Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 19 de junio de 2024
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ZONAS RURALES CON POCA PRESENCIA POLICIAL Y UN PACTO DE SILENCIO

Cochabamba bajo la sombra siniestra de los linchamientos

En 109 días se reportaron cinco muertes en el departamento, cuatro de ellas en el Trópico y una en el Valle Alto. Además, se registraron tres fallecidos en otras ciudades, una en Oruro y otra en La Paz.
Imagen creada con IA para ilustrar un caso de linchamiento.  / CREART
Imagen creada con IA para ilustrar un caso de linchamiento. / CREART
Cochabamba bajo la sombra siniestra de los linchamientos

Tenía 33 años y murió de forma violenta luego de ser atacado por un grupo de vecinos que le propinaron golpes severos en la cabeza y en otras partes del cuerpo. La turba lo consideró culpable de robar en un inmueble del municipio de Tolata, en el Valle Alto de Cochabamba, sin pasar por un juicio ordinario. En el hecho, otros tres hombres participaron, de los cuales dos lograron escapar, mientras que uno sobrevivió a las lesiones y permanece bajo observación médica. El caso movilizó a la Policía el lunes 13 de mayo. 

En lo que va de este año, en Cochabamba se han registrado tres linchamientos con cinco fallecidos, todos hombres acusados de robo. Dos de los casos ocurrieron en Puerto Villarroel y uno en Tolata, en el Trópico y en el Valle Alto, respectivamente. Además, uno de los hechos fue un triple linchamiento.

En la primera semana de enero, los habitantes de Challapata, en Oruro, acabaron con la vida de Álvaro C.P., de 36 años, tras golpearlo hasta la muerte y acusarlo de robo de autopartes.

A mediados de febrero, la Policía encontró dos cuerpos con signos de violencia, incluidas quemaduras, a orillas de un río en Caranavi, La Paz, en días distintos. Las víctimas eran hermanos y, según investigaciones policiales, habrían sido acusados de robar un vehículo, lo que desató la furia en la comunidad y llevó al linchamiento de los sospechosos. Estos son tan solo ejemplos de casos que han salido a la luz a través de los medios de comunicación, señalando a Cochabamba como el departamento con más casos de muertes por linchamiento.

No existen estudios que sistematicen estos casos en Bolivia. Se estima que alrededor de una decena de personas son víctimas de linchamientos cada año. Los presuntos delincuentes son atacados por multitudes enfurecidas, que los golpean, queman, cuelgan o incluso los ahogan, especialmente en áreas rurales con escasa presencia policial. En estas zonas, los pobladores optan por guardar silencio, lo que lleva a la impunidad de los agresores gracias a un “pacto de silencio”. Estos actos suelen ser clasificados como asesinatos u homicidios.

En un lapso de cinco años, entre 2014 y 2018, se reportaron al menos 22 casos de linchamiento en Bolivia, según informes de medios de comunicación.

Un mensaje en una pasarela advierte a los delincuentes que pueden ser linchados. / ARCHIVO
Un mensaje en una pasarela advierte a los delincuentes que pueden ser linchados. / ARCHIVO

COCHABAMBA: CINCO CRÍMENES EN 109 DÍAS  Entre el 25 de enero y el 13 de mayo de este año, en Cochabamba se han reportado tres casos de linchamiento que resultaron en un total de cinco muertes. El primer caso tuvo lugar el 25 de enero, cuando Danilo A.R., un joven de 22 años, fue víctima de golpes y quemaduras por parte de una turba que lo acusaba de robo de motocicletas en Puerto Villarroel. El cuerpo de Danilo fue hallado atado con cables en una cancha deportiva, mientras que los perpetradores se mantuvieron en silencio. A pesar de esto, los familiares de la víctima han pedido justicia y han reiterado inocencia.

El segundo caso tuvo lugar el 8 de mayo, cuando tres hombres fueron golpeados y quemados en la plaza principal de Ivirgarzama, municipio de Puerto Villarroel. Julio César de 34 años, Cristian de 25 años y un adolescente de 17 años vivieron horas de tortura. Había una cuarta persona con ellos, pero logró escapar. La pesadilla comenzó en la madrugada después de que la gente fuera alertada sobre un presunto intento de robo y secuestro, lo que llevó a los pobladores a utilizar sus grupos de WhatsApp para comunicar y avisar a los demás. 

10 días antes del terrible hecho, los presuntos delincuentes contactaron a la pareja a través de redes sociales con la excusa de querer comprarles un auto indocumentado. El día del encuentro, los presuntos ladrones intimidaron a las víctimas con un arma de fuego y les obligaron a subir a un vehículo rojo. Durante el trayecto, el auto se quedó sin gasolina y una de las víctimas logró liberarse y pedir ayuda, alertando a los pobladores de que estaban siendo secuestrados.

