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  • Diario Digital | viernes, 02 de diciembre de 2022
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Relatos del horror: “se reían, la pasaban bien", lo peor vino luego”

Imagen referencial de la violación grupal que sufrió una joven en Buenos Aires, en febrero de 2022.           EL PAÍS
Imagen referencial de la violación grupal que sufrió una joven en Buenos Aires, en febrero de 2022. EL PAÍS
Relatos del horror: “se reían, la pasaban bien", lo peor vino luego”

El feriado del 28 de febrero de 2022, en el barrio de Palermo, Argentina, sucedió el horror. Seis jóvenes, de entre 19 y 24 años, llevaron a cabo uno de los hechos más escabrosos que aún indigna al país vecino. Dentro de un auto Volkswagen Gol, a plena luz del día, el grupo violó a Adriana (nombre ficticio), que entonces tenía 20 años.

Los criminales, que transitan detención preventiva y fueron imputados por abuso sexual agravado, enfrentarán su juicio oral en 2023, en consonancia con el diario Perfil, en un artículo del 14 de este mes.

Ni bien sucedió el ataque, los medios de comunicación se apoderaron del caso. Lo mediatizaron por horas, pasaron una y otra vez los videos de la escena y dedicaron programas enteros al “análisis periodístico”.

La revictimizaron. Y Adriana, aún presa del trauma y el dolor que le generó la violación, tuvo fuerzas y apuntó contra los medios, en una suerte de defensa de su dignidad.

Cruzando el océano, en España, vive Carla (identidad cambiada), quien también fue víctima de ataque sexual múltiple. En julio de 2016, al calor de las fiestas de San Fermín, celebración anual típica de Pamplona, la joven (entonces tenía 18) fue vejada por “La Manada”.

José Ángel Prenda, Alfonso Jesús Cabezuelo, Ángel Boza, Jesús Escudero y Antonio Manuel Guerrero violaron a la madrileña. Entraron en prisión. Y solo tres años después del infortunio, en 2019, la víctima consiguió hablar. “Lo peor no fue la situación vivida, sino todo lo que vino después”, aseguró.

El 16 de octubre de 2019, en Oruro, Esther (nombre irreal), de 17 años, acordó un encuentro con un conocido y un grupo allegado al muchacho, además de otras amigas. 

En la reunión, bebió dos vasos y se desvaneció. Al recobrar el conocimiento, sintió dolores fuertes en la zona de la cadera, salió de la vivienda y la socorrieron unos vecinos. Fue ingresada a un nosocomio. La atacaron sexualmente y de manera múltiple. Sus agresores tenían entre 16 y 17 años.

Esther no consiguió dejar su relato y falleció el 1 de noviembre de ese año.

A continuación, algunos testimonios de sobrevivientes.

“DIFUMINEN MI CARA” Adriana, tras ser víctima de violación sexual grupal en febrero de 2022, en Palermo, Buenos Aires, compartió una carta. Su vivencia dolorosa (descrita en el inicio de la nota) se agudizó con el rol de los medios, sobre todo, de la televisión. 

Defendió su honor, pidió no ser revictimizada con la sucesión de imágenes que se muestra en la pantalla chica y alegó que “el respeto a la protección de la identidad de la víctima no es un favor, es un derecho”.

“Casi desde el momento inicial de lo ocurrido, me sentí totalmente hostigada por parte de los medios (…), ¿por qué seguir televisando las imágenes una y otra vez?”.

“Si antes me daba miedo salir a la calle, ahora me da pánico, tengo episodios de hipervigilancia y angustia desmesurada, tengo un diagnóstico de estrés postraumático (…). Les pido que difuminen la imagen de mi persona en un 100% (…). Esta vez fui yo, pero no me gustaría que el día de mañana la dañada sea otra y luego de una situación tan dolorosa deba sufrir también la exposición a que la gente diga lo que le dé la gana y haga de una vivencia horrible, traumática y todos los adjetivos que creo hasta ustedes saben utilizar más que yo, un espectáculo pochoclero que solo alimenta morbo y genera más dolor. El respeto a la protección de la identidad de la víctima no es un favor, es un derecho”, cerró.

“EN BUSCA DE FE” Victoria se animó a romper el silencio tras lo sucedido con Adriana. En entrevista con Rosario 3, la joven contó que en noviembre de 2021 asistió a una convención de narcóticos anónimos, en Villa Carlos Paz, Córdoba, Argentina.

Un grupo de hombres, uno de ellos, panelista del encuentro, la vejó en medio de una suerte de fiesta. “Fui en busca de fe y esperanza, y me traje razones para no querer ir más”, dijo la mujer.

Relató que un día después del ataque, eludió el desayuno con los participantes del encuentro. Les escribió mensajes a sus amigas, pero todavía no caía en la cuenta de la violación. “Empecé a mandar mensajes a mis amigas, como que había tenido una experiencia sexual, una fiesta, pero yo decía que era horrible. Era mucho mejor creer que había tenido una experiencia de esas características a aceptar que ellos habían abusado de mí. Dos de ellos tenían pareja, uno de ellos era casado. Era como que (me sentía como) la que había provocado la infidelidad. Estaba en eso…. caer en el discurso de que la culpable de ese encuentro había sido yo, revisando si tenía short, si me había sacado el corpiño o no. Tuve que pedir ayuda para que mis amigas me ayudaran a ver cuál era mi responsabilidad en todo eso y para darme cuenta de que no tenía ninguna (culpa)”. 

“LO PEOR VINO DESPUÉS” Carla habló de su trauma tres años después de aquello. Asistió a las fiestas de San Fermín, en Pamplona, España, y cinco integrantes de “La Manada” la vejaron.

“Lo peor no fue la situación vivida, sino todo lo que vino después. Llegado este momento, puedo asegurar que valió la pena y poco a poco voy recuperando el timón de mi vida (…). No soy ninguna heroína. La fuerza para continuar muchas veces me la han dado todo el calor y apoyo que he sentido en este camino”, se leía en una carta dirigida a El Programa de Ana Rosa.

“SE REÍAN” Camila tenía 21 años cuando fue atacada sexualmente en el baño de una discoteca de Valencia, en 2019. Cuatro hombres la abordaron, la violentaron, la manosearon y luego la violaron. “Se reían, parecía que la estaban pasando muy bien”, recordó la joven en el juicio oral, respecto a la actitud de sus agresores.