Faustino Challapa, candidato a gobernador por el Frente Para la Victoria (FPV), tuvo muchas carencias durante su infancia que le obligaron a abandonar su hogar a muy temprana edad

A los siete años se fue de su casa



Una serie de circunstancias, entre ellas una prohibición que su madre le hizo de jugar al fútbol -un deporte que apasiona a Faustino Challapa desde que tiene memoria-, motivó a que el actual candidato a la Gobernación de Cochabamba por el Frente Para la Victoria (FPV) abandone su casa cuando tenía siete años de edad.

Recuerda que su humilde vivienda, ubicada en Arque, colindaba con una cancha deportiva. Así que cada que podía “despistar” a su mamá, Jacinta Flores, corría a jugar fútbol con sus amiguitos.

Sin embargo, no pasaba mucho tiempo para que su mamá se dé cuenta que estaba en la cancha y lo meta de un jalón de orejas a su casa.

“Todos los niños jugaban, pero a mí no me dejaban”, lamenta.

Dicha prohibición, sumada a la crítica situación económica de su familia, lo motivó -a sus escasos siete años de edad- a aceptar una propuesta de trabajo que le hicieron “unos conocidos”.

“Me llevaron por la carretera antigua a Santa Cruz hasta Yapacaní. Ahí me hicieron trabajar cosechando arroz”, relata.

Durante unos buenos meses sus padres lo buscaron con desesperación porque él se fue de casa sin decirles nada.

Cuando su madre lo encontró acordaron que Faustino solo trabajaría en las vacaciones, pero “el que saca el pie ya no vuelve a casa”, dice.

Durante un tiempo trabajó para comprarse material escolar, pero a los 12 años volvió a emprender otra “aventura” laboral con sus primos.

Esta vez fue a trabajar de minero a Kami.

SUPERA LA MUERTE

Pese a que Challapa empezó a trabajar desde pequeño, jamás descuidó sus estudios, es más, era líder y, en algunas ocasiones, aplicado.

En tercero básico recitaba la tabla de multiplicar sin titubear, de principio a fin, y a los 10 años conformó su equipo de fútbol.

Coincidentemente, puntualiza, aquel entonces los colores de los uniformes de los jugadores de su equipo eran verde y blanco, los mismos de su partido político actual.

De forma paralela a estas dos pasiones, la escuela y el fútbol, Challapa trabajaba, colaboraba en los quehaceres del hogar y también cuidaba a sus hermanitos, aunque esta última actividad casi le costó la vida.

Cuenta que en una oscura noche, característica de Arque porque aquel entonces no había electricidad ni caminos, él se dirigía hacia su casa cargando a su hermano de ocho años en sus hombros.

Recuerda que de rato en rato se tambaleaba porque la oscuridad no le permitía ver dónde pisaba.

Lamentablemente uno de esos pasos en falso terminó mal. Él y su pequeño hermano cayeron en un precipicio.

Casi inconsciente y ensangrentado, Challapa rememora que escuchaba el llanto de una mujer que confundió a él y a su hermanito con sus hijos. Además, sentía cómo la gente le echaba con agua fría para limpiarle el rostro. Afortunadamente, sobrevivió.

“Volví del otro mundo para cumplir un mandato”, reflexiona.