Opinión Bolivia Escena del Crimen

  • Diario Digital | miércoles, 03 de junio de 2026
  • Actualizado 22:47

Huellas del crimen: cuerpos ocultos en celdas, casas y ríos

Los criminales han optado por sepultar y quemar los cuerpos para intentar no ser descubiertos.

Del lado izquierdo, familiares de Mariluz pidiendo justicia. Del otro, los policías implicados en el crimen de una mujer./ FIDES TARIJA-EL DEBER
Del lado izquierdo, familiares de Mariluz pidiendo justicia. Del otro, los policías implicados en el crimen de una mujer./ FIDES TARIJA-EL DEBER
Huellas del crimen: cuerpos ocultos en celdas, casas y ríos

El crimen perfecto, por lo general, no existe. Siempre suelen quedar vestigios del delito, que se traducen en llamadas telefónicas, operaciones con tarjetas de crédito, hilos de sangre y otras evidencias que dejan descubierto al asesino.

Las coartadas, en la mayor parte de los casos, presentan fallas. Y es responsabilidad de los investigadores prestar atención a los mínimos detalles para desarmar el armazón de elementos ficticios.

Cuando el cuerpo de la víctima aparece, resulta más sencillo dar con el culpable. Sin embargo, cuando el cadáver no es hallado y su búsqueda se prolonga en demasía, el reto se torna mayúsculo para los fiscales y el equipo investigador.

El feminicidio de Cecilia Marlene Strzyzowski, la joven argentina que desapareció el 2 de junio de 2023, se ha convertido en el caso más sonado de los noticieros en el vecino país.

La mujer, de 28 años y nacida en la provincia de Chaco, ha sido victimada por el denominado “clan Sena”, una acomodada familia que ostenta poder político. No obstante, si bien los policías hallaron sangre, restos óseos e incluso hay videos de cuando Cecilia ingresó a la casa de esa familia, hasta la fecha el cadáver no aparece.

Y ello alarga la agonía de su madre, Gloria Romero, quien encabeza una lucha infranqueable a fin de que el crimen de su hija tenga justicia.

Bolivia no queda exenta a este tipo de hechos macabros. Hace poco, precisamente el 17 de julio, el Tribunal Supremo de Justicia de Sucre ratificó la condena de 30 años sin derecho a indulto en contra de Alejandro Torrico Gonzáles, el principal acusado de quitarle la vida a Nancy Villarroel, el 9 de julio de 2019. Hasta la fecha, los restos de la mujer no son hallados, pese a que han transcurrido ya cuatro años.

Incluso sin los restos mortales de Nancy, la Justicia falló a favor de su familia y marcó precedentes.

Aquí, un repaso por algunos de los crímenes que han dejado huella en el historial policial de nuestro país. En unos casos, los cadáveres siguen sin aparecer. En otros, los asesinos no han logrado su cometido y fueron descubiertos.

CONFESIÓN Y CASTIGO

Mariluz Márquez tenía 26 años cuando encontró el fin. Nacida en Tarija, la mujer fue asfixiada y enterrada en proximidades del río Bermejo, el 22 de septiembre de 2019. Pablo Burgos, su exnovio (34), fue el autor del feminicidio. Y mantuvo el silencio hasta el día de la fecha. Jamás quiso revelar el sitio exacto donde abandonó a su víctima. Sin embargo, confesiones que dio en algunas ocasiones en su círculo interno, cuando estaba bajo los efectos del alcohol, fueron útiles dentro de las averiguaciones. 

“El caso se ha llevado a cabo sin haber encontrado el cuerpo de la víctima. Las declaraciones han sido la base fundamental para la resolución, ya que él mismo, en varias oportunidades, habría confesado a su entorno familiar haber asesinado a su expareja. A nivel nacional ya hemos tenido casos así, que han llegado hasta el último recurso y se ratificó la sentencia. Eso marca un precedente judicial”, relató la fiscal departamental de Tarija, Sandra Gutiérrez, citada por el medio El País.

