Contrabando, piratería y minoristas

Aunque algunos se sientan ofendidos hipócritamente; mientras existan “minoristas” y anexos, siempre habrá contrabando, piratería y evasión fiscal. Porque la realidad nos muestra diariamente que la riqueza ya no está entre los profesionales universitarios o académicos, sino entre quienes se hacen llamar, y hasta han conseguido hacer sindicato y quieren dar sus propias reglas, “gremialistas” o que han terminado haciéndose “transportistas” después de haber sido simplemente contrabandistas.


La cuestión es que, desde hace tiempo y a través de muchos regímenes, el contrabando y, a la vez, la aduana siempre han sido los rubros donde el oficialismo ha buscado el mejor beneficio y la forma de recompensar a sus supuestos y acomodaticios seguidores.


Mientras los “compañeros” hacen contrabando, los otros “compañeros” hacen de la vista gorda y se enriquecen con las coimas; el resultado no puede ser otro que lo que vivimos cotidianamente. Pero, lo peor es lo que estamos viendo ahora con la insurgencia de la piratería organizada que avasalla aceras, calles, avenidas y mercados, lo mismo que el contrabando y el tráfico de ropa usada; los “minoristas” han resultado ser los explotadores de los pobres y sin trabajo, con pingües ganancias que, además, evaden impuestos y comprometen la economía del Estado por doble partida.


La excusa siempre es la misma: la falta de puestos de labor; pero es que mientras persista esa crónica deficiencia en los planes de gobierno, la cosa seguirá igual sin que nadie se anime a dar soluciones estructurales al tema. No sólo persiguiendo a los especuladores, sino abriendo nuevas tierras a la migración, la industria y la explotación de recursos naturales renovables y no renovables.


Hasta ahora, el contrabando, la piratería y los “minoristas” han socavado los pilares de la civilización condenando nuestras sociedades a la informalidad, la inseguridad y la inestabilidad; si nadie se anima a tomar el toro por las astas seguiremos confundiendo desarrollo con hipertrofia y progreso con cinismo y sofisticación.


Y tendremos hasta pueblos enteros comprometidos con la nefasta actividad, como ya está sucediendo detrás de algunos “ayllus” o “autonomistas”, que aprovechan los paros y las movilizaciones mal urdidas para seguir con sus actos delictivos y sus varios caminos de ingreso de mercadería sin registro y, por tanto, sin pago a las arcas del Estado.


La ley está aprobada; ojalá los reglamentos no la desvirtúen, como suele suceder.