Argentina

Primer año de Milei como presidente: de la confrontación al pragmatismo

Una imagen de la campaña electoral de Milei sosteniendo una motosierra. / ARCHIVO
Con una economía más estable, pero a costa de un ajuste social profundo, el mandatario ha tenido que negociar con sectores tradicionales para avanzar en reformas clave.

Motosierra en mano y decidido a desmantelar el Estado, Javier Milei asumió la Presidencia de Argentina el 10 de diciembre de 2023 con una fuerte retórica contra la ‘casta’ política y la promesa de una transformación total.

Su discurso de toma de posesión, pronunciado de espaldas al Congreso, fue una decisión estratégica que reflejó su rechazo a las estructuras tradicionales del poder político. Este gesto representó un desafío directo a la clase dirigente, a la que ha señalado como responsable de la “decadencia” del país.

Sin embargo, a un año de su asunción, el presidente no es el mismo. Aunque mantiene su esencia y estilo que lo catapultaron a la Casa Rosada, Milei entendió que, para llevar adelante sus reformas, debía negociar con la misma ‘casta’ que tanto criticó durante su campaña. 

En lugar de la confrontación total, el mandatario ha tenido que buscar acuerdos con el Congreso para aprobar leyes clave, y en algunos casos, recurrir al veto presidencial para frenar iniciativas que consideraba en contra de sus objetivos.

Así, aunque su discurso se centró en desmantelar el sistema tradicional, fue precisamente esa ‘casta’ la que terminó siendo determinante para avanzar con su plan de gobierno.

 LUCES Y SOMBRAS Analistas consultados por France 24 coinciden en que el balance del primer año de Milei ha sido positivo en el ámbito político. 

En materia económica, resaltan la reducción de la inflación, uno de los problemas que más preocupan a los argentinos. A principios de 2024, el país enfrentaba la inflación más alta del mundo. Sin embargo, la gestión de Milei, que inició el año con un índice del 25,5%, consiguió reducirlo al 2,7% en octubre, la cifra más baja en casi tres años.

De todos modos, el éxito en los índices macroeconómicos, que incluye una notable caída del riesgo país y la estabilización del dólar, tuvo un alto costo.

El Gobierno llevó a cabo un ajuste profundo que implicó, entre otras medidas, un recorte de casi un tercio del gasto público —incluyendo áreas como jubilaciones, salud, educación, ciencia y cultura—, el cierre de ministerios y el despido de más de 33.000 empleados estatales.

Como consecuencia, la pobreza escaló al 49,9% de la población, según un estudio de la Universidad Católica Argentina (UCA).

Estas decisiones se enmarcaron dentro de la principal hoja de ruta de la Casa Rosada: alcanzar el déficit cero, una meta innegociable para Milei. Desde el inicio de su mandato, el presidente ha dejado claro que este objetivo es la base sobre la que fundamenta toda su política económica.

En el contexto de transformaciones radicales, la ‘batalla cultural’ impulsada por Milei juega un papel central en su gestión.

Durante su primer año de gobierno, el presidente extendió su confrontación ideológica más allá del ámbito político y económico, y se ha enfrentado a lo que considera una ‘invasión cultural’ promovida por sectores de izquierda.

Según él, la cultura está profundamente influenciada por el progresismo, que ha permeado las universidades, los medios y las organizaciones sociales.