EL CENTRO INTENTA REINSERTAR A JÓVENES, EN VIACHA
Qalauma, un puente entre el desacierto y la esperanza
En el municipio de Viacha, en la provincia Ingavi del altiplano paceño, a 3.876 metros sobre el nivel del mar, se encuentra el único centro de rehabilitación para jóvenes del país, por las características de sus programas de reinserción social. Qalauma (agua que labra la piedra) es un espacio de aproximadamente cuatro hectáreas donde funciona el centro penitenciario que alberga a 257 internos entre varones y mujeres, según datos de la Dirección General de Régimen Penitenciario (DGRP) hasta este mes.
El sitio viene operando desde agosto de 2011 y su creación fue promovida por el proyecto Mundo, la diócesis El Alto y el gobierno central bajo el concepto de que los menores de 21 años no pueden estar recluidos en centros penitenciarios de adultos como San Pedro y Chonchocoro.
El lugar es vigilado por 80 policías que dividen su trabajo en dos turnos. A estos se suman los 15 funcionarios administrativos, además de los instructores en diferentes ramas técnicas como metal mecánica, costura, carpintería, panadería, galletería, marroquinería, artesanía, gastronomía, agropecuaria y serigrafía.
De los 257 internos, por diversas circunstancias atribuibles a la carga procesal en el sistema judicial, 43 tienen sentencia ejecutoriada, en tanto que la población con detención preventiva alcanza a los 214.
El centro Qalauma está dividido en dos pabellones: el de mujeres, donde se encuentran 15, y el de varones, donde el número alcanza los 242.
MODELO SOCIOEDUCATIVO El establecimiento, desde un inicio, viene trabajando bajo el modelo socioeducativo, que significa que los jóvenes apenas lleguen al recinto (y en el marco de la justicia restaurativa) reciben instrucción en diferentes áreas, según el exgobernador de dicho espacio y ahora asesor de la Dirección General de Régimen Penitenciario Mayor, Erick Clavijo.
“Los jóvenes y señoritas privados de libertad cuentan con una terapia ocupacional al 100% en función a los pilares que tenemos para la reinserción, que son el trabajo, educación, deporte, cultura y la religión. Lo que hacemos en Qalauma es que el joven privado de libertad pueda meterse en ese modelo”.
INCOMPRENSIÓN FAMILIAR La mayor cantidad de los jóvenes internos en Qalauma atravesó por problemas en su núcleo familiar o fueron marginados por sus seres queridos y buscaron refugio en amistades que vivían similares situaciones con quienes, como una forma de revelarse ante la sociedad, cometieron actos delictivos.
DELITOS Y EDADES El director general de Régimen Penitenciario, el coronel José García, explicó que la gran mayoría de los internos en Qalauma llegó por el ilícito de robo agravado. Otro de los factores es el de lesiones graves y leves, también están privados por trata de personas, entre otros delitos comprendidos en el Código Penal, pero a diferencia de internos de otros recintos, la población de Qalauma oscila entre los 18 y los 28 años en el marco de la Ley de Juventudes y tienen mayor capacidad de reinserción social.
CENTRO DE VISITAS PARA NIÑOS A SUS PADRES Con la colaboración de UNICEF, la DGRP entregó el martes pasado dos centros (uno en cada pabellón) de visita de niños a padres privados de libertad, donde los pequeños podrán compartir un momento de esparcimiento con sus progenitores mientras los visitan. Los sitios acogerán al menos a 40 niños que llegan cada jueves a ver a sus padres, según el coronel García.
Por su parte, Rafael Ramírez, representante de UNICEF en Bolivia, manifestó que promoverán la implementación de similares centros en otros recintos penitenciarios con el fin de que los niños de los privados de libertad tengan tiempo de calidad y calidez al lado de sus padres.
HISTORIAS DE VIDA Gabriel V. fue encerrado en 2016, después de que, junto a su grupo denominado “Cartel family”, agrediera y robara pertenencias a una pareja en la calle Montevideo de La Paz. Junto a él, otro integrante de su pandilla fue recluido. Recuerda que antes de llegar a Qalauma, los únicos pasatiempos que conocía eran el consumo de bebidas alcohólicas, sustancias controladas y el robo. Todo eso desencadenó en que se convierta en un ser que no sentía temor ni pena por causar daño a sus semejantes.
“Le doy gracias a Dios no por haber entrado aquí sino por el hecho de que tal vez no hubiera conocido este lado y hubiera seguido en esa vida de joda, tomar y pelear, pero gracias a Dios, ahora, estos cuatro años que estoy aquí, me han servido mucho para reflexionar. Ya sé la mala vida, ahora me toca conocer la buena”.
Tras haber atravesado parte de su vida en el establecimiento, tiene metas y otras ideas, entre ellas, reunirse con su hijo, que está en España, a quien no ve desde hace bastante. Gabriel, antes de ingresar a la institución, no había manejado alguna herramienta. Sin embargo, luego de participar de los cursos de ramas técnicas, ahora ostenta un título de técnico auxiliar en metal mecánica. También aprendió a elaborar muebles de madera, pero cuando salga quiere poner en práctica el otro oficio en el que se capacitó, que es el de la gastronomía, con el que piensa poner un negocio y dedicarle el máximo esfuerzo.
Dafne P., una joven que no pasa de los 25, también llegó a Qalauma por robo agravado. rememoró que junto a un grupo de personas bebía en una calle paceña, donde tuvo una riña con otra muchacha que la sindicó de haberle despojado de sus pertenencias. Días más tarde un juez determinó su reclusión.
Experimentó la deslealtad de quienes consideraba sus amigos en momentos de ocio y diversión, entre copas. Desde que ingres, hace un año, no recibió ni la visita ni una carta de ellos, aunque sí de su familia y su pequeña.
A poco tiempo de dejar el centro quiere continuar derecho en la Universidad Mayor de San Andrés para después ayudar a otros jóvenes que por haber cometido errores son sentenciados a vivir en el encierro.