado, había un pozo, le han botado ahí a mi hijo, de rodillas, y con una picota le han dado en su nuca hasta matarle como a ganado, de los otros dos yo no he visto si les han matado”, relató llorando Severina Velarde.
La pareja también fue flagelada con golpes de puño y de palos, porque muchos comunarios mencionaban que si el hijo había sido visto robando era porque la familia era de ladrones y que si no los mataban, era por la investidura de Corregidor del padre.
La pareja huyó y caminó horas para evitar que la furia alimentada por el alcohol entre los comunarios, se extienda hacia ellos. Los policías Wilson Moya y Alejandro Guzmán, los rescataron en la cordillera y los pusieron a salvo.
Policía aguarda
Un contingente policial intentó ayer nuevamente ingresar a la zona en conflicto, pero fue imposible. Primero se encontraron con un bloqueo de caminos en el kilómetro 25 que fue sorteado, pero al llegar a la zona del Cañadón, donde dos volquetas llenas de comunarios les esperaban para cerrarles el paso y otros campesinos estaban apostados en las alturas, munidos de piedras y palos. Incluso se mencionó que noche antes, algunos comunarios estaban armados con fusiles Máusser. Para evitar enfrentamientos, la Policía se replegó y espera que los ánimos se calmen para cumplir con los procedimientos legales de la verificación y levantamiento de los tres cadáveres.