“Aquí tengo varias mamás”
“¿Cuánto tiempo ha estado en el mercado Doña Charo?”, ella responde: “toda la vida”, y esa afirmación no podría ser más acertada.
“Te dejo un ratito a mi hija, me he olvidado mi carne”, eso fue lo que la madre biológica de María del Rosario le dijo a su madre adoptiva, Alicia Escobar, quien la recibió en pañales y se encargó de su crianza, con la ayuda de otras vendedoras del Mercado 25 de Mayo que recién habían dado a luz y pudieron darle el pecho a la bebé, quien todavía ve a algunas de ellas en el mercado y con respeto les llama “mamá Pacesa”, o “mamá Juana”.
Pero tristemente, Alicia no fue la madre amorosa que María del Rosario necesitaba: “no sé si era por los nervios o qué, pero tenía un carácter feo, y me maltrataba desde que yo era muy niña”. Muchas de las golpizas las sufrió dentro del mercado, pero comerciantes y compradores la defendían.
Charito sí recibió mucho cariño del resto de su familia adoptiva, en especial de su tía y tío, Julia y Fausto Valencia: “ella fue como mi mamá, nos consentíamos entre las dos”. Pero quien más amor le brindó fue su padre adoptivo, quien sin poder tener hijos propios, adoraba a la pequeña que el mercado le había dado: “pero nos perdimos muchas cosas porque él era sordito, igual me llevaba al cine, al estadio, incluso ya viejito venía aquí, me lo pelaba arveja, haba”, cuenta con la voz quebrada por los recuerdos.
María del Rosario se casó a los 19 años, y aunque tuvo fuertes conflictos conyugales al principio, supo sacar a su familia adelante. “Doy gracias a la vida porque lo que no me dio en familia (de sangre), me dio en suegros, en cuñados, en marido y a mi papá”.
A consecuencia de los maltratos, Charo tiene problemas de salud, sobre todo neurológicos: “gracias a Dios, y gracias a la Virgen, superé las pruebas, con mucho esfuerzo, tratamiento psicológico y apoyo, aprendí a perdonar”.
Y aunque aún siente el dolor de no saber la verdad completa de su origen (le cuentan varias cosas), ahora está en paz y agradecida con la vida, y eso es lo que quiere transmitir a sus tres hijos, Juan Manuel (35), Diego (33) y Laura (23): que a pesar de todas las cosas malas y tristes de la vida, hay que quedarse con lo bueno.