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  • Diario Digital | lunes, 27 de septiembre de 2021
  • Actualizado 06:08

Para mártires: arman un altar en la casa del asesino confeso que enterró a cuatro mujeres

Los cuerpos de Mónica Olmos, Nayeli Lizarazu, Beatriz García y Margarita Maldonado, de entre 19 y 30 años, se hallaron entre el 10 de febrero y el 1 de marzo de este año en el Trópico.

Las fotografías de las cuatro mujeres que fueron halladas enterradas en fosas.
Las fotografías de las cuatro mujeres que fueron halladas enterradas en fosas.
Para mártires: arman un altar en la casa del asesino confeso que enterró a cuatro mujeres

Cuatro mujeres jóvenes, que murieron de forma trágica a principios de este año, se convirtieron en mártires y “almas milagrosas” para muchas personas que acuden para pedirles “favores” hasta el municipio de Villa Tunari, en la región del Trópico de Cochabamba, a 157 kilómetros de la ciudad. Se suman a otros santos populares que hay en el departamento y suman más de una decena.

El 10 de febrero, la familia de Mónica Olmos confirmó lo que temía, su hija mayor, de 25 años, desaparecida desde el 20 de diciembre de 2020, apareció muerta. Su cuerpo estaba en una fosa en la casa de su primo Omar Jhonny Fernández de 27 años. Este crimen conmocionó a la población, pero solo era el inicio de una pesadilla para cuatro familias que vieron las vidas de sus seres queridos desaparecer de forma violenta. 

A los 14 días de ese hallazgo y a 10 metros de la fosa de Mónica estaba la segunda víctima. Nayeli Lizarazu, de 19 años, desapareció desde el 15 de febrero de 2020, por un año y nueve días, y el 24 de febrero se encontraron sus restos.

Cinco días después, el primero de marzo, tras que Omar se declarase culpable de los cuatro feminicidios, se inició otra búsqueda en el mismo lugar. Allí, estaban Beatriz García de 29 años, desaparecida desde el 15 de agosto de 2017, y Margarita Maldonado, de 25 años, que no fue hallada desde el 27 de septiembre de 2019.

La zona de Tres Arroyos está en el ingreso a Villa Tunari y es un sitio turístico por sus pozas de agua. Los visitantes paran para refrescarse, lavar ropa, bañarse y pescar. Hoy este lugar está marcado por los crímenes ocurridos a solo cien metros, en un sector que está en crecimiento. 

UNA PROMESA

Los pobladores y familiares de las víctimas pusieron unas apachetas (altares con cruces), sin embargo, una mujer se comprometió a emplazar una infraestructura más grande para rezar por el descanso de las jóvenes. Llegó a mediados de marzo, a solo una semana de conocerse la tragedia y hasta el día de hoy es visitado por creyentes de diferentes municipios.

Está en la puerta de la casa de dos habitaciones, donde vivía el asesino, la misma que está deshabitada desde que se encontraron en ella los cuerpos. Omar, que está condenado a 30 años de cárcel sin derecho a indulto, vivía allí con su madre, la que también fue señalada por complicidad, pero antes de las pericias policiales “desapareció”, aunque quienes la conocen aseguran tener información de que se encuentra en Quillacollo y piden que sea castigada.

En el inmueble, siguen los precintos amarillos de la Policía, que buscan impedir el paso de personas ajenas, pero también la tierra, en medio de la maleza donde se hallaron los cadáveres, permanece removida.

Soledad, una de las habitantes de la zona, contó que la mujer no identificada les pidió a las chicas que le ayuden a solucionar un problema que tenía y si le cumplían dijo que se los iba a construir un altar y así lo hizo.

“Se dice que son mártires y milagrosas porque murieron en un momento que no les tocaba y además dejaron este mundo de forma trágica. Por eso, les piden favores y en agradecimiento dejan ofrendas de diferente tipo. Llegan desde Tarata, Punata y otras provincias”, relató. 

