14 de septiembre y descolonización
15 de septiembre de 2013 (03:57 h.)
QUÉ CELEBRAMOS Por un lado es claro que desde una perspectiva descolonizadora esta fiesta sí merece celebrarse, a diferencia de la polémica celebración de la fundación de la Villa de Oropeza por parte del conquistador Jerónimo de Osorio (que nuestro propio Presidente consideró un aniversario colonial). En cambio lo que ocurrió el 14 de septiembre de 1810 fue eminentemente anti-colonial, como lo fueron sus protagonistas (al margen de su perfil étnico-cultural, que en la mayor parte de los casos era nomás criollo/castellano; ya sabemos que lo que vale no es la sangre sino la mente).
Esteban Arze será siempre digno de recordación y celebración, como la mayor parte de sus compañeros y compañeras de lucha (ojo, no todos, el celebrado Francisco del Rivero, por ejemplo, sabemos que traicionaría la causa para negociar con las autoridades españolas), y en general podemos festejar con razón el papel que jugó Cochabamba en la larga lucha independentista, ya que después del 14 de Septiembre vendrían muchas otras fechas dignas de celebración (ahí está el 27 de Mayo de 1812, que nunca olvidamos), y se puede decir que en aquellos largos años Cochabamba empezó a ganarse el título de Jatun Bolivia, ya que por su ubicación geográfica resultó un factor clave para hacerles la vida imposible a los ejércitos coloniales.
No olvidemos que la guerrilla de Ayopaya, comandada por José Miguel Lanza, fue la única republiqueta que las fuerzas españolas nunca pudieron doblegar (hasta el extremo de que Lanza fue uno de los únicos dos miembros del Congreso Constituyente que efectivamente habían peleado y sufrido por la independencia, mientras todos los demás eran tránsfugas del último minuto, y así fue como fundaron el 6 de Agosto de 1825 una república tristemente neocolonial).
CÓMO CELEBRAMOS Este es el otro tema digno de reflexión, si es que realmente nos preocupa la descolonización, que en el fondo será siempre una descolonización de las mentes.
Para empezar nuestra celebración tiene como componentes centrales los discursos y desfiles, dos elementos evidentemente heredados de la Colonia. El contenido de los discursos puede ser diferente, y por tanto es posible que algunos de ellos tengan sentido. Pero los desfiles con todos y siempre una lamentable copia de culturas ajenas (y dominantes), por tanto son eminentemente coloniales. No podemos negar que nuestras Fuerzas Armadas son una institución estructuralmente colonial, marcadas por el espíritu clasista, por un verticalismo que puede llegar a la muerte culposa pero impune de humildes soldados, donde se incuban luchas por el poder, y con un estilo externo lamentablemente similar al del viejo ejército alemán. ¿O será que ese paso de parada, por ejemplo, tiene algo que ver con nuestras culturas ancestrales?
Sin embargo los desfiles militares, o tristemente copiados de los militares, constituyen siempre un elemento central de nuestras celebraciones, lo que en el caso del 14 de Septiembre resulta contradictorio con lo que celebramos. Si a eso le añadimos los discursos vacíos y los gritos sin mayor contenido, tendremos que reconocer que nuestra forma de celebrar —por decir lo menos— no es descolonizadora.
BANDAS DE GUERRA ¿Y qué me dicen ustedes de la creciente obsesión por las bandas de guerra escolares? ¿No son ellas una copia colonial que va infectando las mentes de nuestros niños y niñas, además de afectar los bolsillos de sus padres y de sus mismas escuelas? Dichas bandas son un afán ridículo de imitación de los aires militares, pero además con componentes directamente gringos, como el de las waripoleras, que son lo menos parecido que se puede imaginar a nuestras ñustas.
Y no vamos a hablar de esa otra ceremonia de los reconocimientos, cuyos contenidos y expresiones suelen ser ranciamente coloniales, a no ser que se tornen en tristes expresiones de llunk’erio. Pero sí podríamos hablar de los regalos que los gobiernos suelen hacer a las regiones que celebran sus respectivas fiestas; ¿no es otra expresión de colonialidad el pensar que nuestros gobiernos nos regalan obras, como si no fueran simples ejecutores, pagados por nosotros, de presupuestos que nosotros mismos financiamos?
Por supuesto también existen gestos de celebración que son dignos y respetables, y que, si bien no son por sí mismos descolonizadores, tampoco son ratificaciones de la mentalidad colonial; pero son los secundarios. Los actos principales que celebramos nos ratifican en una mentalidad colonial, por tanto dependiente, no propia, nada creativa, y por eso mismo nefasta en términos de formación de la mente de nuestras nuevas generaciones.
Pero además se trata de estilos copiados de otros países y culturas, pero en su acepción anticuada. ¿Han visto ustedes que hoy en Alemania o en España se celebre las fiestas nacionales con interminables desfiles, con repetitivos discursos y con ominosas bandas de guerra? Encima de mantenernos coloniales, estamos atrasados respecto de esas mismas potencias a las que parece que quisiéramos imitar.
