ÉTICA PERIODÍSTICA
Ética en la radiodifusión sonora
03 de diciembre de 2016 (20:01 h.)
La radiodifusión, entendida como el servicio cuyas emisiones se destinan a ser recibidas directamente por todo el público sin otra restricción que no sea la de contar con un aparato receptor, comprende tanto a las radioemisoras como a los canales de televisión. La denominada radiodifusión sonora es el medio de comunicación con mayor penetración y cobertura en nuestro país: llega hasta el último confín de nuestra patria. En la población más alejada donde no hay otro medio, seguro existe una emisora.
En la presente reflexión quisiera preguntar si el Código Nacional de Ética Periodística es aplicable a la radiodifusión sonora. La respuesta la tenemos en el Artículo 2 del Reglamento de Funcionamiento del TNEP, que establece en su ámbito de competencia a toda la actividad periodística de los medios públicos y privados, desarrollada por sus propietarios, directores, editores y trabajadores, cuando realicen tareas informativas o expresen opiniones a través de ellos.
Bajo ese contexto tendríamos que preguntarnos en las emisoras: ¿Existe actividad periodística? ¿Quienes trabajan en dichos medios son periodistas?
Y la respuesta, de acuerdo a la realidad boliviana, es mixta: sí y no. Sí, porque existen emisoras que tienen programación periodística: informativos, programas de opinión subsumiéndose dentro del concepto básico del periodismo, entendido como la actividad de recolectar, sintetizar, jerarquizar y publicar una información o hechos de interés público. Pero, también, existen otras radios que solo difunden música, programas de entretenimiento, de educación o religiosos. Muchas de esas radios son operadas por personas empíricas que no realizan actividad periodística. Como ejemplo hemos debido escuchar programas, en los que los locutores reciben llamadas telefónicas y conversan de trivialidades y hasta barbaridades con quienes les solicitan alguna canción. Esto no es periodismo, por lo que no podrían estar comprendidos en el ámbito del Código de Ética.
Sin embargo, en mi criterio, la ética y el cumplimiento básico de sus principios, plasmados en los códigos y la autorregulación, deberían regir en todos los programas radiales. Para esto, se tendría que contar a directores, periodistas y principalmente locutores, que, además de capacitarse en su actividad, deberían conocer las normas éticas y ejercitarlas en casa. Esto generaría una radio de mayor calidad que cumpla debidamente con su función de informar, entretener y promover el desarrollo cultural y educativo de la sociedad.
En la presente reflexión quisiera preguntar si el Código Nacional de Ética Periodística es aplicable a la radiodifusión sonora. La respuesta la tenemos en el Artículo 2 del Reglamento de Funcionamiento del TNEP, que establece en su ámbito de competencia a toda la actividad periodística de los medios públicos y privados, desarrollada por sus propietarios, directores, editores y trabajadores, cuando realicen tareas informativas o expresen opiniones a través de ellos.
Bajo ese contexto tendríamos que preguntarnos en las emisoras: ¿Existe actividad periodística? ¿Quienes trabajan en dichos medios son periodistas?
Y la respuesta, de acuerdo a la realidad boliviana, es mixta: sí y no. Sí, porque existen emisoras que tienen programación periodística: informativos, programas de opinión subsumiéndose dentro del concepto básico del periodismo, entendido como la actividad de recolectar, sintetizar, jerarquizar y publicar una información o hechos de interés público. Pero, también, existen otras radios que solo difunden música, programas de entretenimiento, de educación o religiosos. Muchas de esas radios son operadas por personas empíricas que no realizan actividad periodística. Como ejemplo hemos debido escuchar programas, en los que los locutores reciben llamadas telefónicas y conversan de trivialidades y hasta barbaridades con quienes les solicitan alguna canción. Esto no es periodismo, por lo que no podrían estar comprendidos en el ámbito del Código de Ética.
Sin embargo, en mi criterio, la ética y el cumplimiento básico de sus principios, plasmados en los códigos y la autorregulación, deberían regir en todos los programas radiales. Para esto, se tendría que contar a directores, periodistas y principalmente locutores, que, además de capacitarse en su actividad, deberían conocer las normas éticas y ejercitarlas en casa. Esto generaría una radio de mayor calidad que cumpla debidamente con su función de informar, entretener y promover el desarrollo cultural y educativo de la sociedad.