Mujer: sinónimo de lucha, fortaleza y protección
12 de octubre de 2015 (20:08 h.)
Damiana Espinoza es líder de su comunidad y, a sus 42 años, trabaja incansablemente por transformar su contexto, “Mi infancia fue muy dura, soy la hermana mayor de 11, era la responsable mientras mi mamá salía a trabajar lavando ropa, pelando papa o en algún otro oficio. A mi padre cuando algo no le gustaba, nos pegaba”, recuerda con tristeza y entendiendo cómo esa experiencia marcó su vida. “Era muy insegura y nerviosa, todo me afectaba y sentía que yo debía solucionar los problemas”.
Con el paso de los años, la dinámica socioeconómica cambió, confirma Damiana: “antes no había ayuda, mi único refugio fue mi profesora de escuela, ella parecía mi madre, se preocupaba por mi salud, por mis estudios y decía que teníamos que salir adelante. Esto me hacía sentir feliz y fortalecida”.
K’ora K’ora es una zona distante a 20 kilómetros del centro de Sucre, allí Damiana desarrolla su liderazgo. “Tenemos un centro que se llama Calesita, donde formamos un grupo de padres de familia, educadoras y autoridades comunitarias para gestionar todo lo que hace falta. Era importante reunirnos y tomar decisiones para el bienestar de nuestras wawas”, explica.
Actualmente, el Centro Infantil Comunitario “Calesita” cuenta con cuatro educadoras que se dedican al cuidado de aproximadamente 30 niños y niñas, allí se hacen tareas de sensibilización y capacitación comunitaria para que los padres asuman sus responsabilidades. “Muchos piensan que el centro es una simple guardería donde hay que dejar a los niños y listo, pero eso no es así, ahí trabajamos para que los papás se ocupen de sus hijos. Algunos años nos ha faltado alimentación, entonces hemos hecho kermeses o hemos ido a gestionar a la Alcaldía la entrega de los productos que se comprometieron”.
Desde que Damiana llegó a vivir a la zona, debía dejar a sus dos niños al cuidado de terceros para trabajar, de esa manera participó en el centro infantil comunitario, allí vio las demandas existentes y asumió la titularidad en el comité familiar. “Aprendí mucho, incluso a expresarme para no tener miedo frente a los hombres, porque son machistas, ni frente a las autoridades”, señala.
Las comunidades viven la realidad más dura del cumplimiento de los derechos de niños y niñas, excluidas, en extrema pobreza y con niveles de analfabetismo elevados, entre otros. Frente a esta realidad el trabajo debe estar enfocado a objetivos consensuados. Al respecto, Damiana puntualiza: “ha sido importante confiar en que podemos tener un centro sólido y autosostenible donde se ha logrado el buen trato a los niños y niñas. Hoy día, con todo el apoyo brindado por Aldeas Infantiles SOS, tenemos la capacidad de seleccionar a las educadoras y fortalecer sus competencias”.
Para contar con comunidades protagonistas y empoderadas que trabajen en defensa de los derechos de niños y niñas, el cambio también debe darse en cada hogar, Damiana destaca la labor del comité familiar, “estamos siempre atentos a lo que pasa en cada familia. Hay problemas, es cierto, pero hay que ver la mejor manera de solucionarlos, con calma, conversando y lo principal, apoyándonos entre nosotros y pensando qué les estamos enseñando a nuestros hijos”.
Es tiempo de volver a casa, fue una jornada agotadora, entre pañales, trámites, preparar biberones, la cita con el médico, atender la labores domésticas y la asistencia al centro infantil comunitario “Calesita”. Esta rutina es parte de la lucha diaria de mujeres como Damiana que dan todo de sí por lograr el bienestar de la niñez, el desarrollo de la mujer y su liderazgo.
Con el paso de los años, la dinámica socioeconómica cambió, confirma Damiana: “antes no había ayuda, mi único refugio fue mi profesora de escuela, ella parecía mi madre, se preocupaba por mi salud, por mis estudios y decía que teníamos que salir adelante. Esto me hacía sentir feliz y fortalecida”.
K’ora K’ora es una zona distante a 20 kilómetros del centro de Sucre, allí Damiana desarrolla su liderazgo. “Tenemos un centro que se llama Calesita, donde formamos un grupo de padres de familia, educadoras y autoridades comunitarias para gestionar todo lo que hace falta. Era importante reunirnos y tomar decisiones para el bienestar de nuestras wawas”, explica.
Actualmente, el Centro Infantil Comunitario “Calesita” cuenta con cuatro educadoras que se dedican al cuidado de aproximadamente 30 niños y niñas, allí se hacen tareas de sensibilización y capacitación comunitaria para que los padres asuman sus responsabilidades. “Muchos piensan que el centro es una simple guardería donde hay que dejar a los niños y listo, pero eso no es así, ahí trabajamos para que los papás se ocupen de sus hijos. Algunos años nos ha faltado alimentación, entonces hemos hecho kermeses o hemos ido a gestionar a la Alcaldía la entrega de los productos que se comprometieron”.
Desde que Damiana llegó a vivir a la zona, debía dejar a sus dos niños al cuidado de terceros para trabajar, de esa manera participó en el centro infantil comunitario, allí vio las demandas existentes y asumió la titularidad en el comité familiar. “Aprendí mucho, incluso a expresarme para no tener miedo frente a los hombres, porque son machistas, ni frente a las autoridades”, señala.
Las comunidades viven la realidad más dura del cumplimiento de los derechos de niños y niñas, excluidas, en extrema pobreza y con niveles de analfabetismo elevados, entre otros. Frente a esta realidad el trabajo debe estar enfocado a objetivos consensuados. Al respecto, Damiana puntualiza: “ha sido importante confiar en que podemos tener un centro sólido y autosostenible donde se ha logrado el buen trato a los niños y niñas. Hoy día, con todo el apoyo brindado por Aldeas Infantiles SOS, tenemos la capacidad de seleccionar a las educadoras y fortalecer sus competencias”.
Para contar con comunidades protagonistas y empoderadas que trabajen en defensa de los derechos de niños y niñas, el cambio también debe darse en cada hogar, Damiana destaca la labor del comité familiar, “estamos siempre atentos a lo que pasa en cada familia. Hay problemas, es cierto, pero hay que ver la mejor manera de solucionarlos, con calma, conversando y lo principal, apoyándonos entre nosotros y pensando qué les estamos enseñando a nuestros hijos”.
Es tiempo de volver a casa, fue una jornada agotadora, entre pañales, trámites, preparar biberones, la cita con el médico, atender la labores domésticas y la asistencia al centro infantil comunitario “Calesita”. Esta rutina es parte de la lucha diaria de mujeres como Damiana que dan todo de sí por lograr el bienestar de la niñez, el desarrollo de la mujer y su liderazgo.