La gripe porcina y la vacunación
10 de abril de 2010 (21:14 h.)
En La Paz ha muerto una mujer joven por la nueva ola de la gripe porcina, H1N1, o simplemente A, como se quiera llamarla, declarada pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Desde que el año pasado se declaró el riesgo de tal cepa gripal que mató decenas de miles de personas en el mundo, aparecieron muchas versiones acerca de esta enfermedad. Desde las que aseguraban su altísimo riesgo para la humanidad, hasta las que señalaban que fue una argucia comercial de la fabricante de la vacuna y medicamento para su tratamiento (el tamiflú) que vendió miles de millones de dosis; pasando por las moderadas que decían que sí había una nueva epidemia pero que no era ni de las dimensiones de una pandemia ni tampoco algo que se debía dejar pasar como si nada.
Los rumores ahora circulan por Internet y allí están los sostenedores de las tesis (y más versiones), ninguna de ellas comprobada para convencer plenamente a nadie.
Sin embargo, la gente muere, si no por esta gripe, ayudada por ella cuando sufre otro tipo de males. En esto se parece al sida que no mata por sí mismo sino se aprovecha de otras enfermedades para matar.
Qué hacer ante los diversos argumentos que circulan por la red y por las calles. Es la pregunta que se hace el ciudadano. Es simple, hay que acudir a los centros médicos a hacerse vacunar. Después de todo, pese a los detractores de las vacunas en general, a nadie le hará mal sentirse protegido de un enfermedad que ya ha cobrado vidas y parece intensificarse a medida que llega el frío y con la muerte de una persona y varios casos en investigación.
Hasta hoy son pocas las personas que decidieron vacunarse y las autoridades de salud instan a hacerlo. Nada puede hacer arrepentir tanto como la irremediable muerte, cuando pudo haberse evitado.