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  • Diario Digital | jueves, 23 de mayo de 2024
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Lo que dejó el terremoto: ella se salvó, pero su cuñado no; Yasuhiro y su mamá se refugiaron en escuela

Dos historias de sobrevivientes en medio del dolor en Japón. Mientras tanto, la comida para quienes perdieron su casa escasea.
La ciudad de Suzu, en Ishikawa, destruida. INTERNATIONAL PRESS
La ciudad de Suzu, en Ishikawa, destruida. INTERNATIONAL PRESS
Lo que dejó el terremoto: ella se salvó, pero su cuñado no; Yasuhiro y su mamá se refugiaron en escuela

Cuando se produjo el terremoto el 1 de enero en la prefectura de Ishikawa, Japón, una mujer de 69 años estaba en su casa de madera con su hermana menor y el esposo de esta, quienes habían ido a visitarla.

En declaraciones a Asahi Shimbun, la mujer recuerda que salió corriendo sin pensarlo. Escapó a tiempo, pues su casa en la ciudad de Suzu se derrumbó.

Su hermana y su cuñado quedaron atrapados entre los escombros.

“¡Duele! ¡Ayuda!”, gritó la hermana. La mujer llamó a los servicios de emergencia y al municipio de Suzu, pero no le contestó nadie.

Dos o tres horas después, cuando ya había oscurecido, los bomberos llegaron a su domicilio.

Los bomberos se abrieron paso entre las ruinas y rescataron a la hermana, que sangraba del pecho, y la llevaron a una escuela cercana.

No pudieron salvar a su cuñado. Los bomberos se marcharon a rescatar a otras personas.

Al día siguiente, a las 05:00 de la madrugada y al mediodía, llamó nuevamente a los servicios de emergencia.

“Entiendo cómo se siente. Tenemos que ir en orden, así que espere”, le dijeron.

A la superviviente solo le queda esperar.

El alcalde de Suzu, Masuhiro Izumiya, ha descrito la situación de la ciudad como “catastrófica”.

Además de los destrozos causados por el terremoto de magnitud 7,6, se han perdido las conexiones por carretera con Suzu, aislándola.

Las carreteras que conducen al aeropuerto de Noto también están cortadas. Hay varias con múltiples grietas de 10 centímetros de profundidad y más de 10 metros de largo.

YASUHIRO Y SU MADRE

Yasuhiro Kano, un hombre de 50 años que reside en la ciudad de Suzu, prefectura de Ishikawa, estaba en su casa con su madre cuando la tierra comenzó a temblar.

Al principio creyó que era un temblor habitual, pero de pronto vio que pedazos de su casa comenzaron a ceder. Su madre, de 79 años, estaba en otra habitación.

“¡Sal!”, le gritó.

La adulta mayor pudo salir a tiempo para no quedar atrapada entre las ruinas.

El techo cayó sobre la sala donde estaba él, recuerda en declaraciones a Asahi Shimbun. Su vivienda quedó destruida.

Luego sonaron las alarmas de tsunami en toda la ciudad y Kano y su madre caminaron 15 minutos hasta una escuela abandonada en un terreno más alto.

El techo estaba roto, pero el sitio les sirvió como refugio. Armaron una tienda de campaña, encendieron una hoguera y así pasaron la noche.

Hoy martes 2, la familia Kano se trasladó a otra escuela, su nuevo refugio.

Poco a poco se están quedando sin comida, dijo el hombre.

“Mi casa se ha derrumbado por completo. No sé qué pasará ahora. Ni siquiera sé cuánto tiempo llevará recuperarme. No tengo más que ansiedad”, añade.

A los daños causados por el terremoto, se suman los del tsunami, que invadió la ciudad dejando algas en las carreteras y olor a agua de mar en el aire.