FIFA en duda y el fútbol también
14 de junio de 2015 (19:50 h.)
El 20 de julio del 2014 -a poco de concluir el campeonato realizado en Brasil- publiqué una nota titulada “Reflexiones post mundialistas”. Al mismo tiempo que reiteraba una vieja queja del suscrito por la falta de tecnología, mencionaba la forma de actuar de la Federación Internacional del Fútbol Asociado (FIFA), entidad hoy en el ojo de la tormenta. Escribí que descartar el uso de técnicas para corroborar (o no) jugadas dudosas, dejando todo en manos del referí, ser supremo de decisiones inapelables (aunque cometa errores mayúsculos) y encima considerar las fallas arbitrales como “parte del juego”, resultaba absurdo en pleno Siglo XXI. Así se alejaban muchos simpatizantes, mientras el “Rugby” y otros deportes usaban con rigor la tecnología.
En la FIFA uno nunca sabía si se trataba de errores del árbitro o de arreglos previos al estilo del mejor postor. Todo era posible, máxime si la propia FIFA negaba el uso de la tecnología. También expresé que la FIFA se manejaba como una sociedad secreta y con poderes que muchos miembros de las Naciones Unidas seguramente envidiaban. Su poder era casi sin límites; además nadie quería parar esa hegemonía ni discutirla o reglamentarla. Y los países parecían estar contentos con ese arreglo; nunca hubo problemas, salvo casos aislados que la propia FIFA los apagaba de un plumazo. Desde la intervención del Departamento Federal de Investigaciones de EEUU (FBI) nada será igual para la FIFA. Ha sido afortunado que el torniquete lo aprieten autoridades de una nación donde el fútbol significa poco. Justamente por eso han tenido la objetividad para proceder en firme con la investigación de fortunas mal habidas, sobornos y otros casos escandalosos vinculados con altos dirigentes de la FIFA. Hubiera sido muy difícil plantear una pesquisa de la misma magnitud desde un país “futbolero”, donde la política y este popular deporte se entremezclan mediante aguas turbias.
El ciclón anti FIFA seguirá soplando fuerte. Poco a poco surgen nuevas investigaciones en varias de las federaciones y así tal vez se descubra una red delictuosa transnacional de alcances inimaginables. En todo caso, se debe partir siempre de la presunción de inocencia hasta que se demuestre lo contrario. No se trata de cazar brujas o generar “vendettas”, simplemente de buscar la verdad y encontrar culpables probados.
Aunque era necesario que la hasta hace poco omnipotente FIFA sufra este remezón, el rebote lo está pagando el fútbol en sí. Muchos ya no confían en los resultados, menos todavía en las decisiones arbitrales. El encanto del juego se ha perdido ante tanta revelación de malos manejos. Una pena en verdad, el hermoso e inigualable fútbol merece otra cosa. El retorno de la credibilidad de los nuevos dirigentes de la FIFA y afiliados se producirá con auditorías de reconocida solvencia y procesos administrativos transparentes. En el juego propiamente dicho, la credibilidad retornará con el uso integral de la tecnología. Y con eso se acabará también la posibilidad de amañar resultados.
En la FIFA uno nunca sabía si se trataba de errores del árbitro o de arreglos previos al estilo del mejor postor. Todo era posible, máxime si la propia FIFA negaba el uso de la tecnología. También expresé que la FIFA se manejaba como una sociedad secreta y con poderes que muchos miembros de las Naciones Unidas seguramente envidiaban. Su poder era casi sin límites; además nadie quería parar esa hegemonía ni discutirla o reglamentarla. Y los países parecían estar contentos con ese arreglo; nunca hubo problemas, salvo casos aislados que la propia FIFA los apagaba de un plumazo. Desde la intervención del Departamento Federal de Investigaciones de EEUU (FBI) nada será igual para la FIFA. Ha sido afortunado que el torniquete lo aprieten autoridades de una nación donde el fútbol significa poco. Justamente por eso han tenido la objetividad para proceder en firme con la investigación de fortunas mal habidas, sobornos y otros casos escandalosos vinculados con altos dirigentes de la FIFA. Hubiera sido muy difícil plantear una pesquisa de la misma magnitud desde un país “futbolero”, donde la política y este popular deporte se entremezclan mediante aguas turbias.
El ciclón anti FIFA seguirá soplando fuerte. Poco a poco surgen nuevas investigaciones en varias de las federaciones y así tal vez se descubra una red delictuosa transnacional de alcances inimaginables. En todo caso, se debe partir siempre de la presunción de inocencia hasta que se demuestre lo contrario. No se trata de cazar brujas o generar “vendettas”, simplemente de buscar la verdad y encontrar culpables probados.
Aunque era necesario que la hasta hace poco omnipotente FIFA sufra este remezón, el rebote lo está pagando el fútbol en sí. Muchos ya no confían en los resultados, menos todavía en las decisiones arbitrales. El encanto del juego se ha perdido ante tanta revelación de malos manejos. Una pena en verdad, el hermoso e inigualable fútbol merece otra cosa. El retorno de la credibilidad de los nuevos dirigentes de la FIFA y afiliados se producirá con auditorías de reconocida solvencia y procesos administrativos transparentes. En el juego propiamente dicho, la credibilidad retornará con el uso integral de la tecnología. Y con eso se acabará también la posibilidad de amañar resultados.