El altar es una construcción con madera tallada y un tinglado de gran tamaño con calaminas. Ocupa una extensión de 4x5 metros y tiene el piso de cerámica. También están las bancas, hechas con el mismo material, talladas y barnizadas para dar comodidad a los visitantes.

Las fotografías de las cuatro víctimas son de gran tamaño y están colocadas en el orden cronológico en el que fueron halladas en las fosas. Ahí se puede ver una variedad de ramos de flores blancas y rojas, además de velas.

La romería se da principalmente los lunes, que es considerado el día de las almas. 

Los creyentes pasan algunas horas “acompañando” a las mujeres con oraciones, principalmente. Casi siempre están los familiares de las víctimas.

“Estamos aquí para rezar por ellas. Una es mi sobrina y como familia todavía sentimos mucho dolor y rabia, no nos resignarnos, pero qué vamos a hacer”, señaló Arminda.

CREENCIAS

Cada una de las personas entrevistadas por este medio llegó hasta el altar el pasado lunes, pero se mostraron temerosos de brindar información. Aseguraron que hay personas que buscan sacarles datos para luego tomar represalias en su contra por seguir movilizando a la población para protestar ante cualquier hecho irregular, tomando en cuenta que cuestionaron en reiteradas oportunidades el accionar de la Policía y la retardación en la Justicia para esclarecer estos crímenes.

Alertan de que las muertes están relacionadas con el narcotráfico, lo que hace más peligroso tener contacto con quienes son ajenos a la zona.

Uno de los varones entrevistados cree que estos asesinatos se dieron como “ofrendas” a los narcos para que su “negocio” pueda ser más exitoso.

Entre ellos, también surge el comentario de que aún hay más cuerpos enterrados en este lugar y esperan que la Policía pueda acudir con maquinaria pesada para “salir de dudas”.

Si bien hay otras tres personas que son investigadas, existe la duda de que en cualquier momento puedan quedar en libertad.

“Ya están reuniendo plata para salir, saben a quién pagar y en cualquier momento pueden venir por acá y buscar venganza”, coincidieron.

SANTOS

Estas creencias cobran cada vez más fuerza en Cochabamba, donde se encuentran más de una decena de “santos” populares. En el puente Huayna Kapac se encuentra el altar de Gunnar Mendoza, un joven que murió tras sufrir un robo. Se dice que su alma es muy milagrosa y los visitantes llegan desde el interior y exterior del país. 

En el mismo Trópico de Cochabamba, en el municipio de Chimoré, está el altar de “el jailoncito”, un “santo” de los narcos, según los mismos pobladores. Era un curandero que hacía “trabajos” para quienes se dedicaban a esta actividad ilícita, principalmente, y murió en un accidente de tránsito, en 2008.

En la carretera Cochabamba-Santa Cruz, a la altura del kilómetro 88, en la zona conocida como El Locotal, antes de pasar los túneles, está el altar de “Marcelito”, un joven motociclistas que cayó a un barranco en 2001 y se convirtió en un protector de los conductores. En el lugar hay una cruz con un casto en la parte de arriba, rodeado de flores blancas y velas. 

En Ivirgarzama también están las calaveritas, que son los restos de José y Pedro, dos jóvenes que pasaron sus últimas horas suplicando por su vida y fueron quemados vivos por una turba que los acusó de robo en 2010. Hasta el día de hoy nadie reclamó por ellos tal vez por miedo a la furia de los pobladores.

Las calaveritas se encuentran en una urna de madera en las instalaciones policiales, donde los uniformados se encomiendan con peticiones para resolver casos difíciles. También piden por su seguridad ya que anteriormente una turba provocó destrozos, quema y destrucción de equipos.

En este municipio se registraron más de 10 linchamientos con muertes y agresiones a cerca de una treintena de personas.

El hecho nunca se esclareció y los cráneos de José y Pedro junto a sus huesos chamuscados están en este lugar en medio de velas que colocan todos los lunes y viernes los policías de turno que creen que son milagrosos. Les “invitan” coca, cerveza y un cigarrillo. Hay quienes dan testimonios de los “favores” recibidos.

