Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 17 de agosto de 2022
  • Actualizado 10:18

Emboscada, sicarios, 17 tiros y nexos con el ‘narco’: la trama detrás del triple asesinato

El delito de asesinato se sanciona con pena de presidio de 30 años, sin derecho a indulto, según el artículo 252 del Código Penal.

Velan los cuerpos de los policías acribillados en Santa Cruz.  APG
Velan los cuerpos de los policías acribillados en Santa Cruz. APG
Emboscada, sicarios, 17 tiros y nexos con el ‘narco’: la trama detrás del triple asesinato

Un triple asesinato a sangre fría enluta a Bolivia. Los cuerpos sin vida de los policías Eustaquio Olano y Alfonso Chávez Flores y del voluntario del Grupo de Apoyo Civil de la Policía Boliviana (GACIP) José David Candia Orozco fueron encontrados el martes 21 de junio en la tolva de la camioneta policial en la comunidad de Los Cuchis de Porongo, Santa Cruz. 

Las investigaciones dan cuenta de una emboscada donde habría participado Misael Nallar, yerno del capo del narco Jesús Einar Lima Lobo, y sus guardaespaldas, entre ellos colombianos, quienes realizaron al menos 17 tiros para acabar con la vida de los uniformados que llegaron al lugar por denuncia de vecinos que alertaron sobre la conducción peligrosa de teryx y cuadratracks.

Por el triple asesinato, Nallar, al igual que otros dos hombres, recibió la madrugada del sábado detención preventiva, por seis meses. Cumplirá esa medida en el penal de Chonchocoro de La Paz, mientras las otras dos personas, un boliviano y un colombiano, estarán recluidos en las cárceles de Palmasola de Santa Cruz y El Abra de Cochabamba.

¿QUÉ OCURRIÓ EN PORONGO?

Según el comandante general de la Policía, Jhonny Aguilera, los policías estaban patrullando la zona cuando se percataron que un grupo de personas conducía teryx y cuadratracks bajo efectos del alcohol por lo que se aproximaron para exigirles que dejen de realizar esas maniobras riesgosas, pero fueron apedreados y uno de ellos agredidos físicamente. De acuerdo con las huellas de los motorizados en el lugar, establecieron que los oficiales fueron emboscados y, esa situación, provocó que la camioneta policial quede atrapada en la arena. Para defenderse, los uniformados hicieron uso de gas pimienta. 

El grupo se alejó del lugar, mientras los policías, con dificultades para comunicarse por la cobertura telefónica, reportaban lo ocurrido y pedían auxilio mecánico. La ayuda llegó y sacaron el vehículo de la arena, pero cuando pretendían retornar a su unidad fueron interceptados por sus verdugos. Dos o tres hombres, con chalecos verdes y armados, descendieron de una movilidad. 

DE RODILLAS Y CON LAS MANOS EN EL SUELO

Los asesinos, entre ellos dos colombianos, obligaron a los policías y al voluntario del GACIP a bajar de la camioneta policial. Los obligaron a arrodillarse y a colocar sus manos en el suelo, mientras ellos se pusieron detrás y una “ráfaga de disparos”, con armas largas calibre 7.62 y 5.56, acabaron con sus vidas.

12 de los 17 disparos segaron la vida de los uniformados; cuatro impactos mataron a Olano, dos a Chávez y seis a Candia. “Se sitúa a los asesinos por detrás (de los policías) efectuando disparos en la cabeza. De arriba hacia abajo”, dijo Aguilera. 

Los autores dispararon antes a la patrulla policial. Los impactos de bala llegaron a la puerta lateral derecha y a la llanta delantera. Nallar, junto a otros dos detenidos, dio positivo a la prueba de guantelete, es decir, tenía restos de nitrato y nitritos que demuestra que hizo uso de un arma de fuego.

Según una publicación de la Red Gigavisión, los policías habrían enmanillado a Nallar porque estaba consumiendo alcohol, mientras realizaba maniobras con un teryx, al igual que sus amigos. Esa situación habría provocado la ira del grupo que rescató al “jefe”. Dejaron las cuadratracks en un taller, sacaron sus armas y retornaron en un auto al lugar para acabar con la vida de los efectivos. 

El testimonio de un testigo, recogido por Gigavisión, refiere que Nallar le ordenó a su gente que se comunique con un oficial de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCN) para “arreglar” todo lo ocurrido. El jefe de esa unidad, Gregorio Illanes, pidió informes a dos oficiales antinarcóticos para esclarecer la denuncia de presuntos vínculos con Nallar. La Policía promete que no habrá impunidad y prevén dar con todos los implicados en el triple asesinato. En tanto, las familias de las víctimas lloran la partida de sus seres queridos. Todos padres de familia. Olano deja huérfanos a dos hijos (de 15 y 21 años), Chávez a cuatro (de 11, 10, 5 y 3 años) y Candia a una niña (de un año y siete meses).