Cosechan agua de la niebla y sacian sed en el desierto
Ya no llueve en los olvidados montes del norte del Sáhara. El agua se ha convertido en un bien tan inaccesible, que se necesitan varias horas a pie para recogerla, según la página www.iagua.es. Pero a las bereberes (etnias) del sur de Marruecos aún les queda la niebla, que han aprendido a “cosechar” gracias a la antropóloga marroquí Jamila Bargach y a la geógrafa canaria María Victoria Marzol. Juntas han instalado un sistema de mallas que captura y que filtra agua de las nubes para que estas aldeas no vuelvan a pasar sed.
Tras el periodo experimental, y gracias a la obtención de fondos del Gobierno de Canarias, lograron instalar, a través de la organización no gubernamental Dar Si Hmad, mallas de polipropileno de 12 metros cuadrados (m2) en una superficie de 600 m2 en el monte Boutmezguida, a más de 1.200 metros de altitud, para atrapar la niebla que las atraviesa y recoger su agua. Cada metro cuadrado de red captura unos diez litros de agua.
“Después es almacenada, filtrada y suministrada a través de canalizaciones en un escarpado terreno hasta los hogares para que las mujeres vuelvan a recuperar su tiempo y tengan más oportunidades”, detalla la antropóloga, activa defensora de la igualdad y el acceso a los recursos.
En total, cinco aldeas y unas 500 personas se benefician de este proyecto piloto en una zona de la que Bargach se siente muy unida, pero que ya sufre las consecuencias del cambio climático y experimenta una migración hacia las ciudades. Antes de cosechar agua de la niebla, las mujeres bereberes debían recorrer hasta cuatro horas a pie por estas secas tierras para recoger en los profundos pozos este bien tan preciado. Cargaban los burros con unos 30 litros, lo suficiente para suministrar agua potable a sus familias, cocinar y dar de beber al ganado. Pero a veces no conseguían más de cinco litros.
El sistema de cosecha ha supuesto un beneficio tan importante para las poblaciones de Marruecos que ha recibido un reconocimiento por parte de Naciones Unidas. El proyecto ha sido uno de los ganadores del premio de la Organización de Naciones Unidas al cambio climático Momentum for Change, que gratifica a las iniciativas locales que impulsan el cambio.
Tras el éxito alcanzado, el proyecto pretende avanzar y llegar a más aldeas. De hecho, en enero de 2017 comienza la instalación de 15 nuevas mallas, llamadas CloudFisher, pescadoras de nubes, gracias a la inversión de la asociación alemana Wasserstiftung, que repartirá agua a 13 poblados y abarcará una superficie de 1.600 m2. Marzol, directora del departamento de Geografía e Historia en la Universidad de La Laguna, aprovechó su visita a la Cumbre del Clima para decidir su orientación con los técnicos alemanes.
“Las nuevas estructuras no necesitarán mantenimiento, serán mucho más resistentes, no se romperán con el viento y triplicarán el volumen de agua que se obtiene”, detalla la antropóloga. El nuevo sistema permitirá así recoger hasta 22 litros por metro cuadrado de red. A pesar de la mejora, para Marzol la principal limitación de este sistema es el coste, “no solo de las mallas sino también de la canalización y almacenamiento de esa agua”, recalca. La buena noticia es que el sistema es viable "en todos los lugares donde hay nieblas de advección próximas a una población sedienta de agua", detalla.
3.000 Millones de afectados
La ex enviada especial de Naciones Unidas para el Cambio Climático Gro Harlem Brundtland ha advertido que, en 10 años, unas 3.000 millones de personas pueden vivir bajo una crisis de agua, por lo que se necesitan respuestas globales a largo plazo.
El déficit llegará al 40 por ciento
Los estudios indican que, a nivel global, para 2030 el aumento de la población y de la producción de alimentos tendrá como resultado un déficit de agua del 40 por ciento . La advertencia fue hecha por el presidente de la Plataforma Tecnológica Europea del Agua (WssTP), Tomas Michel. Explica que, dado que la cantidad de agua en el planeta es finita, este problema solo puede resolverse modificando sustancialmente las formas de consumo, ahorrando en los procesos y/o reciclando el agua. La otra alternativa es la reutilización del agua que ya se ha sometido a uso previo. Algo que la naturaleza, por otro lado, a través del ciclo integral del agua, ha venido haciendo desde tiempo inmemorial.
La solución pasa por un mejor equilibrio en el uso de los recursos naturales, a través de una gestión integrada de los mismos. De no hacerlo así, la competencia por el recurso llevará irremediablemente a tensiones y conflictos. El Foro Económico Mundial valoró en 2015 los conflictos por el agua precisamente como el principal riesgo global para la próxima década.
El agua es básica para el funcionamiento de la sociedad y por eso tiene que convertirse en un elemento más de la economía real.