Optó por servir a Dios cuando le detectaron cáncer y su vida cambió
La vida de Freddy Enríquez Tordoya dio un giro de 180 grados cuando en septiembre de 2005 un médico le hizo conocer un diagnóstico devastador: padecía de cáncer en el hígado y le quedaban solamente tres meses de vida. No estaría con los suyos en la Navidad de ese año.
Enríquez, quien tenía en ese entonces el grado de mayor de Policía, se derrumbó física y espiritualmente. Según su relato, empezó a desesperarse, no podía comer ni dormir.
“En tres oportunidades agarré mi arma de reglamento y me la puse en mi boca con el fin de dispararme. Quería suicidarme”, rememora.
Tenía 42 años y una serie de pensamientos perversos le atormentaban su espíritu, sin embargo, según su testimonio, se acercó a Dios y su vida dio otro giro.
Casi 12 años después de ese diagnóstico, el coronel Enríquez vive para contar su historia. Con la voz pausada y una Biblia en sus manos, el oficial retirado subraya que “una mano” le impidió apretar el gatillo en esas tres oportunidades.
Enríquez confiesa que en esa época, él vivía en un ambiente mundano, donde campeaban los vicios y la corrupción.
Después de dos semanas de haber recibido el diagnóstico de su enfermedad, una de sus hijas le instó a ir a confesarse. Sin pensarlo dos veces, Enríquez llegó hasta el templo del Hospicio, donde dobló sus rodillas y clamó a Dios por su vida, para que no se lo lleve.
Ese mismo día, cuando se encontraba dormido, sintió como si alguien le estuviera cortando el estómago. Despertó y solo vio dos sombras a sus costados que se esfumaban.
En la mañana, su esposa le sugirió ir a otro médico para un nuevo examen. Lo increíble, según él, es que al menos tres análisis en diferentes clínicas llegaron a una misma conclusión: él no tenía nada en el hígado.
Los médicos le dijeron que pudo haberse tratado de un error (el primer diagnóstico) o un milagro.
Desde ese día, el oficial de Policía decidió que dedicaría su vida a Dios para servir a los demás, pero esta vez desde Ekklesía.
Apoyo al prójimo
Además de predicar la palabra de Dios, especialmente en las cárceles, atiende un bufete de abogado para las personas cristianas con problemas jurídicos, que no tienen dinero.