‘Hermanas satánicas’ y otros parricidios que dejaron huella
Abusos sexuales, herencias, violencia intrafamiliar e incluso fanatismos expresados en sectas. Muchos son los componentes que suelen estar presentes (combinados o no) en los asesinatos de hijos a padres que mayor conmoción han sembrado en los últimos tiempos en Latinoamérica.
El caso más reciente en Bolivia ha sido el que consternó a Santa Cruz el miércoles 6 de septiembre pasado. Mirtha R.R., de 56 años, fue brutalmente apuñalada y victimada por Alejandro G.R., su propio hijo ¿El desencadenante? La mujer no quiso darle efectivo. Pero el crimen no quedó ahí. El asesino dejó el cuerpo en el suelo, se fue, cerró la puerta con llave y citó a su cónyuge en un alojamiento para continuar con su macabro plan y acabar, también, con la vida de su pareja.
Por fortuna, el sujeto no consiguió matarla.
Pero la historia criminal latinoamericana guarda en sus archivos más sombríos historias tan oscuras como sorprendentes. Argentina es uno de los países que, por infortunio, acoge los casos más cruentos de parricidios.
Vale marcar un paréntesis y definir el concepto de parricidio. El Código Penal Boliviano, en su artículo 253, establece lo siguiente: “El que matare a su padre, madre, o a su abuelo u otro ascendiente en línea recta, sabiendo quién es, será sancionado con la pena de presidio de 30 años, sin derecho a indulto”.
Así las cosas, el territorio argentino recapitula las historias más brutales de parricidios. Sus registros han estado en constante actualización. México y Chile tampoco escapan a este tipo de crímenes. A continuación, un repaso por algunos de los hechos que más sonaron.
HERMANAS SATÁNICAS
El caso de las hermanas Silvina y Gabriela Vázquez, sucedido en Argentina, ha merecido, incluso, documentales y videos en Youtube. La conjunción de sangre, ritos diabólicos y locura que emana de dicho crimen ha sido objeto de estudio de expertos en criminalística y psiquiatría.
La sala de un departamento ensangrentado, un hombre desnudo tomándose de la baranda de la escalera mientras una de sus hijas lo apuñalaba y gritaba “el diablo está en papá” y un escenario totalmente a oscuras son los elementos que graficaron la trama demencial.
Todo se descubrió el 27 de marzo de 2000. Los policías de la comisaría 49 espiaron por la rendija de la vivienda del horror, situada en el barrio de Villa Urquiza, en plena capital de Buenos Aires. Los uniformados habían recibido una denuncia de los vecinos por ruidos molestos. No imaginaron que ese sería el inicio del terror.
En el departamento hallaron ya inerte el cadáver de Juan Carlos Vázquez (50 años). Su cuerpo tenía 150 puñaladas. Al lado se encontraban Silvina (21) y Gabriela (29), sus hijas, quienes tampoco llevaban ropa y se mostraban extasiadas.
En la escena del crimen había una Biblia, instrucciones de purificación espiritual, velas y sahumerios. Ambas terminaron, en medio de un rito satánico, con la vida de su propio papá.
Tal parece que el delirio místico ha envuelto a las jóvenes, puesto que, según el portal A24, una tía de ambas las influenciaba. Luego, fueron víctimas de esquizofrenia y psicosis.
Con el tiempo, alimentaron la idea de que un ente maligno convivía en la casa. Querían erradicarlo. De ahí que dieran paso a rituales, mismos que el padre aprobaba. Fue así que, en el día fatal, los tres aceptaron realizar la ceremonia y desvelarse rezando en la sala.
Medios de esa nación insertan también hechos incestuosos a la trama de locura que sucedió en el barrio de Villa Urquiza.
MATAR POR UN SEGURO
El doble parricidio del cineasta mexicano Juan Salvador León Serment (54) y de su esposa, la productora Adriana Rosique (55), ha sido planificado por el hijo de ambos, Benjamín Serment Rosique, quien finalmente fue condenado a 33 años de prisión en 2017.
El cineasta murió tras un brutal supuesto “asalto” el 27 de agosto de 2016. Iba junto a Benjamín y la novia de él, cuando, de pronto, fue atacado y recibió 46 puñaladas.
La esposa del cineasta pereció el 19 de septiembre del mismo año. El objetivo era reforzar la idea de un presunto suicidio (que no fue).
Benjamín, en complicidad con su novia, contrató a dos expolicías por 200 mil pesos mexicanos para que estos les arrebataran la vida a sus progenitores, puesto que quería cobrar sus seguros de vida. Durante dos meses, los novios planearon el macabro fin.
PACTO DE SILENCIO
Dos hermanos, un pacto de silencio, incesto y un odio visceral. Los consanguíneos Sergio (23) y Pablo (20) Schoklender acabaron con sus padres, Mauricio Schoklender y Cristina Silva Romano, durante la madrugada del 30 de mayo de 1981.
Los mataron sin piedad. Los golpearon con una barra de acero y luego los ahorcaron. Todo sucedió en el piso 4 de un departamento situado en Belgrano.
Antes del doble asesinato, el 15 de mayo, hubo tres hechos que abrieron el camino: un robo, un supuesto intento de homicidio y un incendio. Todos ellos, perpetrados por los hermanos. Tras esos sucesos, los hermanos asesinaron brutalmente a sus padres.
ACRIBILLADOS EN SU MANSIÓN
En Beverly Hills, Estados Unidos, el matrimonio del cubano José Menéndez y Kitty fue acribillado a tiros en su mansión. Sucedió el 20 de marzo de 1989. Los autores fueron sus hijos Erick y Lyle, quienes entonces tenían 18 y 21 años.
Erik, en una sesión con su psicólogo, terminó confesándole que él y su hermano acabaron con sus progenitores. Argumentaron, ya en el juicio, haber cometido el doble crimen puesto que se sentían víctimas de violencia física, sexual y psicológica. Para la Fiscalía, los criminales llevaron a cabo su plan por la herencia.