Desde Afuera
Erdogan y el inicio de la descomposición de la Unión Europea
01 de diciembre de 2016 (20:01 h.)
No habíamos olvidado la terrible represión de la revuelta democrática de Taksim Gezi Parkı en el verano de 2013. Erdogan ponía fin así a la última esperanza democrática en Turquía, al único movimiento que podía conjugar democracia, plurinacionalidad y un islam progresista y democrático. Con él, la cuestión del ingreso en la Unión Europea (UE) de Turquía cobraba un sentido nuevo, vinculado a la ola emancipadora de las primaveras árabes y del 15M. Pero aquella noche del 15 de julio, cuando contemplábamos atónitos lo que estaba sucediendo en Turquía, quizá no acertamos a calibrar hasta qué punto tales sucesos podrían ser determinantes en el presente y futuro inmediato de una UE ya cuarteada por la dictadura austeritaria y sus consecuencias internas.
Tras el fracaso del intento de golpe de Estado, desmontado en pocas horas, fuimos comprobando cómo, inmediatamente después de que Erdogan retomara las riendas del poder, se empezaba a escenificar esa venganza indiscriminada que continúa aún: 2.839 militares y 2.745 jueces y fiscales fueron detenidos el día después del fallido golpe. Periodistas, diputados del Partido Democrático de Los Pueblos (HDP) e, incluso recientemente, todos los miembros de la conocida banda musical Grup Yorum han sido arrestados acusados de pertenencia a organización terrorista.
Además de las detenciones, Erdogan tomó nuevamente el bastón de mando con mayor solidez y autoridad. Las desproporcionadas medidas represivas tomadas tras el 15J incluyen la reinstauración de la pena de muerte y permitir que los violadores eludan entrar en prisión si se casan con la víctima, entre otras. Medidas que debe aprobar el Parlamento en último término, pero que, dado el ambiente represivo que se vive hoy en Turquía, no cuesta entender que acabarán aprobándose si Erdogan insiste en que así sea. (...). Mientras tanto, desde noviembre Erdogan continúa impidiendo el acceso a Internet y a las redes sociales en buena parte del país. Con este trasfondo, se adivina un panorama complicado para que la UE abra las puertas de la Unión a la incorporación de Turquía como país miembro. La moción presentada el pasado jueves 24 en el parlamento de Bruselas, que fue aprobada por una abrumadora mayoría, autoriza el cese temporal de la adhesión de Turquía a la UE. Sin más, esto puede tener unas consecuencias catastróficas para la estabilidad interna y externa de la UE.
Tras sus declaraciones del pasado mes de febrero, Erdogan podría llevar a término la amenaza de abrir los pasos de entrada a Europa a los 3 millones de refugiados que actualmente se encuentran en territorio turco y romper el Acuerdo firmado el pasado 18 de marzo sobre las líneas de actuación en materia migratoria entre Turquía y la UE, que incluyen el retorno de migrantes irregulares a Turquía desde las islas griegas, así como medidas para impedir que se abran nuevas rutas marítimas o terrestres de migración ilegal desde Turquía a la UE. Todo por 6.000 millones de euros.
Ante este escenario, debemos estar muy atentos al aumento de popularidad de las fuerzas xenófobas y antimusulmanas en los comicios que tendrán lugar el próximo año en los países centrales de la Unión. El referéndum constitucional y la repetición de las elecciones presidenciales en Austria, que tendrán lugar el próximo 4 de diciembre, van a marcar la pauta en un año decisivo no solo para el proyecto europeo, sino para el futuro inmediato de la democracia en el continente.
Tras el fracaso del intento de golpe de Estado, desmontado en pocas horas, fuimos comprobando cómo, inmediatamente después de que Erdogan retomara las riendas del poder, se empezaba a escenificar esa venganza indiscriminada que continúa aún: 2.839 militares y 2.745 jueces y fiscales fueron detenidos el día después del fallido golpe. Periodistas, diputados del Partido Democrático de Los Pueblos (HDP) e, incluso recientemente, todos los miembros de la conocida banda musical Grup Yorum han sido arrestados acusados de pertenencia a organización terrorista.
Además de las detenciones, Erdogan tomó nuevamente el bastón de mando con mayor solidez y autoridad. Las desproporcionadas medidas represivas tomadas tras el 15J incluyen la reinstauración de la pena de muerte y permitir que los violadores eludan entrar en prisión si se casan con la víctima, entre otras. Medidas que debe aprobar el Parlamento en último término, pero que, dado el ambiente represivo que se vive hoy en Turquía, no cuesta entender que acabarán aprobándose si Erdogan insiste en que así sea. (...). Mientras tanto, desde noviembre Erdogan continúa impidiendo el acceso a Internet y a las redes sociales en buena parte del país. Con este trasfondo, se adivina un panorama complicado para que la UE abra las puertas de la Unión a la incorporación de Turquía como país miembro. La moción presentada el pasado jueves 24 en el parlamento de Bruselas, que fue aprobada por una abrumadora mayoría, autoriza el cese temporal de la adhesión de Turquía a la UE. Sin más, esto puede tener unas consecuencias catastróficas para la estabilidad interna y externa de la UE.
Tras sus declaraciones del pasado mes de febrero, Erdogan podría llevar a término la amenaza de abrir los pasos de entrada a Europa a los 3 millones de refugiados que actualmente se encuentran en territorio turco y romper el Acuerdo firmado el pasado 18 de marzo sobre las líneas de actuación en materia migratoria entre Turquía y la UE, que incluyen el retorno de migrantes irregulares a Turquía desde las islas griegas, así como medidas para impedir que se abran nuevas rutas marítimas o terrestres de migración ilegal desde Turquía a la UE. Todo por 6.000 millones de euros.
Ante este escenario, debemos estar muy atentos al aumento de popularidad de las fuerzas xenófobas y antimusulmanas en los comicios que tendrán lugar el próximo año en los países centrales de la Unión. El referéndum constitucional y la repetición de las elecciones presidenciales en Austria, que tendrán lugar el próximo 4 de diciembre, van a marcar la pauta en un año decisivo no solo para el proyecto europeo, sino para el futuro inmediato de la democracia en el continente.
(Tomado de www.publico.es)