Si realmente pensamos que Cochabamba fue el primero en la lucha marcial, ¿no podríamos hacer el esfuerzo mental para ser los primeros en la lucha por la descolonización?
Esteban Arze será siempre digno de recordación y celebración, como la mayor parte de sus compañeros y compañeras de lucha (ojo, no todos, el celebrado Francisco del Rivero, por ejemplo, sabemos que traicionaría la causa para negociar con las autoridades españolas), y en general podemos festejar con razón el papel que jugó Cochabamba en la larga lucha independentista, ya que después del 14 de Septiembre vendrían muchas otras fechas dignas de celebración (ahí está el 27 de Mayo de 1812, que nunca olvidamos), y se puede decir que en aquellos largos años Cochabamba empezó a ganarse el título de Jatun Bolivia, ya que por su ubicación geográfica resultó un factor clave para hacerles la vida imposible a los ejércitos coloniales.
No olvidemos que la guerrilla de Ayopaya, comandada por José Miguel Lanza, fue la única republiqueta que las fuerzas españolas nunca pudieron doblegar (hasta el extremo de que Lanza fue uno de los únicos dos miembros del Congreso Constituyente que efectivamente habían peleado y sufrido por la independencia, mientras todos los demás eran tránsfugas del último minuto, y así fue como fundaron el 6 de Agosto de 1825 una república tristemente neocolonial).
CÓMO CELEBRAMOS Este es el otro tema digno de reflexión, si es que realmente nos preocupa la descolonización, que en el fondo será siempre una descolonización de las mentes.
Para empezar nuestra celebración tiene como componentes centrales los discursos y desfiles, dos elementos evidentemente heredados de la Colonia. El contenido de los discursos puede ser diferente, y por tanto es posible que algunos de ellos tengan sentido. Pero los desfiles con todos y siempre una lamentable copia de culturas ajenas (y dominantes), por tanto son eminentemente coloniales. No podemos negar que nuestras Fuerzas Armadas son una institución estructuralmente colonial, marcadas por el espíritu clasista, por un verticalismo que puede llegar a la muerte culposa pero impune de humildes soldados, donde se incuban luchas por el poder, y con un estilo externo lamentablemente similar al del viejo ejército alemán. ¿O será que ese paso de parada, por ejemplo, tiene algo que ver con nuestras culturas ancestrales?
Sin embargo los desfiles militares, o tristemente copiados de los militares, constituyen siempre un elemento central de nuestras celebraciones, lo que en el caso del 14 de Septiembre resulta contradictorio con lo que celebramos. Si a eso le añadimos los discursos vacíos y los gritos sin mayor contenido, tendremos que reconocer que nuestra forma de celebrar —por decir lo menos— no es descolonizadora.
BANDAS DE GUERRA ¿Y qué me dicen ustedes de la creciente obsesión por las bandas de guerra escolares? ¿No son ellas una copia colonial que va infectando las mentes de nuestros niños y niñas, además de afectar los bolsillos de sus padres y de sus mismas escuelas? Dichas bandas son un afán ridículo de imitación de los aires militares, pero además con componentes directamente gringos, como el de las waripoleras, que son lo menos parecido que se puede imaginar a nuestras ñustas.
Y no vamos a hablar de esa otra ceremonia de los reconocimientos, cuyos contenidos y expresiones suelen ser ranciamente coloniales, a no ser que se tornen en tristes expresiones de llunk’erio. Pero sí podríamos hablar de los regalos que los gobiernos suelen hacer a las regiones que celebran sus respectivas fiestas; ¿no es otra expresión de colonialidad el pensar que nuestros gobiernos nos regalan obras, como si no fueran simples ejecutores, pagados por nosotros, de presupuestos que nosotros mismos financiamos?
Por supuesto también existen gestos de celebración que son dignos y respetables, y que, si bien no son por sí mismos descolonizadores, tampoco son ratificaciones de la mentalidad colonial; pero son los secundarios. Los actos principales que celebramos nos ratifican en una mentalidad colonial, por tanto dependiente, no propia, nada creativa, y por eso mismo nefasta en términos de formación de la mente de nuestras nuevas generaciones.
Pero además se trata de estilos copiados de otros países y culturas, pero en su acepción anticuada. ¿Han visto ustedes que hoy en Alemania o en España se celebre las fiestas nacionales con interminables desfiles, con repetitivos discursos y con ominosas bandas de guerra? Encima de mantenernos coloniales, estamos atrasados respecto de esas mismas potencias a las que parece que quisiéramos imitar.
Si realmente pensamos que Cochabamba fue el primero en la lucha marcial, ¿no podríamos hacer el esfuerzo mental para ser los primeros en la lucha por la descolonización?