Algo similar pasa en Villa Tunari, en el Comando Regional de la Policía donde están dos calaveritas. Se trata de “El ducalito” y “La juanita”, como los bautizaron los mismos policías. Sus restos fueron encontrados cerca de un río y puestos en bolsas negras. Se cree que murieron ahogados, pero nadie denunció su desaparición. Ahora tienen una urna de vidrio. Los uniformados, sus familiares y algunos pobladores comenzaron a mostrarles respeto dejándoles flores, velas, coca y latas de cerveza en agradecimiento por los favores, principalmente para preservar su salud y trabajo, pero también porque velan por su seguridad y cuidan su integridad.

LAS MUERTES

Fueron 19 días de calvario para cuatro familias que emprendieron una búsqueda sin frutos por varios meses.

Mientras se encontraban los cuerpos, se daban a conocer detalles de las causas de sus muertes.

Mónica era prima de Omar, su asesino confeso y según informes policiales sobre la investigación fue contratado junto a Víctor Z. por Juan Dennys G.M., de 35 años, quien tenía una relación sentimental con la víctima, para “hacerla desaparecer” porque estaba saliendo con otro. Habría pagado 70.000 bolivianos, según reportes policiales de la investigación.

El examen médico forense reveló que fue agredida sexualmente antes de que le quiten la vida estrangulándola con un lazo.

Su familia contó todo lo que tuvo que pasar hasta encontrar a Mónica, la falta de apoyo de la policía y negligencia en su trabajo, las agresiones del entorno de Omar, el envío de mensajes y fotos y el pedido de un rescate de 75.000 dólares de supuestos narcotraficantes que decían que necesitaban comprar mercancía y amenazaban con prostituirla si no se cumplían sus exigencias.

En medio de amenazas de quemarle vivo, según contó la hermana de la víctima al medio Guardiana, dijo en principio que la vendió en el Tipnis (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure) a unos colombianos y luego, ante la presión declaró sobre el pago. 

Nayeli, quien era amiga de Omar en el colegio, murió por un golpe contundente en la cabeza y fue envuelta en una bolsa de yute y le pusieron cal, estaba amarrada.

Lo único que su familia sabía era que la joven quería ir a un cumpleaños en la casa de su novio en la ciudad de Cochabamba, pero nunca llegó. A esto se suma que su padre recibió un mensaje que decía: “Perdóname por salirme de callado, no se preocupen, estoy bien, ya conseguí trabajo”.

En medio de la búsqueda, recibía información de que fue vista en Quillacollo con otros jóvenes, que estaba embarazada y con un hombre mayor, pero nada pudo ser confirmado.

En el caso de Beatriz, madre de un niño, sus restos estaban dentro de una bolsa de yute a casi un metro de profundidad y presentaba signos de agresión sexual, al igual que Margarita, que además fue estrangulada con un lazo.

De Beatriz se sabía que salió a una tienda para comprar coca, pero para la gente del lugar se fue con un hombre. Su familia estaba segura que no abandonaría a su hijo. 

En busca de esclarecer los hechos, se conocieron detalles estremecedores de lo sucedido con las cuatro mujeres y aún quedan serias dudas.

Omar refirió que lo hizo por celos porque todas ellas fueron sus enamoradas, sin embargo, no supo explicar los motivos del feminicidio de su prima. Se presume que intentó proteger a otros de sus cómplices, pero después dijo que fue obligado a autoinculparse por su jefe (Juan Dennys G.M.) que era un narco y el autor de las muertes de sus propias enamoradas y el otro implicado (Víctor Z.), que pisaba coca para él.

La Policía va más allá y supone que en medio no solo hay problemas pasionales, sino venganza y préstamo de dinero.

Por este caso también hay otros detenidos en las cárceles de El Abra y San Sebastián, dos de ellos hermanos. Deben permanecer mientras avanzan las investigaciones en busca de esclarecer lo sucedido.