La exDefensora del Pueblo lideró la huelga de hambre que le dio el “tiro de gracia” al gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada. Posteriormente, incursionó nuevamente en política para ser presidenta del Senado

Anamar: “La vida se me va y he decidido gastarla en el intento”



Ana María Romero de Campero nunca estuvo de acuerdo con las huelgas de hambre. Su exfuncionaria en el Defensor del Pueblo, Ana Benavides, cuenta por ejemplo que un día Romero se acercó a un piquete y le dijo a una huelguista: “Aurora, no tienes que hacer huelga porque estás yendo contra tu vida. La Constitución dice que lo primero es tu vida y no acepto que hagas esto”.

La pérdida de una vida es lamentable. Lo es también la pérdida de 63 y más de 450 heridos. Tal fue el saldo de la violenta represión del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada a las protestas populares de octubre de 2003, en rechazo a la exportación del gas boliviano por puerto chileno. Pocas semanas después de -ante el manoseo político- haber retirado su postulación a la reelección del Defensor, Romero dio muestra de que no necesitaba del nombramiento para seguir cumpliendo sus roles. Entonces inició una huelga de hambre pidiendo la pacificación y la renuncia del jefe de Estado. “No podemos permitir que haya una muerte más” dijo Anamar, e inició el ayuno junto a destacadas figuras de Derechos Humanos, intelectuales, artistas, gremiales y políticos.

“Ella me llamó -recuerda Benavides sobre el inicio de la medida- y me dijo: ‘Vente a la casa de Natalia’, su hija menor, ‘te estoy mandando unos correos, tienes que leerlos y te vienes’. Fui a una pequeña reunión donde se estaba determinando, ella a la cabeza, que se iniciara una huelga de hambre porque no se podía permitir la situación. Fuimos luego a la iglesia de las Carmelitas y ahí hablamos con el párroco para que nos permita hacer la huelga. Comenzó la medida y empezó a ir todo el mundo solidarizándose. Incluso nos llamaron del exterior para decir que se estaban abriendo piquetes de bolivianos en países como Francia”. 

El por entonces alcalde de La Paz -la represión se produjo en esa ciudad y especialmente en la vecina de El Alto-, Juan Del Granado, señala que la acción fue coordinada con el presidente de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, Waldo Albarracín; el representante de la Iglesia Católica, Jesús Juárez; la Central Obrera Boliviana y su persona. “Decidimos -dice Del Granado- que había que impulsar una acción destinada a la renuncia de Sánchez de Lozada para lograr la pacificación del país”.

El historiador Carlos Mesa, entonces vicepresidente aunque alejado del primer Mandatario, da su perspectiva de la huelga: “La convocatoria de Ana María cerró el circuito de oposición nacional al presidente Sánchez de Lozada. Normalmente la clase media no ha tenido acciones de salir a la calle y mostrar su punto de vista de manera militante, en alguna forma más allá de las ideas. En este caso se produjeron primero manifestaciones, una cadena que era precisamente de respaldo a Ana María, y al lado de ella se sumaron muchísimas personalidades, intelectuales, gente joven, en fín, que fueron un elemento catalizador final del proceso. No es que esa huelga de hambre definiera la salida del presidente, pero fue el empujón final para que Sánchez de Lozada se diera cuenta que no tenía ningún respaldo”.

El ayuno masivo y otras movilizaciones consiguieron su objetivo. Luego de renunciar, el presidente prácticamente tuvo que huir del país y, por sucesión constitucional, precisamente Mesa fue quien ocupó su lugar. 



DE REGRESO

En los años venideros, Ana María Romero continúo su trabajo de promoción de los Derechos Humanos, la cultura de paz, y sumó el fomento al buen periodismo, a través de la creación de la Fundación UNIR Bolivia. 

Siempre presente en la vida pública, en 2005 recibió la invitación de Evo Morales -con quien mantuvo una relación de simpatía mutua desde que éste era dirigente sindical- para ser su candidata independiente a la vicepresidencia en las elecciones de ese año, invitación que no tomó Anamar porque la Ley del Defensor del Pueblo impide a sus titulares postularse a elecciones hasta cinco años después de su mandato.

Para las elecciones de 2009, la invitación del líder del Movimiento Al Socialismo (MAS) y ya presidente se repitió, ahora para el cargo de primera senadora por La Paz, con el ofrecimiento añadido de que Romero sería la presidenta del Senado. Mucho tuvo que reflexionar la exDefensora para acceder al ofrecimiento. Primero que en ese momento el país sufría una polarización que amenazaba incluso con concluir con la división. Segundo - y más importante- dos años atrás Ana María se enteró de que padecía de un cáncer intestinal. “Ya había ido -puntualiza su gran amiga y periodista Sandra Aliaga- incluso a tratarse a Chile”.

Tras consultar con su familia y entorno su decisión, Ana María terminó por aceptar el desafío, determinación que le valió críticas de varios sectores. En respuesta, en una carta abierta publicada en diarios del país, Romero expresó: “Ha pesado en mí la convicción de que no puedo negarme a brindar mi esfuerzo al ánimo de tender puentes y concertar que me ha manifestado el Presidente Evo Morales, lo que no me impedirá mirar críticamente el proceso por considerar que sus defectos o excesos no podrán enmendarse con odios y animadversiones, sino entendiendo a cabalidad el momento excepcional que nos ha tocado vivir. (...) La vida se me va y he decidido gastarla en el intento”.

Aliaga rememora los días posteriores: “Por su enfermedad, la campaña la hizo con peluca. Una de las cosas que le reprochaba la gente era que haya hecho campaña estando tan delicada. Yo me peleaba y les decía: ‘No me jodan. Ella está en su momento de gloria. Qué importa que se muera mañana. Lo que ella está viviendo es la coronación de una larga vida de lucha, entrega y trabajo”. Romero finalmente fue electa como congresista y posesionada como presidenta del Senado de Bolivia, en enero de 2010, cargo del que sin embargo tuvo que pedir licencia en menos de un mes a causa de la enfermedad de la que moriría el 25 de octubre del mismo año. 

En su corta gestión -precisa su secretaria Lucy Gutiérrez- Romero coadyuvó en la conformación de comisiones y en algunas de las cinco llamadas Leyes Fundamentales (del Órgano Electoral, del Órgano Judicial, de Régimen Electoral, del Tribunal Constitucional y Marco de Autonomías) que se promulgaron después.

Políticos de oficialismo y oposición apoyan y critican la segunda incursión de Romero en el ámbito político. No obstante, todos coinciden en que, de seguir ella viva, la gestión del parlamento hubiese sido diferente. 

El hasta hace poco presidente de la Cámara de Diputados, Héctor Arce, manifiesta: “Romero hubiera hecho una gran gestión en procura del diálogo y la concertación. En lo personal, he sentido profundamente su ausencia. Tenía grandes planes con Anamar en relación a buscar y profundizar la cultura del diálogo, desde la presidencia de ambas Cámaras”.