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  • Diario Digital | martes, 21 de septiembre de 2021
  • Actualizado 15:23

EL PAÍS IRÁ A LAS URNAS EN UN REFERENDO

Plebiscito: Chile decide si sigue o sale del legado de la dictadura

Una ciudadana chilena, durante las protestas de octubre de 2019.		       EFE
Una ciudadana chilena, durante las protestas de octubre de 2019. EFE
Plebiscito: Chile decide si sigue o sale del legado de la dictadura

“Chile despertó” ha sido una de las frases más instaladas, escuchadas y leídas en esta parte del continente sudamericano desde el estallido social que tuvo lugar en la nación vecina, cuando el 18 de octubre de 2019 gran parte del pueblo tomó las calles para demandar políticas y derechos sociales que considera prácticamente anulados por el gobierno de Sebastián Piñera y una sucesión de mandatos anteriores que se ha hilado en la historia de esa nación.

El agua, privatizada y en en manos de unos pocos, el costoso acceso a la salud y a la educación; y un sistema neoliberal que envuelve el funcionamiento de ese país son algunos de los elementos que devinieron en las protestas, en lo que fue un capítulo único para los ciudadanos. Y, todo ello, enmarcado dentro de una Constitución republicana que surgió en 1980, bajo el cobijo de la dictadura del extinto general Augusto Pinochet (1943-2006).

Y la convulsión de octubre y noviembre tuvo efectos. Se espera que hoy unos 15 millones de chilenos acudan a las urnas, en una jornada que vaticina una de las participaciones más numerosas en cuanto a elecciones populares. Lo harán bajo la consigna del Plebiscito Nacional 2020, un referendo en el que habrá dos alternativas polarizadas: el “apruebo”, es decir, el sí a una serie de modificaciones de base en la carta magna; y el “rechazo”, equivalente a que la Constitución continúe vigente sin cambios.

Será el segundo plebiscito en ese territorio, pero inédito en términos de que la población pueda decidir si sostiene su documento. El primero se dio en 1988, cuando también un referendo sentenció el fin del poder de Pinochet, quien llegó a la presidencia mediante el Golpe de Estado de 1973.

La pandemia pospuso la cita democrática. Esta, inicialmente debía efectuarse el 26 de abril, fruto de la lucha de los chilenos, que en noviembre lograron, en Congreso, sellar el convenio para ir a las urnas.

¿CUÁLES SON LOS PASOS? La elección no acabará en el “apruebo” o “rechazo”. En caso de que el votante escoja la primera opción, tendrá que optar entre otras dos alternativas más, que estarán relacionadas con la elaboración de la próxima carta magna. El ciudadano se encontrará con la pregunta: “¿Qué tipo de órgano debería redactar la Nueva Constitución?”. Entonces, se enfrentará al dilema de elegir entre “convención mixta”, conformada por un 50% de personas elegidas de forma popular y otro 50% de parlamentarios, y "convención constitucional”, que refiere a aquella compuesta por chilenos que resulten exclusivamente del voto popular.

En caso de que resulte victorioso el “apruebo” y la “convención mixta”, el Congreso se encargará de seleccionar 86 parlamentarios en ejercicio que se sumarán a otros 86 ciudadanos que deriven de otra votación. Pero si la alternativa que prevalezca es la “convención constitucional”, ningún parlamentario podrá ser parte del proceso, mientras que 155 individuos (la mitad de cada género) tomarán la tarea.

Si triunfa este último escenario, Chile podrá redoblar la apuesta histórica, convirtiéndose en el primer país del planeta que diseñe su propia carta magna con un órgano totalmente equilibrado en género.

Si el pueblo se vuelca al “apruebo”, deberá volver al cuarto oscuro el 11 de abril del año siguiente para decidir quiénes serán los encargados de elaborar la próxima Constitución Política de la República de Chile. Un mes después, la convención será posesionada.

El punto observado es que apenas serán incluidas en el documento constitucional entrante aquellas leyes que cuenten con 2/3 de aprobación. En 2022, los chilenos tendrán que votar de forma obligatoria para aceptar o rechazar la propuesta final.

ANTIDEMOCRÁTICA Y NEOLIBERAL El sociólogo Nelson Ruminot, director del Instituto de Ciencias y Humanidades Alberto Neumann, de Valparaíso, no solo presiente, sino que concluye que la participación ciudadana no será apática. Por el contrario, prevé que será numerosa y, sobre todo, encabezada por jóvenes y mujeres, actores sociales que han llevado adelante las protestas últimas. Analiza que la Constitución de su nación necesita modificaciones de base porque, más allá de las carencias en salud y educación, por ejemplo, hay factores muy de fondo. Concluye que la carta magna es antidemocrática.

“Irán a votar porque ven la necesidad de generar modificaciones en términos de construir una sociedad alternativa al neoliberalismo. Hay un gran consenso en el sentido de avanzar a una sociedad que sea muy distinta a ese modelo. Por supuesto que estamos a favor de modificar la Constitución de Pinochet. Hay un consenso, en general, en el debate en términos de que fue diseñada para asegurar el enriquecimiento de poderes que controlan todo lo que ocurre en Chile, desde los medios de comunicación hasta el poder económico. Esto, además de una parte importante del cuoteo en la representación política parlamentaria. Esta Constitución representa la protección hacia la élite económica. Por otra parte, su base es totalmente antidemocrática porque se desarrolló sin padrón electoral, sin registros electorales, con persecución política y violación a los derechos humanos”, le explica el sociólogo a OPINIÓN.

En cuanto a la polarización socio-económica, Ruminot advierte que existe, en efecto, un segmento poblacional mayormente identificado con la derecha que no pretende cambios constitucionales, aunque tampoco cuenta con argumentos sostenibles. “Se queda sin propuesta políticas. No es una derecha que ve una posición clara, sino una derecha a la defensiva. Es muy difícil encontrar análisis serios que plantee sobre que el rechazo pueda tener alguna opción real de ganarle al apruebo en el plebiscito. La discusión está volcada en cuánto va a ganar el apruebo”.