Los privados de libertad que buscan cambiar sus vidas optan por incluirse en alguna religión y recibir el sacramento del bautismo.

Iglesias bautizan a fieles en los penales



Dionisio Ch. decidió bautizarse en la cárcel para cambiar su vida. Y está convencido que pudo lograrlo. 

Según su relato, un pastor de la iglesia Central Misionera, que forma parte de las Asambleas de Dios de Bolivia, llegó hasta el penal en el que estaba recluido para administrarle este sacramento. Ese día, el carpintero de 48 años, estuvo arropado por su familia y amigos, mientras el representante de esta iglesia le sumergía en el agua.

Dionisio, quien actualmente se encuentra en libertad tras haber cumplido una sentencia de cuatro años (entre 2012 y 2016), se dedica a predicar la palabra de Dios y al oficio que ejerció Jesús, y que él aprendió en el penal, la carpintería. Padre de dos hijos, el cochabambino afirma que “la palabra de Dios” le salvó la vida.

La Central Misionera bautizó a por lo menos 300 personas en los últimos 20 años, en los penales de Cochabamba, puntualiza el pastor responsable de esta iglesia, Marcelino Ríos.

Como promedio -abunda Ríos- cada año se bautiza a unas 15 personas que están recluidas en los penales, y que por voluntad propia toman esa decisión, tras “conocer la palabra de Dios”.

Para bautizar a una persona se utiliza una piscina portátil y se lleva agua para la ocasión.

Además, los pastores de esta Iglesia apoyan a los privados de libertad con consejería familiar y ayuda material.

El culto en los penales se celebra los domingos por la mañana, en un ambiente habilitado para este fin, donde asisten hasta 30 personas.

La Iglesia Central Misionera está presente en dos penales, en San Sebastián de Cochabamba y San Pablo de Quillacollo. Las otras iglesias de las Asambleas de Dios llegan hasta los otros penales del departamento.

En El Abra, por ejemplo, tienen un templo en el que ingresan hasta 100 personas, afirma Ríos.

El pastor destaca que lo “interesante” del trabajo que realizan los pastores de la Central Misionera es que la gente que ha salido de la cárcel ya no vuelve a delinquir, “pese a que muchas personas no confían en ellos y les cierran las puertas”. “Sin embargo, con la ayuda de Dios, consiguen algún trabajo”.

Ríos añade que algunos exreclusos lograron restaurar sus familias, consiguieron un trabajo y se convirtieron en líderes de la iglesia, especialmente en sus comunidades.

IGLESIA ADVENTISTA

Los miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día brindan apoyo espiritual, y algunas veces material, a los privados de libertad de los penales de San Sebastián Varones y San Antonio, en Cercado; El Abra, en la población de Sacaba; y la cárcel de San Pablo, en el municipio de Quillacollo.

El pastor Jhimy Laime subraya que al penal de San Sebastián Mujeres llegan esporádicamente, especialmente con campañas, pero no tienen un grupo establecido o un lugar donde reunirse.

Los pastores de esta Iglesia celebran los cultos los días martes y jueves entre las dos y cuatro de la tarde, y los sábados a las 09:30 horas.

Laime puntualiza que el objetivo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día es brindar apoyo espiritual a los internos, consuelo, y la ayuda que requieran, por ejemplo, alimentación, ropa o algún trámite que ellos tienen pendiente.

"Sin embargo, nuestra prioridad es promover el aspecto espiritual, debido a que hoy en día las personas hemos perdido nuestra relación con Dios, hemos dejado de involucrarnos con el aspecto espiritual y damos prioridad a lo cotidiano".

Los pastores buscan formar en los internos los hábitos de la oración, lectura de la Biblia y conocer a Dios para transformar sus vidas.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día realiza también campañas en los penales de Cochabamba. Uno de los últimos se hizo en Semana Santa, durante 14 días, en San Sebastián y San Antonio.

En estos dos penales, los adventistas tienen espacios determinados para predicar. Hablan de la fe, de Jesús, estudian la Biblia, rezan y escuchan las necesidades que tienen los internos.

Laime señala que los pastores que predican en los centros penitenciarios confirman que hay personas que lograron cambiar sus vidas y ahora son muy diferentes, tienen nuevos horizontes, “gracias a que han aceptado a Jesús en sus vidas y, en algunos casos, se han bautizado”.

Algunos “hermanos bautizados” que han recuperado su libertad, ahora son líderes de esta Iglesia, especialmente en las comunidades.

“Esa es la satisfacción más grande que tenemos como Iglesia”, subraya.

CULTOS

El culto principal de los adventistas se realiza el sábado a las 9 de la mañana y es dirigido por uno de sus pastores destinado a los penales, en un ambiente donde caben unas 20 personas.

El pastor Laime subraya que la Iglesia Adventista, además de la parte espiritual que brinda, apoya con recursos humanos y económicos cuando se les solicita alguna donación para mejorar un ambiente o satisfacer otra necesidad de los internos.

La Iglesia Adventista también bautiza a los internos que manifiesten su deseo de hacerlo.

Lo más interesante es, según el pastor Laime, que cuando algún privado de libertad se bautiza, su familia lo acompaña, además de algunos amigos, y se percatan del cambio que se está dando en su ser querido.

“El bautizo se lo hace por inmersión, lo que significa sepultar todo el cuerpo en el agua y sacarlo después, al igual que hicieron con Jesús”, puntualiza el pastor.

Esta Iglesia bautiza a por lo menos unas cinco personas en cada campaña que realizan en los penales, unas tres veces cada gestión.

Mensaje

La idea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día es sostener su obra en los penales y seguir con la evangelización.

El pastor Jhimy Laime afirma que los pastores de esta Iglesia brindan a los internos un mensaje de esperanza, a pesar de las dificultades. “Esa es nuestra mayor fortaleza”.