Desde un penal de máxima seguridad, el integrante de una de las redes internacionales de secuestros hace un recuento de su vida revelando sus primeras experiencias hasta los últimos asesinatos

Historias, sueños y miedos de cómo se hace un secuestrador



Javier es uno de los pocos bolivianos involucrado en redes internacionales de secuestros y extorsión. A sus 28 años paga su quinta pena en un penal de máxima seguridad. Desde allí hace un recuento de su vida, su infancia, sus vicios, sus primeros asesinatos, sus miedos y visualiza su futuro.

P: ¿Qué edad tienes y desde cuándo te involucraste en los secuestros?

R: Tengo 28 y estoy en esto desde los 20 años.

P: ¿Qué pasó antes de cumplir los 20 años. A que te dedicabas?

R: Mirá. Yo vengo de papás alcohólicos, no sé si el problema han sido ellos, pero no puedo echarles la culpa porque el dueño de mi vida soy yo. Más bien, creo que me han dado un ejemplo para que yo pueda ser una persona diferente, no como ellos.

Desde los 14 años he consumido drogas. Conocí la marihuana, me conseguía amigos y ésa era mi vida.

Yo creo que he empezado a adquirir una actitud diferente desde los 12 años, no era igual que el resto, me sentía más solo, desprotegido, no tenía la seguridad de ir y decir: “Papi tengo este problema”, “papi hay esta situación”. Mis dolores los curaba yo solito y mis alegrías las guardaba para mí.

Por saciar mi vicio robaba de mi propia casa. Era tan estúpido que me robaba a mi mismo, entonces salía a las calles y entré en otro nivel. Las primeras veces agarraba y los desmayaba con una piedra, para robarles, luego un amigo me enseñó otras cosas más.

P: ¿A qué edad mataste por primera vez?

R: La primera vez que yo sí sé que he matado era entrando a mis 15 años, pero maté por accidente. Le decían el One two three, él nos vendió estuco en vez de droga y cuando le reclamamos nos correteó con su gente. Un día lo agarré solo y él estaba drogado, lo corretee y le clavé en sus piernas cuando estaba en las vías del tren para que se acuerde de mí, pero por mala suerte ese día había pasado un tren y lo arrolló.

Fue la primera vez, pero no sentí esa sensación como cuando matas. En mi mente pensaba “¿habré sido yo?”. “¿Se habrá muerto antes que le pase el tren?”, y me quedé con la duda y el miedo. “¿Qué he hecho?, ¿qué me van a hacer?”, pero no pasó nada y luego pensé “Está bien, me fue bien”.

Hasta el momento, de los que yo sé que he matado, son cinco personas, pero tres eran por encargo.

P: ¿Y quiénes te encargan? ¿por qué razones?

R: Mayormente son gente del narcotráfico. Generalmente me contactan a través de conocidos. El mundo del narcotráfico es muy chiquitito, todos se conocen, por eso es que me llegan, por la mala fama.

P: ¿Y cómo te iniciaste? ¿cómo te hiciste de esa fama?

R: La primera vez que he caído fue a los 19 años. Entré en la cárcel por lesiones, nos peleamos con un sargento del Ejército que después se había muerto. Ahí -en la cárcel- encontré a todo tipo de gente. Yo veía y pensaba... “¿los Zetas de México?”, “¿qué tienen que hacer ellos aquí?”.

Y desde allí ya empecé a conocer gente, entré en mi organización y de ahí ya todos te conocen, porque tienes tu fama. Por más que me hayan roto la cabeza a cachazos nunca los he delatado, a nadie. Trabajamos entre varios, bien armados, porque esa gente también se arma.

P: ¿Y qué hacen con la gente que secuestran? ¿cuánto tiempo los tienen?

R: Depende, a veces nos dicen que solo recuperemos la plata, nos entregan y listo, los soltamos, pero siempre les damos unos golpes para que tengan miedo. Hay otros que solo quieren que los enfriemos -matemos-. Como le digo, depende... hacemos lo que nos pide el cliente.

Hay otros que los quieren enfriar con sus propias manos. Entonces se los agarramos, les damos el arma, y que él haga lo suyo. Tal vez quieren llevar eso en su corazón, porque no es lindo cargar con un muerto.

P: ¿Cómo ha sido para ti cargar con cinco muertos?

R: No tendría por qué arrepentirme. Tampoco me alegro... pero no he hecho nada malo a alguien que no se lo haya merecido. Las personas que yo he matado eran narcos, gente mala, que hace mucho daño a las familias... a mí.

No me arrepiento porque no maté, ni violé ni golpee por mi cuenta, es la carga de otros. Porque si fuera así, hasta en la cárcel hacen los contactos y pueden encargarme -mandarme a matar- por unos 2 mil dólares.

No es fácil, tengo 28 años y siento que no he vivido... por más plata que me paguen.

He estado cinco veces en la cárcel, en total nueve años. Intentaron matarme en dos oportunidades estando en prisión. Por eso no vivo tranquilo, no puedo confiar en nadie, no tengo esa seguridad de salir y compartir como otros, no tomo el refresco o comida que me invitan... recibo, pero no como, porque mi madre siempre me decía “si te invitan recibí, es una bendición”.

Pueden ponerle veneno o vidrio molido a mi comida... es feo. Tampoco duermes tranquilo, todo el tiempo estás con ese pensamiento.

P: ¿A qué te dedicas cuando no estás en esto?

R: Soy chef en un restaurante famoso de La Paz, de pastas y pizzas. (Sonríe).

P: Hay varios como tú que se dedican a la gastronomía. ¿Por qué?

R: Es un trabajo lindo, tranquilo, te relacionas con gente diferente que te trata bien porque ni sospechan que andas en esto.

P: ¿Qué harás al salir de la cárcel? 

R: Yo quería ser militar, pero ya no se puede, si salgo vivo de esto me dedicaré a la gastronomía, soy muy bueno para eso... (sonríe con la mirada perdida)... Pero es difícil (suspira)... no creo (cierra los labios con fuerza y sonríe nuevamente).