VIOLENCIA Y JUSTICIA EN SANTA CRUZ
Dos condenas, un asesinado, una sobreviviente y un pozo séptico: el oscuro crimen en La Guardia
Luis Adrián Pérez Carrillo se convirtió en uno de los criminales más despiadados al asesinar a su amigo y violar a una niña que lo descubrió cuando intentaba deshacerse del cuerpo; ambos fueron arrojados a un pozo séptico, pero la niña sobrevivió. Con 18 años, recibió dos condenas máximas —no acumulables según la ley boliviana— y pasará los próximos 30 años en Palmasola, Santa Cruz.
El autor quiso borrar toda evidencia, deshacerse de los cuerpos y escapar de la justicia. Pero una de sus víctimas, la niña, sobrevivió. Su plan se desmoronó. Hoy, tras las rejas, paga por los delitos de asesinato y de violación a infante, niña, niño o adolescente con agravante.
Luis Adrián vivía en la comunidad de Pedro Lorenzo, en el municipio de La Guardia, Santa Cruz. Vivía en la casa de su padre, quien aseguró no haber escuchado ni percibido nada mientras dormía, ignorante de los crímenes cometidos por su hijo.
El encuentro ocurrió el 21 de junio, cuando Luis Adrián y su amigo compartieron bebidas en una tienda y luego continuaron la noche en la vivienda del primero. Ya en la madrugada del domingo 22, tras una discusión, Luis Adrián atacó con un hacha a su amigo mientras dormía, causándole la muerte. Declaró que lo mató porque, en medio del conflicto, su amigo lo hizo sentir “inferior”, en un intento por justificar su crimen.
Con el cuerpo envuelto en una carpa azul, caminó hasta el pozo séptico y lo dejó caer. Pero no estaba solo. Su prima, una niña de nueve años, lo había visto. La golpeó hasta dejarla inconsciente, la violó, y creyéndola muerta, la echó también al pozo.
Horas más tarde, contra todo pronóstico, la niña fue rescatada con vida del pozo. Su pequeño cuerpo maltrecho hablaba por sí solo. La trasladaron de urgencia a un centro de salud, donde recibió atención médica y una incapacidad legal de 15 días. Ya a salvo logró señalar a su agresor y relatar el horror que había vivido. Su testimonio guió a los investigadores de regreso al lugar. Allí, dentro del pozo séptico, hallaron el cuerpo sin vida de un hombre: la primera víctima.
El lunes 23 de junio, Luis Adrián enfrentó a la justicia. Fue presentado ante un juez cautelar acusado de violación agravada contra su prima, una niña de apenas nueve años. En la audiencia, aceptó los cargos y se sometió a un juicio abreviado, por lo que recibió una condena de 30 años de prisión. Apenas un día después, el martes 24, volvió a ser llevado ante un juzgado, esta vez por el asesinato de su amigo, delito por el que también recibió la pena máxima. En Bolivia, aunque las condenas no se acumulan, estas dos sentencias marcan un futuro oscuro para el joven, que ahora deberá cumplir 30 años tras las rejas en la cárcel de Palmasola.
La fiscal a cargo del caso, Fabiola Paco, informó que el hecho fue reportado en una comunidad del municipio de La Guardia el domingo 22 de junio. Durante las investigaciones policiales por un delito de violación agravada contra una niña, la menor de edad fue hallada dentro de un pozo séptico. Asimismo, se encontró el cuerpo sin vida de un hombre envuelto en una carpa azul, con heridas en la cabeza producidas por un hacha.
Aunque Luis Adrián admitió su culpabilidad, fueron los investigadores quienes, con contundencia, lograron demostrar su responsabilidad durante la audiencia. Presentaron pruebas irrefutables: informes forenses de la autopsia, el acta de la escena del crimen, el secuestro del hacha utilizada como arma, y el registro del lugar donde hallaron a la niña y el cuerpo sin vida del hombre, entre otras evidencias que no dejaron lugar a dudas.
En su última audiencia, Luis Adrián tomó la palabra. Pidió disculpas a las familias afectadas, asegurando que no estaba consciente al momento de los hechos y tratando de justificar su accionar con diferentes circunstancias. Sin embargo, sus palabras no convencieron.
Por su parte, la madre del amigo asesinado exigió justicia. Pidió que Luis Adrián sea trasladado a la cárcel de máxima seguridad de Chonchocoro, en La Paz, un reclamo que refleja la profunda indignación y dolor que esta tragedia dejó en la comunidad.