Es difícil lograr su desintoxicación y tratamiento, cuando se escapan y luego vuelven a los albergues. Los resultados así lo demuestran. Hay muchos factores que influyen, desde el presupuesto hasta las políticas

Víctimas de violación creen que vender su cuerpo es algo normal



Las adolescentes inhaladoras de clefa que se prostituyen en inmediaciones de la Coronilla, Aroma y Terminal de Buses, lo hacen porque creen que vender su cuerpo es algo normal.

Antes de dedicarse a esta actividad, la mayoría, fue víctima de violencia sexual en sus hogares, lo que las empujó a huir hacia un mundo desconocido, la calle.

Dos psicólogas entienden que el abuso sexual les introduce a un nuevo modo de vivir (la prostitución).

Según Roxana Condori, es la única opción porque no tienen otra forma de sobrevivir. Además son empujadas por terceras personas.

Por su parte, la responsable del centro “Camino”, María Teresa Pacheco, explicó que a las adolescentes que sufrieron el abuso sexual, en la mayoría de los casos en el entorno familiar, les hacen creer que lo que les pasó está bien y llegan a asumirlo así.

“Creen que es algo normal ese dolor y sufrimiento que les causaron. Además que fueron gratificadas con dulces o monedas. Con el tiempo se confunden”, sostuvo.

También influye el factor económico, la violencia en su casa y el alcoholismo, además que forman parte de familias disfuncionales y desintegradas.

“Están marcadas psicológicamente y su cuerpo cuenta su historia”, indicó.

LA AYUDA

“Camino” es un programa que acoge a niñas y jóvenes mujeres, desde los 12 hasta los 18 años, que se encuentran en situación de calle y drogodependencia. También están algunas madres con sus niños, menores de 5 años.

Su método se basa en la motivación, a través de equipos de trabajo que recorren la ciudad en busca de quienes quieran rehabilitarse, sin necesidad de hacer uso de la fuerza o acudir a las batidas (operativos). Es una decisión personal. Pero también hay casos de algunas muchachas que son derivadas por las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) que trabajan con esta población de calle y logran recuperarlas, al igual que las instituciones policiales, de justicia y otras.

Según Pacheco, en algunos casos son los mismos padres que deciden internarlas ya que se encuentran en una situación de riesgo y requieren de ayuda.

Este centro depende del Servicio Departamental de Gestión Social (Sedeges) y se encuentra en San Benito. En el lugar hay seis muchachas en proceso de rehabilitación. Cuentan con apoyo de una trabajadora social, enfermera, psicóloga y un equipo terapéutico.

DEPENDENCIA

Las adolescentes que llegan a este lugar, en la mayoría de los casos, sufren recaídas y se escapan.

Tuvieron un consumo experimental en la calle, es decir, estuvieron entre dos y tres meses presas de la clefa, la prostitución y el delito. También están las que tienen un consumo dependiente adictivo porque estuvieron más de un año en la calle.

En el centro deben pasar por tres fases, la intermedia, precomunidad y comunidad.

La recaída se puede dar en cualesquiera de estas fases, ya que a raíz de la abstinencia a la droga sufren angustia, ansiedad, se tornan violentas y hasta se provocan heridas en el cuerpo.

La responsable del centro explicó que el proceso para rehabilitarse dura un año hasta que pueda sobrellevar la adicción.

“Están un tiempo y se van. Es difícil que puedan adaptarse, pero es parte del proceso”, manifestó.

En caso de que decidan volver a la calle o escaparse, un grupo de profesionales hace el seguimiento en busca de volver a ayudarla.

MÁS EXIGENCIAS

Las reglas son claras en “Camino”. Se prohíbe el consumo y cualquier hecho de violencia. Se les exige participar de las actividades terapéuticas y educativas.

Las exigencias van en aumento y es ahí donde empieza el choque. Tienen que cumplir con ciertas tareas como la higiene personal y ayudar en las tareas del centro.

“Vienen con otros hábitos y poco a poco tenemos que cambiarlos. Nuestra filosofía es que ellos son hacedores de su vida”, acotó.

De las seis adolescentes internadas, dos están en el colegio, una trabaja y tres deben permanecer por lo menos tres meses en el programa para luego salir.

Pero hubieron más. Por ejemplo cada mes ingresan 10, pero se quedan entre 3 y 4. A veces solo una o ninguna logra terminar el tratamiento.

Para Condori dejar la adicción es un proceso muy complejo porque no solo implica la parte psicológica o emocional, sino al cuerpo (fisiológico) que exige seguir consumiendo.