Conflicto de Fernández sale a calles en Argentina

Un vecino madrugador, que había sacado de paseo a su perro, advirtió al portero del edificio donde reside la jueza María José Sarmiento, que alguien había pintado insultos en la fachada. El portero borró rápidamente el graffiti con aguarrás sin revelar su contenido a la prensa.

Probablemente esos insultos estaban dirigidos contra la magistrada que el viernes pasado invalidó los decretos que dictó la presidenta Cristina Fernández para restituir en su cargo al gobernador del Banco Central de Argentina (BCRA), Martín Redrado, y para que ese organismo transfiera 6.569 millones de dólares al Fondo del Bicentenario, que controla el Gobierno.

La magistrada contó a la prensa local que ayer sábado, recibió amenazas telefónicas en su domicilio.



Admirados y a la vez aborrecidos

La Jefa de Estado pidió a Redrado la liberación de ese dinero, para saldar una parte de la deuda externa del país. Como el titular del BCR se negara a hacerlo, Fernández quiso sustituirlo por un funcionario de su confianza.

Pero, la mencionada jueza abortó la maniobra, argumentando que sólo el Congreso tiene la facultad de destituir al Gobernador en funciones.

A partir de estos sucesos, Martín Redrado y María José Sarmiento se han convertido en las figuras más admiradas y, por otra parte, más aborrecidas por los argentinos.

Los movimientos extraparlamentarios que apoyan al Gobierno los califican de “marionetas de la oligarquía” y de ese tenor son las consignas que han pintado en la fachada del Banco Central, en la céntrica calle de San Martín. Se sospecha que Luis D’elía, jefe de la Federación de la Tierra, Vivienda y Hábitat (FTVH), e incondicional de los Kirchner, está detrás de esas pintadas.

Para los detractores del Gobierno, el titular de BCRA y la jueza que lo repuso en sus funciones, son dos héroes que se han atrevido, cada uno desde su trinchera, a plantar la cara a un Gobierno voraz, que echa mano al bolsillo de los argentinos para financiar su proyecto de poder.



Otros puntos de vista

Haciéndose eco de esa percepción, los congresistas opositores de la Unión Cívica Radical (UCR) y del PRO, sostienen que no era necesario crear una entidad como el Fondo del Bicentenario para ir saldando la deuda.

“Ese fondo puede servir de pantalla para otras operaciones, sobre las que nadie que no sea Cristina o su marido Néstor Kirchner, podrá ejercer control”, dijo Ernesto Sanz, jefe de la UCR.