Comunicación en la familia

El sentido de la comunicación es permitir que el otro se perciba como un ser que existe, tal como menciona el verso de Ángel González: “Existo porque tú me imaginas”. No es posible la buena comunicación sin poder ponernos en el lugar del otro e imaginar cómo decodifica nuestros mensajes.

Cuando existe reconocimiento del otro como independiente a mí y el respeto a su forma de ser, decimos que lo hemos legitimado. La legitimación es imprescindible para las relaciones y fundamental para el desarrollo de los hijos. “Legitimar” es sinónimo de amar, en el sentido de que quien ama reconoce al otro como auténtico y libre. El crisol del amor es la familia.

La familia es una construcción social definida según los parámetros establecidos por la cultura en la cual se desenvuelve. Por lo tanto, no existe una concepción universal de familia. Esta se constituye a partir de las características del entorno social. Por ejemplo, la familia chiquitana es monogámica matrilocal, mientras que la aymara es patrilocal.

La tendencia de la familia occidentalizada es organizarse de manera monoparental y/o ensamblada. Paulatinamente, la familia nuclear típica (madre, padre e hijos) tiende a ser la excepción. Laing plantea que familia es un concepto relacionado con la singularidad afectiva. Por ello, se definirá como familia a quienes la persona considere significativas afectivamente. El estereotipo de la familia nuclear debe ser abandonado porque genera prejuicios contra otros tipos de familia. No es cierto que una familia monoparental o una ensamblada necesariamente generen conflictos psicológicos en los hijos; tampoco lo es que una pareja divorciada impida el desarrollo normal de sus niños.

La familia es una organización social que tiene como principal función la protección de los niños y la otorgación de habilidades de supervivencia. En otras palabras, la familia no es una estructura biológicamente determinada.

Los estudios etológicos mostraron la trascendencia del apego en el desarrollo afectivo y sexual de los mamíferos “superiores”. Son célebres los experimentos de Harlow con macacos Rhesus separados de sus madres y criados con sustitutas de alambre y peluche. Los monitos preferían a sus madres de peluche que a las de alambre. Se refugiaban en la cobija cuando se sentían amenazados y solo se dirigían a las de filigrana cuando tenían hambre. Harlow mostró que la necesidad afectiva es más importante que la satisfacción de las necesidades básicas.

La legitimación se origina en la relación de protección que se tiene con los hijos. John Bowlby desarrolló el concepto de “apego”, entendiéndolo como la conducta por la cual una persona mantiene o busca proximidad con otra considerada protectora. Podemos referirnos al apego infantil y al apego adulto. El niño necesita un refugio afectivo cuando atraviesa situaciones estresantes. Un(a) cuidador(a) emocionalmente equilibrado(a) favorece la evolución del apego seguro.