El caso enfureció a la población, debido a los secuestros y robos registrados en el municipio y en toda la región del Trópico. La gente estaba reuniéndose cuando la Policía de Ivirgarzama llegó al sitio donde estaban los denunciados. Un oficial revisó detenidamente el vehículo de los acusados y encontró prendas de la Dirección de Prevención de Robo de Vehículos (Diprove), así como una mochila con cuadernos, certificado de notas y un mandil blanco, lo que llevó a creer a la comunidad que también robaron o secuestraron a un estudiante. Sin embargo, más tarde se confirmó que estas pertenecían a Cristian, quien era estudiante de Medicina en una Universidad de Cochabamba.

Ante los testimonios de la pareja afectada y la evidencia encontrada, la Policía aprehendió a tres de los cuatro acusados. Los detenidos fueron llevados a celdas policiales, pero una turba enardecida irrumpió en la instalación policial, causando destrozos y superando a los pocos oficiales presentes. A pesar de los intentos de la Policía de garantizar un proceso judicial, la gente estaba decidida a impartir su propia “justicia”.

Los policías de la oficina estiman que más de 400 personas ingresaron al lugar, forzando los candados de las celdas y sacando a golpes a los tres detenidos. La comisaría de Ivirgarzama se encuentra en una zona muy transitada, con comercios, paradas de mototaxis e incluso cerca de la Fiscalía.

La violencia fue registrada por los propios habitantes, que filmaron los hechos con sus celulares y compartieron el material en grupos de WhatsApp y Facebook. Julio César, Cristian y el adolescente solo podían emitir quejidos y gritos mientras eran golpeados y despojados de sus ropas, quedando solo en bóxer. Fueron sacados de la comisaría por la fuerza, sin que los agentes pudieran detenerlos, y en un video se ve a uno de ellos resignado siguiendo a la multitud.

Las imágenes son extremadamente violentas. Los tres hombres fueron exhibidos por las calles del municipio semidesnudos, con personas insultándolos y gritándoles que “no merecen vivir”. Primero caminaban y luego fueron obligados a avanzar de rodillas.

La turba condujo a los tres hombres hasta la plaza principal, donde los ataron a una palmera. Sus cuerpos presentaban marcas y heridas sangrantes. La gente los rodeaba, creando una situación cada vez más caótica a medida que la multitud enfurecida decidió rociarlos con gasolina y prenderles fuego. En las grabaciones se puede ver a uno de los fallecidos cubierto con una bolsa de polipropileno, mientras los otros dos lo observan de pie. Más tarde, se confirmaron dos muertes más. Según los exámenes forenses, las tres víctimas sufrieron múltiples contusiones, así como quemaduras que abarcaban entre el 60% y el 80% de sus cuerpos.

Una vez que todo terminó, la multitud se dispersó y reanudó sus actividades diarias como si nada hubiera ocurrido, habiendo desahogado su ira por los eventos delictivos ocurridos en la zona. Escogieron guardar silencio para evitar que los instigadores o responsables del triple asesinato fueran llevados ante la justicia. No obstante, los investigadores están analizando las grabaciones virales y otros indicios para identificar a los participantes en el suceso y determinar sus responsabilidades y las sanciones correspondientes.

El tercero se registró el 13 de mayo en Tolata, en el Valle Alto. Ese día, según el reporte policial, cuatro hombres entraron a robar de manera violenta en una casa ubicada en la OTB Carcaje de Villa Copacabana, pero no se percataron que la mujer, empleada doméstica a la que redujeron, llevaba audífonos inalámbricos y estaba conversando con alguien al momento del hecho, por lo que el robo fue alertado de manera pronta llevando a los vecinos a organizarse. Dos de los cuatro presuntos delincuentes fueron capturados y golpeados; uno de ellos perdió la vida por traumatismo cráneo severo. 

Diego C.G., de 33 años, y Alexander Z.S., de 41 años, son los hombres que fueron brutalmente golpeados acusados de robar en un domicilio. El primero perdió la vida. Según la Policía, ambas personas tenían antecedentes por robo. Los otros dos hombres, quienes escaparon en un auto blanco, están siendo buscados. 

La Policía se comprometió a investigar todos los casos y encontrar a los responsables de las muertes.

En la mayoría de los crímenes, las víctimas son hombres, pero hace unos meses se ha identificado a una mujer entre ellos. Se trata de Lilian Karina F.F., una joven de 18 años que fue acusada de robar cerveza y dinero en una tienda de Tiquipaya el 14 de octubre de 2023. La familia dueña del negocio la roció con alcohol y le prendió fuego, dejándola gravemente herida. Tras tres meses de lucha, Lilian falleció a finales de enero de este año a causa de una falla multiorgánica. La familia de la joven asegura que ella no participó en el delito y exige justicia, habiendo algunos implicados en detención preventiva.

La Constitución Política del Estado (CPE) de Bolivia no permite la pena de muerte y reconoce la presunción de inocencia hasta que se pruebe la culpabilidad del acusado en un tribunal de justicia. La máxima condena en el país es la privación de libertad por 30 años, sin posibilidad de indulto, aplicándose en casos graves como asesinato y feminicidio luego de un juicio.