Este fallo judicial es muy importante en Tarija, considerando que ha sido el primero en ese departamento en que se castiga a un feminicida sin estar el cuerpo de la víctima presente. Es por ello que el sujeto ahora está recluido en el penal de Morros Blancos.

Inés, mamá de Mariluz, fue quien denunció, en 2019, la desaparición de la joven. No obstante, archivaron la causa. Un segundo expediente fue abierto en 2021. Y la confesión de Pablo, que se adjudicaba la muerte de su expareja en momentos de embriaguez, fue clave para que el caso haya sido reabierto. 

ENTERRADA EN SU CELDA

El reo Marco Ramírez acabó con la vida de su exesposa Kenia Hidalgo y trató de ocultar los restos adentro de su propia celda, en el recinto penitenciario de Palmasola, en Santa Cruz.

El privado de libertad cumplía una condena de 30 años por el feminicidio de su exnovia María del Carmen Paz, hecho que data de 2013. Y ya estando dentro de prisión, dobló la apuesta escabrosa.  Ultimó a su expareja Kenia y trató de disimular el hecho escondiéndola en el pabellón 23.

Se confabuló con otro recluso albañil para que este le ayudara a esconder el cuerpo y taparlo con concreto. De acuerdo con lo descrito por el abogado Félix Oros, el asesino le pagó 3.000 bolivianos a su par para que juntos guardaran el “secreto” atroz.

POLICÍA ASESINO

El policía Rubén Márquez Bautista, del Batallón de Seguridad Física, ultimó a Rigoberta Barrios, la mujer con la que mantenía una relación extramatrimonial. Quiso pulverizar toda evidencia del hecho en mayo de 2019, en Santa Cruz.

El uniformado se oponía a pagar pensiones alimenticias, pues la víctima había dado a luz a una niña que ya tenía 11 meses. Ante la insistencia de la fémina, el agente tomó la peor decisión. La mató y escondió dentro de un turril que se hallaba enterrado en una casa. Contó con Rubén Arubito, otro policía, para perpetrar el crimen. 

Pero su coartada se cayó. Quiso dirigir el foco de la investigación encima de la figura del exesposo de Rigoberta. Para ello, compró un chip de celular, lo registró a nombre del exmarido de la víctima y se autoenvió mensajes amenazantes para inculparlo. 

Después de un mes de búsqueda, la Policía halló a Rigoberta sin vida, en una escena lamentable.

SILENCIO Y MENTIRA

Julián intentó librarse del feminicidio de su concubina, asesinato que cometió en la época carnavalera de 2014, en Cochabamba. Dijo, en concordancia con Correo del Sur, que la mujer se había marchado con otro hombre. 

Cada vez que sus hijos le consultaban sobre el paradero de su mamá, la respuesta de Julián era la misma: que él se enfrascó en una riña con dos sujetos y que ella optó por fugarse con uno de ellos. 

Luego de un tiempo, el hombre, entre copas, reveló su autoría. Fue su propia hija quien sentó una denuncia en su contra. 

Tras su aprehensión, no tuvo otra opción que confesar el feminicidio. Contó que, al calor de una discusión, la agredió y ella cayó al suelo. Ya inerte, la trasladó a la zona de Canalpata, en Sacaba, donde la enterró. Fue él mismo quien guio a los efectivos del orden hasta la escena del crimen.  

RICHARD, “PURA MALDAD”

El caso de Richard Choque Flores es, probablemente, uno de los que mayor conmoción causó en los últimos años. Acabó con la vida de adolescentes, su propio primo y ocultó los cadáveres en el patio de una casa. 

Preso desde 2013 por la muerte de Blanca Rubí, consiguió medidas sustitutivas mediante la ayuda de un juez corrupto el 24 de diciembre de 2019. Ni bien salió, continuó con sus planes siniestros. Creó un perfil en Facebook con un nombre de mujer y tomó contacto con al menos 77 mujeres. A dos de ellas las conoció en persona y mató. Las enterró en la vivienda que habitada, en El Alto.