Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 06 de octubre de 2022
  • Actualizado 23:52

Del anuncio de “cazar masistas” a quedar “atrapado” en su refugio

Fue el eje del gobierno de Áñez. Es procesado en EEUU, donde apostó por una nueva vida. Su administración del poder ha sido muy cuestionada.
Arturo Murillo, cuando aún era ministro de Gobierno. ARCHIVO
Arturo Murillo, cuando aún era ministro de Gobierno. ARCHIVO
Del anuncio de “cazar masistas” a quedar “atrapado” en su refugio

Lejos de la vorágine intensa de oficiar como ministro de Gobierno, distanciado de los trajines marcados por una agenda en la que se elevó el imperativo de “poner orden” con sus modos, Arturo Murillo había escogido Estados Unidos para comenzar una “nueva vida”.

Atrás habían quedado el poder, las instrucciones y las confrontaciones directas con los entonces opositores contenidos dentro del Movimiento Al Socialismo (MAS). Murillo, el hombre más fuerte de la gestión transitoria de Jeanine Áñez, el que horas antes de asumir como ministro en 2019 dijo que iría a “cazar masistas”, acabó siendo procesado en el país por el que había puesto todas sus fichas para establecerse.

Empresario con buen pasar, puesto que era dueño de un lujoso hotel situado en el Trópico, político que comenzó como senador siempre disidente de las ideas provenientes del MAS; ficha elemental del Ejecutivo transitorio y finalmente desvalido del poder que tuvo por 11 meses, Murillo ahora enfrenta a la Justicia estadounidense, conocida por ser implacable cuando de cuestiones fiscales se trata.

El Departamento de Justicia de ese país emitió un comunicado en el que afirmó que entre el 21 y 22 de este mes fueron arrestados el exministro de Gobierno,  otros dos bolivianos y tres norteamericanos, pues habrían sido parte de una red de sobornos a cambio de contratos con la cartera de Defensa, entonces en manos de Luis Fernando López. 

Los imputados estadounidenses son señalados por  haber abonado  más de 600 mil dólares como “beneficio” para hacerse con un contrato de 5.6 millones de dólares para la provisión de armas no letales al despacho de Defensa.

SU HOTEL Y LA “REVANCHA”

Murillo, nacido en Cochabamba hace 57 años, era empresario hotelero. Había edificado su alojamiento en Villa Tunari, donde invirtió gran parte de su capital. El 11 de noviembre de 2019, en medio del conflicto postelectoral por unos comicios que fueron señalados por presuntas irregularidades del MAS, el entonces senador  denunció que una “turba” incendió su propiedad.

Apuntó a Evo Morales como artífice. “El mundo debe saber lo que hace el humilde campesino de @evoespueblo. Esta madrugada envío a asesinar a mi hermana y dos niñas de 2 y 8 años. Se refugiaron en el monte. Ahí amanecieron. Hoy están a buen recaudo. Dejaron en cenizas el trabajo de 20 años”, posteó en Twitter. Esa plataforma, a la postre, sería su espacio virtual favorito. 

El doctor en Ciencias Sociales y analista político Fernando Salazar entiende que Murillo encontró la “chance” de cobrar revancha por la destrucción de su hotel cuando le propusieron acompañar a Áñez. “La quema de su patrimonio es un hecho funesto para la Justicia. Es una cuestión que quedó marcada en él. Cuando llegó su oportunidad de ser gobierno, se le escapó el control de lo que implica ser un funcionario público. Era la oportunidad de su vida de realización económica, de recuperar lo que le habían destruido y de vengarse”, dice.

INCURSIÓN POLÍTICA

Fue en 2005 cuando comenzó su carrera en la esfera política. Se sumó a Unidad Nacional (UN), de Samuel Doria Medina, y un año más tarde fue elegido como diputado por ese frente de oposición. En 2009 acompañó al empresario millonario y fue su subjefe de campaña rumbo a las elecciones generales de 2010, pero los porcentajes apenas superaron el 5% en los comicios. Ese año, Murillo peleó la silla municipal en Cochabamba y quedó relegado al segundo escalón por un estrecho margen que reflejó la victoria del charanguista Edwin Castellanos.

Ya en 2015, Murillo llegó a ser senador con Unidad Demócrata (UD). Para el analista geopolítico Gabriel Villalba, era un personaje sin peso. “Era un senador periférico, uno más caracterizado por generar ruido mediático con sus convocatorias a conferencias de prensa, pero sin una eficiente relevancia en la creación de normativa. Siempre estuvo ligado a Doria Medina, Tuto (Jorge) Quiroga y a toda la vieja guardia de la oposición boliviana más recalcitrante”.

