Ingrid, FARC, contratistas y la oración

Luciano Invernizzi



No se si han pagado por la liberación de Ingrid y compañeros, si es toda verdad que se han infiltrado en las FARC, sabiendo de la preparación y experiencia de los mismos guerrilleros, que no son los últimos llegados para dejarse engañar así. Pero contento, como todo el mundo, por la libertad recobrada y de nuevo a sus familias. Me ha dejado un poco pensativo lo de los tres norteamericanos "contratistas". Cuando no sabemos cómo llamar o cómo ocultar cosas, inventamos palabras como contratistas, expertos, consultores u otras. En este caso, como en otros de otras personas, de nacionalidades diferentes y en otros países también, nos vemos frente a hombres que han elegido, a veces en países ajenos al propio, hacer trabajos no siempre limpios y, claro, a cambio de un sueldo bastante mas elevado de lo que hubieran ganado en su país: el riesgo de la vida es de cada momento, esto ellos lo saben, sus familias también. Es por estas razones "gano más pero arriesgo más", que no tendrían por qué quejarse si les pasa lo peor, como dijeron algunos periodistas frente a la muerte violenta de otros expertos extranjeros, en otros países de alto riesgo. Ingrid: una mujer que podía tener miles de motivaciones para maldecir a Dios, por ser raptada, lejos de sus niños todavía pequeños, no sabiendo si cada día podía ser el último, de los más de los 2000 días presa. Sus primeras palabras fueron: pido agradecer a Dios y a la Virgen. No los gobiernos, los que trabajaron por ella, policía o ejército; aquí dijo claro que con ella estuvieron siempre los dos, Dios y la Virgen. La corona del rosario, hecha con un pedazo de pita, que la amarro a la vida, a querer a la vida, a no desesperar, a no llegar a la locura. Frente a seis años anormales, normalmente Ingrid dijo "gracias Dios" y habló de la oración de cada día en las mañanas y en las tardes a la misma hora que rezaba su mamá, porque para estas mujeres la oración es el respiro, es no dejarse llevar por la desesperación, es pedir a alguien la fuerza. Los raptores no han podido quebrar en ella esta fuerza, no han podido doblarla, robarle el alma y su más íntimo deseo y esperanza de ir adelante, convencida como era, Ingrid, que su vida no estaba sólo en las manos de sus carceleros, también en el otro. Es esta la verdadera derrota de la desesperación, de los raptores y también del mundo entero, como dijo D. Rondoni, porque cuando Ingrid agradece de esta forma, demuestra a todo el mundo en qué manos estamos todos y en qué manos ella se había metido. Manos de vida manos de libertad y esperanza.



Luciano Invernizzi es director de Ciudad de los Niños Cochabamba.

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