Claves para entender el conflicto Israel-Palestina y su origen
El conflicto entre Israel y Palestina sumó un nuevo capítulo a su larga historia el pasado sábado 7 de octubre tras el ataque terrorista de Hamas en territorio israelí.
En estas semanas en las que una vez más escaló la violencia en esa zona de Medio Oriente, volvió a ubicarse en el centro de la escena internacional el conflicto israelí-palestino, que ya lleva más de siete décadas sin soluciones y acuerdos concretos.
En el libro “300 preguntas en 300 palabras”, el autor Gabriel Ben Tasgal explica en detalle los pormenores de un conflicto que a día de hoy persiste y se sigue cobrando la vida de miles de inocentes de ambos lados.
El autor remarca una diferencia de raíz en la génesis del conflicto, que resulta vital para comprender los comportamientos de las partes. Según explica, para la gran mayoría de los judíos que habitan el Estado de Israel, el conflicto es territorial. En cambio, para la mayor parte del pueblo palestino, es religioso.
De acuerdo a las creencias judías, la tierra es menos importante que la vida. Por ello, ceder territorios considerados “nacionales” representa una acción justificada siempre que garantice la paz.
Sin embargo, el Islam tradicional considera a la judía como una religión falsa, y no los reconoce como pueblo. Además, los acusa de ocupar propiedades heredadas al Islam y de retener parte de la tierra santa islámica que no puede ser cedida.
Como decía Ben Tasgal, para los palestinos el conflicto no es territorial. Y eso lo dejó claro Mahmoud Abbas en 2008. En septiembre de ese año el entonces primer ministro de Israel, Ehud Olmert, ofreció una propuesta para hallar una solución pacífica al conflicto, que incluía el establecimiento de un Estado Palestino reconocido internacionalmente y por Israel.
Según el autor, la lógica de Olmert era la siguiente: “Israel se queda con la gran mayoría de los ciudadanos israelíes pero renuncia a la inmensa mayoría de los territorios en disputa y hasta compensa por los bloques anexados”.
Como decía Ben Tasgal, para los palestinos el conflicto no es territorial. Y eso lo dejó claro Mahmoud Abbas en 2008. En septiembre de ese año el entonces primer ministro de Israel, Ehud Olmert, ofreció una propuesta para hallar una solución pacífica al conflicto, que incluía el establecimiento de un Estado Palestino reconocido internacionalmente y por Israel.
Según el autor, la lógica de Olmert era la siguiente: “Israel se queda con la gran mayoría de los ciudadanos israelíes pero renuncia a la inmensa mayoría de los territorios en disputa y hasta compensa por los bloques anexados”.
Además, para unir Gaza a Cisjordania ofreció una ruta de cuatro carriles ubicada en territorio israelí por donde solamente circularían autos palestinos.
Para Jerusalén, otro de los focos del conflicto, la propuesta era el siguiente: los barrios judíos quedarían para Israel, mientras que los árabes serían para el Estado Palestino. La Ciudad Vieja, en tanto, se dividiría en dos: los barrios árabe cristiano y musulmán serían palestinos, y el armenio y judío corresponderían a Israel. Lo que está sobre el Monte del Templo, por su parte, quedaría para Palestina, y el Muro de los Lamentos seguiría siendo judío.
Abbas, sin embargo, no respondió a la oferta con la excusa de que Olmert estaba a punto de renunciar. Al igual que Arafat en el pasado, no propuso una contraoferta
En febrero de 2004 el primer ministro israelí Ariel Sharon anunció un plan para retirar todos los asentamientos judíos y las tropas de Gaza. En septiembre de 2005 se bajó la bandera de Israel en Gaza. Hasta junio de 2007 el control del enclave estuvo a cargo de la Autoridad Palestina, que luego fue derrocada por los terroristas de Hamas. Desde entonces, la Franja de Gaza es controlada por los extremistas.