Tres años después, Murillo se apartó de Samuel y, desde allí, se pronunció su carrera hacia su llegada al gobierno central, para ser elegido como Ministro de Gobierno y ser el brazo derecho de Áñez, desde noviembre de 2019.

ADMINISTRACIÓN DEL PODER

Salazar enumera desatinos que, según él, cometió Murillo como ministro. Su “actitud personalista de confrontación, de violencia extrema y negación hacia la concertación” han sido algunos. “Asumía una actitud totalitaria”, refleja. La falta de esclarecimiento de casos apuntados por presunta corrupción, como el de los gases lacrimógenos, y de los respiradores españoles y chinos, también lo complicó. Esto, sumado a que “realizó un mal cálculo político, al creer que el MAS iba a perder en los comicios de 2020”. “Tuvo que huir del país. El MAS no entró a hacer gestión, sino a realizar un ajuste de cuentas con todos los miembros del gobierno (pasado)”, refiere Salazar.

Un “hombre fuerte” era lo que requería el gobierno interino, para Villalba, y ese era Murillo. “Necesitaban un hombre fuerte. Resultó cumplir con ese perfil y, de esa forma, se convirtió en ministro, a cabalidad de un régimen que hizo una utilización abusiva de los aparatos coercitivos o coactivos del Estado”.

El politólogo Wim Kamerbeek Romero identifica a Murillo como “uno de los principales autores de la polarización” en Bolivia, en una bisagra dada entre  “masistas y no masistas”. “Hablaba de salvajes y persecuciones. Lejos de estar de acuerdo o no con el MAS, hubo vulneración de derechos humanos a poblaciones como Senkata y Sacaba”.

Y cuando el Estado se encuentra en crisis multifacética, como describe Kamerbeek, “los mecanismos de control se debilitan y el poder tiende a concentrarse en una persona”. Entiende que fue el exministro quien lo aglutinó y no la exmandataria. “Áñez pudo ser presidenta, pero no la que tenía el poder en el gabinete”. 

DEJA EL PAÍS

A sabiendas de la victoria de Luis Arce, con el MAS, Murillo renunció el 5 de noviembre y un día después apareció públicamente por última vez. Dejó Bolivia. Inicialmente se especuló el destino. Finalmente se supo que se marchó a Estados Unidos. Desde la clandestinidad, realizó varios tuis en contra del Gobierno de turno y de su sucesor, Eduardo del Castillo, a quien tachó de “mocoso”. Para Salazar, el procesamiento de Murillo en el país del norte refleja que no existe politización. “Esa huida furtiva nos dejó muchas dudas que ahora, con el proceso que se da al margen de una revancha o politización de la Justicia, queda todo clarificado”.

CAZADO EN SU REFUGIO

La nación por la que Murillo había apostado para refugiarse, terminó juzgándolo. “Entró con odio a cazar a gente y ha sido cazado por el FBI (Buró Federal de Investigaciones) no por delitos de lesa humanidad imputados en Bolivia, sino por delitos fiscales. En Estados Unidos se persiguen mucho más”, concluye Villalba.

“Jamás esperó tener que escapar y menos ser procesado con todas las evidencias por su principal aliado, Estados Unidos. Era donde ha creado su estrategia ya no de hacer política, sino de hacer su vida”, reflexiona Salazar. 

EXTRADICIÓN

La Justicia boliviana intenta que Murillo sea extraditado al país para acusarlo de otros presuntos delitos más. Para Kamerbeek, en los futuros meses veremos cuál será la condena dada en suelo norteamericano y si el Estado boliviano logra su objetivo. “Si es extraditado, Murillo utilizará algún tipo de información valiosa a su favor, que tiene por sus meses de ministro”.

Villalba recuerda que el Estado, para conseguir su extradición, necesita, mediante la Fiscalía, “juzgar el mismo delito” por el que es acusado en el país del norte. “Si se investiga evasión fiscal, corrupción y sobornos, los mismos delitos tendrían estar acá interpuestos por el Ministerio Público en Bolivia”.

Ahora, el exministro se encuentra apresado en el FDC Miami y ha sido registrado, según El Deber, con el número 02358-506 dentro de un penal que cuenta con 1.054 internos. El 7 de junio deberá asistir a una audiencia en la que se definirá su suerte. La clase política opositora le soltó la mano. Tuto, Áñez, Luis Fernando Camacho y Doria Medina lo hicieron.