Presidente de intensivistas viaja a Guayaramerín para capacitar a médicos: “No estaría tranquilo en mi casa viendo esta situación”

Con lágrimas, el especialista describe la preocupante realidad que atraviesa esa ciudad beniana, donde no hay ni un solo intensivista y las condiciones del hospital son precarias.  

Con la voz entrecortada, haciendo pausas para contener las lágrimas, Adrián Ávila, presidente de la Sociedad Boliviana de Medicina Crítica y Terapia Intensiva, relata el panorama desolador que encontró al llegar a Guayaramerín, un municipio del departamento de Beni, el viernes, para capacitar a los médicos de esa ciudad en el uso de los respiradores.
Ávila fue contactado por la actriz Carla Ortiz, a través de su fundación con el mismo nombre, para que pueda trasladarse hasta esa ciudad, donde no existe ningún especialista intensivista y las condiciones de salud son precarias.
Viajó solo y, desde que llegó, comenzó a organizar los talleres que dará para que los médicos generales y las enfermeras puedan atender a los pacientes con coronavirus.

Adrián Ávila, después de descender a la avioneta que lo llevó de La Paz hasta Beni. CORTESÍA ADRIÁN ÁVILA.


Hace unas semanas estuvo en Trinidad, donde también fue a entregar ayuda y colaborar con lo que hacía falta. La crisis sanitaria en ese departamento ha despertado la conmoción del país y, desde las redes sociales, se gestiona todo tipo de colaboración, desde víveres hasta medicamentos.
“La situación es muy trágica, da mucha tristeza. El sistema está totalmente saturado, no hay camas, faltan equipos, insumos para laboratorios, falta todo”, asegura.
A pesar de haber estado antes en Trinidad, asegura que no se compara con la realidad de Guayaramerín. La deficiencia de equipos y personal provoca una mezcla de horror que parece no encontrar una salida.  “Me quedé sorprendido ante la situación en la que encontré ese hospital. Así traigan 100 ventiladores, esa no es la solución. Tienen problemas de infraestructura, de recursos humanos, faltan medicamentos. No hay oxígeno, pese a ser un insumo vital”, relata Ávila.
En el nosocomio de la ciudad solo hay médicos generales y los contagios no dejan de sumarse; hasta el momento hay 247 positivos y 15 fallecidos.
Ante la falta de especialistas y equipos, Ávila considera que es fundamental reforzar el trabajo previo para evitar que las personas lleguen hasta el hospital en condiciones críticas. También, asegura que la telemedicina es una forma de capacitar a los galenos y atender a los pacientes.
“Si todo el pueblo no se une, si no nos apoyamos, van a ir mal las cosas. El objetivo es concientizar a la gente para que hagan campañas y apoyen”.
La difícil situación del lugar hace que cualquier ayuda sea bien recibida. “Ellos piensan que tengo mucho poder, pero mi cargo solo se enmarca en la parte científica, más de eso no tengo. Pero, más allá de mi condición actual soy boliviano y me toca ayudar y aportar”, asevera.
Desde que asumió la presidencia de la sociedad de intensivistas ha sido un ferviente crítico de los aspectos irregulares en el sistema de salud y la falta de atención. “Lancé la toalla con los políticos, ellos están velando otros intereses, no les importa la salud”, asegura.
Sin embargo, eso no mermó su compromiso con su profesión y su incansable labor. El motor de su energía es claro. “Quiero que mis hijos crezcan en una Bolivia mejor, que tengan acceso a la salud, a la educación y no está bien ver de palco las condiciones en las que otro boliviano más está. No estaría yo tranquilo, en mi casa, viendo esta situación. Lo que me motiva es mi familia, mis hijos, mi esposa, mis papás”, relata con la voz entrecortada.
Viajar hasta Guayaramerín implicó que dejará a sus seres queridos, como sus dos hijos de ocho y cuatro años. A pesar de eso, Ávila conoce, desde lo profundo, la situación del sistema de salud en Bolivia y lo vive de cerca.
“Yo soy el único de mi familia que tiene seguro, el resto no. Si es que ellos se enferman van a ir al sistema público y las condiciones son realmente tristes. Entonces hay que cambiar, a todos nos puede tocar esto”, afirma.
Ávila salió de la carrera de Medicina hace 18 años, de la Universidad Mayor de San Andrés, de La Paz, y hace 12, es especialista en terapia intensiva. Nació y creció en El Alto, sus papás son de provincia. Cuenta que el año pasado su mamá, de 60 años, logró salir bachiller, lo que llenó de orgullo a toda la familia. “Es una mujer muy luchadora, que me inculcó valores grandes”.
Conoce la realidad de su ciudad, palpó de cerca el desempeño de todos los gobiernos, que, desde su perspectiva, siempre relegaron la salud y no le dieron la atención que requería. “Siempre hubo carencias y los que más sufren son la gente humilde, la que no tiene voz. Esta pandemia ha desnudado eso y ha afectado a toda la población. Al virus no le interesa si tienes o no dinero, o qué credo profesas. Justamente por eso despertó el interés de todos, le puede pasar a cualquiera”.
Durante los últimos años, fue el impulsor de la residencia clínica en terapia intensiva en El Alto, con el objetivo de que ahí se formen nuevos intensivistas. “Yo soy alteño, tenía esa responsabilidad”, dice.
A pesar de ser uno de los presidentes más jóvenes de la historia de la Sociedad Boliviana de Medicina Crítica y Terapia Intensiva, con 41 años, ha trabajado para impulsar la investigación científica en Bolivia y en Sudamérica.
La pandemia ha servido para que muchos se replanteen aquello que necesita ser cambiado y para reforzar el compromiso de cada uno con lo que cree correcto. “Yo me sentiría mucho más frustrado si de esta crisis tan grande por lo menos no conseguimos mejores condiciones. Que equipen mejor todos los hospitales. El único beneficiado será el pueblo boliviano, por eso estoy aquí”, finaliza.

El presidente de la Sociedad Boliviana de Medicina Crítica y Terapia Intensiva, Adrián Ávila (d), al momento de llegar a Beni. CORTESÍA ADRIÁN ÁVILA.